Nunca digamos «no» a la comida de empresa.

Por Estrella Flores Carretero

Una tradición en estas fechas es que las corporaciones convoquen a sus empleados para una cena o almuerzo de Navidad. Algunos se quejan: «vaya rollo, qué pérdida de tiempo, no sé qué inventarme para no ir…».

Otros lo disfrutan: «es una magnífica ocasión para relacionarse con los compañeros de trabajo y sentir el orgullo de pertenecer a un mismo equipo».

Las empresas suelen organizar este tipo de actos a fin de año, cuando toca hacer balance de los logros y pensar en nuevos retos para el futuro. Es una convocatoria para reunirse fuera del ámbito laboral, relacionarse entre todos los departamentos y estamentos, disfrutar del tiempo de ocio y conocer mejor a aquellos con quienes compartimos la jornada.

Ventajas para las empresas

En mi opinión, como elemento corporativo es altamente beneficiosa para las empresas. Los líderes pueden en estas ocasiones de oro generar fidelidad, homenajear a los que lo merecen, limar asperezas, escuchar, empatizar, fomentar las buenas relaciones… En definitiva, conocer mejor a quienes hacen posible que la empresa funcione.

Ventajas para los trabajadores

¿Por qué ir a comer con alguien a quien vemos todos los días durante más
horas de las que nos gustaría? Hay muchas razones para apuntarse; estas
son algunas:

-Darse a conocer. Conversar en diferentes niveles con personas con las
que a menudo solo se tiene un trato laboral, es beneficioso para
mostrarse como uno es, ser apreciado no solo profesionalmente, sino
también humanamente. Es una forma de exteriorizar el valor personal y
eso reforzará también la propia autoestima.

-Establecer vínculos. Cuando conocemos al otro de cerca, sin estrés ni
presiones, sin corazas ni barreras, es posible sentir empatía, forjar una imagen humana y no solo laboral, saber que podremos ayudarle y que nos
ayudará cuando sea necesario; es decir, que además de un colega puede
ser un verdadero compañero.

-Sentirse integrado. Las empresas funcionan porque existen equipos que
reman en la misma dirección. Las comidas de Navidad refuerzan ese
sentimiento de pertenencia, que hace que todos se sientan miembros
necesarios del equipo de trabajo. Cuando uno busca excusas para no
acudir a la convocatoria, da a entender que va por su lado, que no
contempla el objetivo común como propio.

Reforzar la imagen. Todo el mundo lo sabe, pero hay que recordar que,
aunque este sea un momento de ocio, estamos ahí por nuestro trabajo.
Por lo tanto, no hay que descuidar la oportunidad de potenciar nuestra
imagen personal, ni de hacer relaciones públicas. En suma, aprovechar
para reforzar la propia imagen, no para arruinarla.

Nunca digamos «no» a la comida de empresa, porque refuerza la cooperación y la cordialidad entre todos, porque es una valiosa oportunidad para establecer lazos emocionales profundos y duraderos.

Pero mi consejo no es apuntarse por obligación, sino disfrutarla. Las emociones positivas son las que mueven el engranaje empresarial y las que alimentan la felicidad personal.

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