A pocos meses de cumplir dos años de estar inmersos en una pandemia que obligó al cierre de las instituciones educativas en el mundo, el impacto en la educación es cada vez más evidente y los desafíos aumentan. la crisis también ha puesto sobre la mesa la demanda de nuevas habilidades en el mercado laboral, lo que obliga a las universidades a replantear sus programas de estudio y someterse a una transformación.

POR Jenny Lozano y Alejandra Soto

Con la irrupción del COVID-19 en el mundo, los sistemas de educación superior en la región corren el riesgo de retroceder en los avances de acceso alcanzados en las últimas dos décadas, destaca un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

A medida que las vacunas vayan generalizándose, las aulas de los centros educativos reabrirán. No obstante, por el momento los análisis coinciden en lo difícil que resulta establecer una fecha de retorno para todas las instituciones educativas de la región.

En un estudio de 2020, el Banco Mundial estimaba que unos 27 millones de alumnos en educación terciaria en América Latina y el Caribe han estado fuera de las clases durante la pandemia. Además, advierte el riesgo de que muchos alumnos no regresen cuando las instituciones reabran, forzados a entrar en el mercado laboral, y como consecuencia disminuyan las tasas de matrícula.

“La crisis está teniendo implicaciones de corto y mediano plazo en dimensiones críticas en el sistema de educación superior en toda la región. Estas implicaciones son resultado de una combinación de retos preexistentes, la preparación para impartir educación a distancia y la intensidad de la crisis sanitaria y económica. Los intentos por continuar con la educación mediante TIC podrían exacerbar las desigualdades existentes, dadas las amplias brechas digitales”, menciona.

Regreso paulatino

Para los especialistas, pese a que la incertidumbre todavía planea sobre el horizonte, parece claro que la reaper- tura no significará la vuelta a la normalidad docente e investigadora tal y como se le conocía. Además, algunas escuelas e instituciones de educación superior de dife- rentes países en Asia y Euro- pa han experimentado una reapertura con estrictas me- didas sanitarias.

Según la UNESCO, en algunos países existen instituciones educativas que ya permiten la vuelta de pequeños grupos de estudiantes para minimizar el impacto de la falta de clases prácticas en laboratorios, trabajos en taller y, sobre todo, en prácticas clínicas. Pero, en gran parte de los casos, la docencia ha necesitado utilizar las capacidades disponibles para garantizar la continuidad pedagógica usando fórmulas muy variables de comunicación y de transmisión de contenidos a distancia.

“Salvo en aquellos países e instituciones que contaban ya con tradición en materia de educación superior a distancia, en muchos casos no hubo otra solución que improvisar”, indica el informe “¿Cerrar ahora para reabrir mejor mañana? La continuidad pedagógica en las universidades de América Latina durante la pandemia”, elaborado por el Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe. En dicha investigación se realizó una encuesta a 100 universidades públicas y privadas de Latinoamérica en abril y junio de 2021. La mayoría de ellas ya con- taba con más de una plataforma apta para la enseñanza virtual desde antes de la pandemia.

“Las universidades están intentando garantizar la continuidad pedagógica adoptando soluciones que faciliten una enseñanza remota de emergencia y, progresivamente, a medida que la duración de la crisis se alarga, hacerlas evolucionar hacia una enseñanza virtual más cualificada, estabilizando las herramientas y mejorando las capacidades de los docentes. En el caso de la educación superior estas soluciones se han fundamentado, en primer lugar, en algún tipo de plataforma tecnológica en la que se pueden ofrecer clases virtuales, se publican materiales didácticos y se garantiza la comunicación pedagógica, tanto con el respectivo docente como con el resto de los estudiantes”, arroja la encuesta.

En la región, la gran mayoría de las universidades (80%) contaba ya con una plataforma tecnológica apta para la educación a distancia desde antes de la pandemia y un 8% adicional la creó o puso en funcionamiento como respuesta inmediata a la crisis.

“En definitiva, lo más probable es que las formas de enseñanza y aprendizaje que han empezado como fórmulas de emergencia para garantizar la continuidad pedagógica evolucionen y se consoliden desde la reapertura, como parte del modelo híbrido con el que habrá que convivir de momento, y que tal vez se convierta en la nueva normalidad pedagógica en la educación superior. Hay dos estrategias fundamentales para encarar esta previsible y deseable reestructuración: la primera es recuperar y la segunda es rediseñar”, concluye la investigación.

