Los países en la región deben echar mano de la riqueza que ya tienen y de las oportunidades de negocio que generó el covid-19.

POR Carolina Barrantes, Alejandra Soto, Jenny Lozano y Ana Elsy Mendoza

La tecnología, los nuevos negocios, el agro y la atracción de Inversión Extranjera Directa (IED) son los pilares a los que deben apostar los países del Istmo, si quieren detener la caída de sus economías y empezar a ver reflejadas en ellas una mejora paulatina.

Especialistas consultados por Revista Summa consideran que la actual crisis que viven las naciones producto de la pandemia por el COVID-19 está forzando la transformación de la producción y con ello la búsqueda de nuevas oportunidades para generar empleo y recursos.

Guatemala proyecta echar mano de la tecnología y revelarle al fin al mundo el talento que hay en el país en cuanto a desarrollo de software, aplicaciones, gaming y audiovisuales, por mencionar algunos sectores, según Paola Álvarez, gerente de promoción comercial y desarrollo de mercados de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (AGEXPORT).

De hecho, los negocios relacionados con tecnología han manifestado una mayor demanda y encabezan los pronósticos de más rápido crecimiento. “Son empresas que sí van a crecer a pesar de la contracción económica”, señala Fernando Calvillo, director de la Cámara de Comercio de Guatemala.

Por su parte, el sector industrial apuesta a las empresas de alimentos y telecomunicaciones para lograr una recuperación económica rápida y sin complicaciones, ya que son sectores que han tenido un impacto bajo durante la crisis, destaca Javier Zepeda, director ejecutivo de la Cámara de Industria de Guatemala (CIG).

A largo plazo, los proyectos de alianzas público privadas son vistos también como mecanismos de gran importancia para atraer desarrollo e inversión. La decisión de empresas estadounidenses de retirar fábricas de China por las diferencias comerciales de su gobierno con dicha nación también abre oportunidades porque se están fijando en Guatemala y en el resto de la región para el traslado de sus negocios.

El Salvador apunta a un sector más tradicional: la agricultura. Invertirá US$500 millones en ella para generar empleos y lograr ser autosostenible o disminuir su alta dependencia a la importación de alimentos como frutas, verduras y lácteos. “Indudablemente, es correcto apostarle a la actividad agrícola, especialmente a la alimentación, porque una buena par- te de los granos básicos se van a perder por los efectos de las lluvias. Debemos invertir en el campo, pero tomando en cuenta la agricultura 4.0, usando la tecnología para producir más en un menor espacio de terreno”, afirma Claudio de Rosa, analista económico.

Diego Recalde, representante de FAO en El Salvador, respalda la acción, ya que las exportaciones salvadoreñas son pequeñas en comparación con sus importaciones y el gran déficit comercial de cada año se solventa con las remesas, que son casi US$6.000 millones, prácticamente el mismo monto del déficit comercial. El mar representa otro punto positivo para recuperar la economía nacional. El consumo de pescados y mariscos es bajísimo (6 kilos/persona al año, cuando el promedio regional debería ser 12). El país podría cosechar peces, ostras, ostiones y generar muchos empleos a través de la producción pesquera, de acuerdo con el experto de la FAO.

En el caso de Costa Rica, la prioridad debe ser apuntar por atraer más IED, seguida de incentivar la especialización de sus profesionales y mejorar su infraestructura. Ese es el criterio que comparten Pilar Madrigal, directora de Asesoría de Inversión de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (CINDE), Christian Sánchez, director ejecutivo de la Cámara Costarricense de Tecnologías de Información y Comunicación (Camtic), Arianna Tristán, directora de Innovación e Internacionalización de la Cámara de Industrias de Costa Rica, Laura Bonilla y Esteban Acón, titulares de la Cámara de Exportadores de Costa Rica (Cadexco) y la Cámara Costarricense de la Construcción, respectivamente.

¿Por qué? La actual crisis incentivó el desarrollo de nuevos negocios, como la fabricación en tiempo récord de productos de limpieza, mascarillas y otros dispositivos de uso médico; incluso dio pie al inicio de proyectos más especializados en el área científica-tecnológica, como la fabricación de respira- dores artificiales, la creación de plasma y una terapia para combatir el COVID-19, asumidos por las universidades estatales, el Instituto Clodomiro Picado y la compañía privada Speratum, en ese orden.

