Nos conducimos por una pista de alta velocidad en la que el efectivo cedió paso a las criptomonedas, los pagos sin contacto, las billeteras electrónicas y muchos otros métodos innovadores para la transacción de bienes y servicios.

POR Hernando Segura, especialista en nuevas tecnologías y CEO de Atticyber

Desde hace miles de años la humanidad hace intercambios comerciales, pero la formalidad en ellos empieza y se fortalece con la aparición del dinero que, como sus equivalentes históricos (metales y piedras preciosas), cumple con requisitos básicos para ser considerado como moneda: debe ser escaso, eficaz para almacenar valor, difícil de falsificar, fácil de transportar y ampliamente aceptado.

Fue en Europa cuando por primera vez algo que no tenía gran valor intrínseco sirvió para respaldar un intercambio de bienes: pequeñas piezas de bronce. Se les ocurrió colocarle algunas letras y figuras y, de repente, una aleación que no servía para hacer armas ni construcciones, por su menor resistencia, fue útil para comprar, por ejemplo, una vaca. Después de mucho tiempo, algunas monedas (y posterior- mente los billetes) dejaron de ser un elemento para comerciar solo en la región en que se vive y llegaron a ser reconocidas internacionalmente. Por ejemplo, se puede comprar un sombrero en Irán usando dólares de Estados Unidos, pero en ningún otro lugar es posible adquirir ni siquiera una bolsita de maní usando un rial, la de menor valor en el mundo.

Sin embargo, las monedas de los países son imperfectas para hacer pagos internacionales, que requieren de intermediarios (casi siempre entidades bancarias) que extraen un porcentaje de esas transferencias. Para facilitar esas operaciones es que nacen las criptomonedas que, basadas en la novedosa tecnología de blockchain, permiten transferir dinero a personas en cualquier parte del mundo, sin intermediación de las entidades bancarias, con costos inferiores y en tiempo real.

¿Es útil el bitcoin para hacer compras cotidianas?
Hasta hace muy poco, los salarios se pagaban en efectivo, así como las cuotas de los préstamos, las compras en tiendas y supermercados y lo que consumíamos en un restaurante u otros comercios. Hoy, los nuevos mecanismos de pago compiten contra el efectivo, ofreciendo como ventajas mayor seguridad, agilidad y conveniencia. Son un efecto de la llamada Transformación Digital, en la cual se reconstruyen los eslabones de la cadena de valor de las empresas, organizaciones, gobiernos e individuos.

Los modelos de negocio estáticos, integrados verticalmente y con proveedores y recursos monolíti- cos cedieron ante la aparición de múltiples alternativas para solucionar requerimientos específicos de negocios o de las personas y poder transferir valor a los acreedores. Sin embargo, querer asignar a las criptomonedas funcionalidades más allá de para las que fueron diseñadas puede ser señal de desconocimiento. Cada transacción que se hace en bitcoin (la más importante), ethereum o cualquier otra, sin importar su magnitud, es replicada en miles de servidores (o nodos) a nivel mundial, en un modelo descentralizado. Este mismo hecho muestra que es una tecnología no diseñada para operaciones de menudeo, como comprar un refresco, un tiquete de bus, verduras en el mercado o pagar salarios. Además, las implicaciones en el consumo energético serían económicamente un contrasentido ya que la red de bitcoins gasta más energía que el consumo total de Argentina, por ejemplo.

Por otra parte, la tecnología emer- gente ofrece métodos digitales con mejores capacidades para los usos cotidianos, como Sinpe Móvil, en Costa Rica, que para efectos prácticos es una moneda digital de amplia aceptación que llena el espacio en la cadena de valor relaciona- do con los micro pagos. En China, destaca la aplicación WeChat, usada ampliamente para pagar casi cualquier cosa, que ya tiene más de 1.000 millones de usuarios e incluso está desarrollando mecanismos poderosos de reconocimiento facial para mitigar el fraude. En India, Walmart desarrolló PhonePe, herramienta ideada para las transacciones familiares, como pago de servicios, compras de supermercado y otras. A nivel global, ha cobrado auge Apple Pay, un servicio de pago móvil creado por Apple que sirve para adquirir lo que se quiera en internet y apps, así como en tiendas físicas, restaurantes y comercios de distintos países.

En el panorama se divisan otros desarrollos interesantes que vendrán, de manera muy acelerada, en los próximos años. Sin duda, cada necesidad tendrá su contraparte en soluciones que sumen tecnología con funcionalidades. La labor del transformador digital será definir primero cuál problema quiere resolver y solo después echar mano de las alternativas tecnológicas. Hacerlo a la inversa podría llevar al fracaso.

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