La tecnología, las redes sociales y la inventiva han permitido la evolución de proyectos sociales ya consagrados en la región y la creación de nuevas iniciativas solidarias por parte de las empresas.

Por Carolina Barrantes

Tres salvavidas llamados innovación, resiliencia y disrupción han permitido que la Responsabilidad Social Empresarial sobreviva en Centroamérica y Panamá en el último año y dos meses, tiempo en el que el COVID-19 ha dejado a su paso cerca de 1,3 millones de enfermos, economías en números rojos y una seguidilla de despidos y cierres de empresas.

Si bien es cierto que mermaron o desaparecieron del radar las iniciativas que demandaban la presencia de voluntarios (siembra de árboles, campañas de reciclaje y arreglo de escuelas, entre otras), las herramientas tecnológicas, las redes sociales y la inventiva han permitido la evolución de proyectos sociales ya consagrados en la región y la creación de nuevas iniciativas solidarias por parte de las empresas.

Las organizaciones privadas han donado miles de dólares por medio de diferentes proyectos y, a la vez, han involucrado a sus colaboradores para que les den soporte virtual. Incluso se han desarrollado alianzas público-privadas “sin precedentes”, con el fin de destinar recursos para las comunidades más vulnerables y generar productos y experiencias que favorezcan la reducción de la brecha de conectividad digital, según detalla María Alicia Urbaneja, directora ejecutiva de EcoRED y ProTempore de la Red INTEGRARSE.

La clave para que todo esto suceda es que cada vez son más las compañías que integran la RSE al core de sus negocios, es decir, forma parte de sus operaciones diarias por lo que, de una u otra forma, se sigue manifestando y las actividades asociadas solo deben “evolucionar”, conforme a las necesidades del momento.

¿Hacia dónde va?

Debido a que lamentablemente, no hay certeza de cuándo estará el 100% de la población vacunada contra el COVID-19 en la región, los especialistas consideran que todas las iniciativas corporativas de responsabilidad social tendrán en consideración los procesos de reapertura económica impulsados por cada país y lo que sea más relevante para los colaboradores, sus comunidades, los gobiernos, los clientes y el medio ambiente.

“Todas las empresas se enfrentarán a un nuevo mundo de negocios y nuevos hábitos de consumo. Esto incluye escuchar a los públicos con los que se relacionan e identificar las temáticas que deben atender para la continuidad de su operación. En este sentido, se recomienda refrescar o crear (en caso de no tenerlos) sus mapas de stakeholders (partes interesadas) y darles prioridad a las temáticas claves de negocios, RSE y sostenibilidad. En este punto puede incluso replantearse a cuáles proyectos darán continuidad y de cunáles, si es necesario, pueden prescindir, según los fondos disponibles”, afirma Haydée de Trigueros, directora ejecutiva de FUNDEMAS.

Entre la imaginación y la voluntad

Estos son algunos de los proyectos que nacieron y evolucionaron ante el COVID-19.

Redes sociales como apoyo: A través de cuentas corporativas de Facebook, Twitter y TikTok, entre otras, se divulgaron proyectos comunitarios y de organizaciones no gubernamentales de bien social y se organizaron dinámicas para que recibieran respaldo financiero. Por ejemplo, colaboradores, seguidores y externos votaban o daban likes a sus favoritos y se premiaba a los tres con más pulgares hacia arriba y comentarios. Con ese formato, se logró también divulgar al público la información de todas las iniciativas participantes y generar cadenas de apoyo.

Páginas informativas: Debido a la propagación de la enfermedad y a la necesidad de que la población se cuide, compañías de la región se unieron a expertos en salud para crear manuales y materiales de apoyo (stickers, fondos de pantalla e imágenes) que se pueden compartir por WhatsApp o descargar de páginas abiertas para crear conciencia general.

Respaldo educativo: Algunas empresas firmaron convenios con universidades y financiaron cursos virtuales gratuitos para personas de bajos recursos, principalmente de inglés (en diferentes niveles) e informática. Para divulgarlos, sus colaboradores difundieron la información por redes sociales, correos electrónicos y mensajes por WhatsApp.

Talleres virtuales: Con el fin de seguir creando conciencia entre los jóvenes sobre la problemática ambiental y la necesidad de usar eficientemente los recursos, se impulsaron talleres virtuales, con la participación de los colaboradores, y se abrieron certámenes que fomentaron la incubación de ideas tecnológicas y de impacto social. Todo de forma gratuita y cada cual usando sus propias plataformas.

Donaciones: Vía cadenas de apoyo, se crearon paquetes de alimentos, con diarios completos, para distribuirlos en las zonas con mayor desigualdad social y tasas de desempleo altas.

Equipo médico: Gracias a alianzas público- privadas, se apoyó la compra de implementos médicos (guantes, batas y mascarillas), equipo especializado (como ventiladores) y pruebas para detectar el virus, que en su momento escasearon en los hospitales. Además, centros comerciales han habilitado sus espacios para que sean sede de jornadas de vacunación.

Respaldo tecnológico: Para ayudar a cerrar la brecha digital que hay entre la educación pública y privada en los países, el sector privado ha respaldado la compra de equipo informático y el pago de la navegación por internet en centros educativos públicos. A su vez, han brindado talleres virtuales donde sus colaboradores explican a niños y adolescentes cómo deben utilizar las nuevas herramientas, incluida Zoom que es por donde están recibiendo las clases.

Prioridades de la RSE a futuro

Modelo de gestión: Los consumidores no solo valoran, sino que exigen prácticas más eficientes y sostenibles. Las empresas deberán liderar el desplazamiento de una economía centrada en el volumen a una centrada en el valor, así como un cambio de rumbo en la lucha contra las desigualdades sociales y el daño ambiental.

Economía circular: El desarrollo de la región tendrá que ir encaminado a restaurar la salud de los ecosistemas en los que vivimos y tratar de regresar o regenerar los recursos que se utilizan.

Cuidado a los Derechos Humanos: Proteger a las minorías será el estandarte del desarrollo y priorizar su empuje para que puedan formar parte más activa del proceso de reconstrucción de las economías.

Transformación digital: Será responsabilidad de las empresas acercar a todos sus consumidores la posibilidad de generar transacciones sin la necesidad de estar presente físicamente en un lugar.

Cadena de valor sostenible: Las empresas que son cara al consumidor tendrán que voltear a ver con más profundidad a su cadena de suministro para garantizar su aporte en el desarrollo de proveedores, generar mejores impactos en sostenibilidad y un cambio de paradigmas hacia el cumplimiento de la Agenda 2030.

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