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¿Por qué los trabajadores dicen adiós a su empresa?

Sep 9, 2022 | Gerencia, Noticias de Hoy

Revista SUMMA
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Tiempo de lectura: 2 Minutos

La gestión emocional es importantísima para evitar riesgos y aprender valiosas lecciones.

Por Estrella Flores Carretero

En situaciones de altas tasas de paro es posible retener más fácilmente a los trabajadores, incluso a aquellos que están descontentos. Pero ningún buen líder querrá tener en sus filas a alguien que, si pudiera, se marcharía de la empresa. Lo deseable es que los empleados no quieran renunciar a los beneficios que les proporciona su puesto de trabajo, que valoren las políticas de bienestar, que experimenten orgullo de pertenencia y que se sientan motivados para cumplir objetivos y ser más productivos.

Sin embargo, en ocasiones, una persona valiosa decide abandonar la empresa. En ese caso, la gestión emocional es importantísima para evitar riesgos y aprender valiosas lecciones.

Preguntar las razones. Una encuesta del Pew Research Center, una entidad estadounidense sin ánimo de lucro y apolítica, reveló que los trabajadores que dicen adiós a su empresa lo hacen por dos razones principales: porque consideran que su salario es insuficiente y porque no se les ofrecen posibilidades de progresar profesionalmente. El 63 % de los encuestados argumentaban estos dos motivos en primer lugar. Seguían otras causas, como la falta de respeto, los problemas personales para atender a los hijos, la rigidez horaria, la distancia desde sus hogares hasta la sede corporativa o las jornadas demasiado largas, por este orden. Sea por motivos personales o profesionales, hay que preguntar las razones del adiós y estar dispuestos a escuchar incluso lo que no quisiéramos oír.

No tomarlo como algo personal (aunque lo sea). Una conversación inteligente no puede incluir reproches del tipo cómo nos haces esto, con lo que hemos invertido en ti… Escuchar puede ayudarnos mucho en el futuro. La pregunta correcta es «¿qué podíamos haber hecho para que hubieras seguido con nosotros?». Tenemos que aceptar la respuesta como una crítica constructiva, asumir nuestros errores, si los hay, y pedir disculpas.

Desear sinceramente lo mejor. Felicitar a la persona que se va de la empresa o que busca trasladarse de departamento no puede ser un mero formalismo, sino un deseo sincero. Debemos alegrarnos de corazón de que quien toma una decisión arriesgada en su vida encuentre un mejor sitio. Todos tenemos el debemos buscar lo que nos haga más felices. 

Proteger la reputación de la empresa. No se trata de temer las redes sociales como LinkedIn o Glassdoor, pero sí conviene tener siempre presente que debemos actuar con ética en todo momento, en la gestión de cada día. Hay que respetar a quienes trabajan para nosotros y a quienes deciden dejar de hacerlo.

Preparar la transición. Tras la conversación, se inicia un proceso delicado que puede generar tensión en quien se va y en quienes se quedan. Conviene pactar cómo agilizar los tiempos, sobre todo si la persona que dice adiós se pasa a la competencia. Se trata de colaborar para implementar el traspaso, la delegación de tareas, el cierre de proyectos, los procedimientos informáticos… También podemos ofrecer una fiesta de despedida, una reunión con los compañeros, un regalo, etc., y también, por qué no, dejar claro que el adiós puede convertirse en un hasta luego.

La vida sigue… al día siguiente. Estas cosas pasan, no pueden suponer una tragedia ni un parón en la producción empresarial. Toca seguir adelante sin perder ni un día, apoyando al resto de los trabajadores, sabiendo que las tallas únicas no valen para todo el mundo y que hay que estar cerca de las personas, de cada persona, para conocer sus motivaciones individuales. 

Y, sobre todo, es el momento de extraer lecciones: «Si no quieres repetir el pasado, estúdialo», escribió el filósofo Spinoza. Hay que aprovechar la oportunidad que se nos brinda para aprender a gestionar mejor.  

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