Esto fue posible gracias a que ya cuenta con una amplia base de profesionales especializados en ciencias de la vida y tecnologías de la información, al tiempo que dispone de la tecnología y el ambiente de negocio adecuados. Sin embargo, urge mantener esa ventaja si se quiere llamar la atención de empresas extranjeras que andan buscando localidades idóneas para colocar sus negocios.

“La guerra en ese sentido es compleja. La cantidad de proyectos activos en el mundo que están analizando lugares para poner operaciones cayó un 55% en abril de este año, en comparación al mismo periodo de 2019. A pesar de ese escenario, el país mantiene grandes oportunidades para seguir siendo imán de IED”, señala la especialista de CINDE.

La tarea incluye incentivar las destrezas técnicas, las habilidades blandas del talento y el manejo de idiomas, así como mejorar aún más el clima de confianza para invertir, impulsar el empleo y apostar con mayor fuerza, estrategia y creatividad al comercio electrónico para la exportación de bienes.

La posición geográfica privilegiada que tiene en la región, su Canal y la gran estructura logística que ha logrado cimentar durante años, junto con una buena imagen internacional que le permite atraer IED, serán los pilares para el levantamiento económico de Panamá.

“Nuestra posición geográfica, nos permite brindar las condiciones para la creación de un hub alimenticio, que toma gran relevancia en este momento por la afectación que han tenido las cadenas de suministro a nivel mundial. Funcionaría tanto para que empresas locales puedan exportar sus productos agrícolas y agroindustriales como para países que quieran tener entra- da a otros mercados utilizando nuestra red de tratados de libre comercio y a Panamá como una plataforma de reexportación. Así impulsaríamos una recuperación con una perspectiva regional e incluso global”, explica Ramón Martínez, ministro de Comercio e Industrias de Panamá.

Jean-Pierre Leignadier, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (CCIAP), hace énfasis en que la nación también tiene ventajas competitivas para jugar un rol más activo en la cadena de suministro y manufactura liviana. Considera imperativo que mientras tecnifica para asegurar la autosuficiencia en rubros esenciales del agro, logre elevar su competitividad en rubros no tradicionales para impulsar exportaciones a partir de la conectividad.

“Debemos extender la plataforma de servicios más allá de nuestras fronteras, a través de la tecnología, y potenciar más la legislación para sedes regionales de empresas multinacionales, además de extender nuestra capacidad de servir como centro de acopio regional y reducir riesgos en las cadenas de suministro muy dependientes en una fuente”, menciona el líder empresarial.

Escenario complejo, pero con esperanza

En cuanto a Honduras y Nicaragua, los pequeños y medianos empresarios son la fuente de esperanza.

El empresario Luis Larach, expresidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, afirma que la reactivación de la economía depende también de flexibilizar más las regulaciones que impiden que el sistema financiero facilite préstamos a los sectores productivo, con tasas de interés más bajas. Sugiere que las mipymes, que generan más del 70% de los empleos en Honduras, sean financiadas con US$1.206 millones, a una tasa del 5% (el costo operativo que tiene un banco) y que la Comisión Nacional de Banca y Seguro reglamente habilitar el crédito a quienes están en la central de riegos.

En suelo nicaragüense, las pymes están apostando fuertemente por el e-commerce y las alianzas entre ellos, con el fin de mantener sus negocios a flote y aprovechar los recursos del país que ya están siendo explotados. No van a esperar a que el gobierno central aplique medidas de reactivación concretas.

Mario Arana, gerente general de la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (APEN), confirma que los negocios se están reinventando y que desde antes de la pandemia le vienen apostando a plataformas digitales, cambio ahora potenciado por la crisis del COVID-19. Entretanto, Ximena González Oliú, presidenta del Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE), respalda que las mipymes están migrando sus negocios al entorno digital, con el fin de reducir costos y mantener sus oportunidades. Como muestra, a la fecha, más de 1.270 empresarios ligados a la INDE han recibido webinars gratuitos y asesorías empresariales para potencializar sus capacidades empresariales en tiempos de crisis y ver oportunidades de negocio.

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