Nuevas demandas laborales

La transformación que viven las instituciones de educación superior también abarca la búsqueda de cómo adaptarse rápidamente a las necesidades y a los cambios del mercado laboral y de las economías.

La pandemia modificó las dinámicas laborales: aceleró la incorporación de tecnologías y revalorizó perfiles profesionales. Desde los inicios de esta crisis, el Observatorio Laboral COVID-19 del BID ha analizado los datos de vacantes en línea para entender las tendencias del mercado de trabajo. De tal cuenta, entre enero de 2020 y mayo de 2021, recolectó datos publicados en distintos portales digitales de 3,2 millones de vacantes para 17 países de la América Latina.

Los resultados del estudio concluyen que el conjunto de habilidades que las empresas están demandando en estas vacantes en línea está cambiando. Alrededor del 24% de las vacantes publicadas exigen algún tipo de capacidad de teletrabajo, en comparación con el 7% justo antes de la pandemia (lo que supone un incremento de 17 puntos porcentuales). Además, el 81% exige cierto nivel de experiencia, en comparación con el 66% justo antes de la pandemia (un incremento de 15 puntos porcentuales).

“Este parece un fenómeno bastante generalizado entre países, pero todavía resulta difícil saber si es algo pasajero que se debe a un cambio en el tipo de vacantes anunciadas o si se están reflejando cambios estructurales de la economía. Ahora bien, el porcentaje de vacan- tes que demandan algún tipo de grado educativo cayó en 10 puntos (del 62% al 52%). Los próximos meses, a medida que las economías avancen en su recuperación, será posible encontrar más respuestas a estas incógnitas”, concluye. Asimismo, la pandemia vino a acelerar de cinco a siete años la transformación digital de las empresas, obligándolas a rápidamente adoptar tecnologías y procesos para estar en contacto estrecho y de manera remota con clientes, proveedores y colaboradores, afirma Fernando Alvarado, socio de consultoría digital en EY.

“Esto significó, para muchas de ellas, cambios profundos en su manera de operar, sus plataformas tecnológicas y sus prácticas de acceso y protección de la información. Las empresas están demandando ingenieros de sistemas que tengan una base tecnológica sólida, pero que también tengan habilidades blandas avanzadas que les permitan agregar valor a través de conocimiento del negocio, colaboración y la fácil traducción de la estrategia corporativa a soluciones tecnológicas de alto valor agregado”, explica.

Por tal razón, algunas de las profesiones del futuro en el ámbito tecnológico según Alvarado serán: ingenieros de datos, desarrolladores de software, diseñadores de experiencias tecnológicas, expertos en ciberseguridad e ingenieros de robótica/automatización. Mientras que las carreras o diplomados que tendrán más demanda son las STEM (Science, Technology, Engineering, Math, por sus siglas en inglés), que continuarán siendo las de mayor demanda en el futuro cercano.

Uso de plataformas

  • 68% del profesorado se conecta con regularidad a su correspondiente plataforma y en el caso de los estudiantes ese porcentaje se eleva hasta un 80%. En casi la mitad de las universidades, más del 50% del profesorado usa la plataforma con regularidad y en apenas una cuarta parte de las universidades el porcentaje asciende hasta el 100% del profesorado. No obstante, en un 14% de universidades se afirma que el porcentaje de docentes usuarios de la plataforma es nulo.
  • Por otro lado, en 66% de las universidades más de la mitad de los estudiantes se conecta con regularidad y en el 23% de ellas el porcentaje es equivalente al 100%. En el otro extremo, solo en un 7% de los casos los estudiantes no se conectan nunca.
  • Las universidades mencionan distintos tipos de dificultades para explicar la falta de un alcance universal. En primer lugar, la falta de competencias digitales de los docentes (65%) e incluso de los estudiantes (49%), y en un porcentaje importante de unos y de otros simultáneamente (39%). En segundo lugar, está el limitado acceso a internet en los hogares (58%). Y en tercer lugar, está la capacidad de los servidores de la universidad para soportar el tráfico generado durante la emergencia (32%).

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