Las remesas familiares impulsaron gran parte del consumo en 2017, sin embargo, el fin del acuerdo impactaría en la economía de El Salvador.

Por Prensa Gráfica

Este mes Estados Unidos anunciará si renovará o no el programa de Estatus de Protección Temporal (TPS, por su sigla en inglés), un beneficio que se otorgó a varios salvadoreños en 2001 tras los terremotos y se ha ido prorrogando, pero no se ha encontrado una solución permanente para quienes están acogidos al programa, que son alrededor de 190,000. De acuerdo con Luz María Serpas, investigadora de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), de no renovarse el TPS habría un golpe a mediano plazo en la economía, puesto que el retorno de los compatriotas iría acompañado por la reducción en las remesas que estos envían a sus familiares.

De hecho, El Salvador cerró 2017 con ingresos históricos por remesas. Según cifras del Banco Central de Reserva (BCR) entre enero y noviembre pasados, los hogares salvadoreños recibieron US$4,518.3 millones, un crecimiento de 10.1 % en relación con el año anterior. Esto obedece a la mejora en la economía de Estados Unidos, pero también a la reacción al discurso antiinmigrante del presidente Donald Trump.

Las perspectivas laborales de los hispanos en Estados Unidos han mejorado. A septiembre de 2017 la tasa de desempleo de este grupo demográfico era 5.1 %, 1.3 puntos porcentuales menos en relación con el mismo mes de 2016; la cifra siguió bajando y cerró en  noviembre con un 4.7 %.

La economía estadounidense está ligada con la salvadoreña, ya que pese a que los hogares de El Salvador reciben dinero de 160 naciones, US$4,217 millones, es decir, el 97.2 % del total, vienen de Estados Unidos.

Según explicó FUSADES en su último informe de coyuntura económica, el otro factor que explica el crecimiento de las remesas es “por razones de precaución ante las recientes medidas de política migratoria, los salvadoreños radicados han optado por enviar más remesas”.

Para Serpas, una no renovación del TPS no significaría necesariamente una pérdida proporcional, es decir, los envíos de 190,000 personas; pero sí señaló que si hay un retorno masivo, el país tiene que buscar cómo abordar eso como una oportunidad.

Por otra parte, Eduardo Cader, presidente de la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), fue más pesimista. Consideró que el incremento en las remesas es más una “alarma” y significa que los salvadoreños en el exterior se están preparando para una deportación y están enviando el dinero para preparar su regreso.

“El tema de las remesas es muy delicado, viene a ser trastocado por el casi seguro regreso de los compatriotas que están en Estados Unidos (…) hemos dependido mucho de las remesas” dijo.

De hecho, según FUSADES y el BCR, las remesas han contribuido a fomentar el consumo, ya que inyectan más dinero en la economía y permiten a los hogares comprar más; esto impulsó el comercio e impulsó el crecimiento de la economía en 2016. La última Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) encontró que el 77 % de la remesa se utiliza para consumo, más que en 2010, cuando era el 73 %.

Cader señaló que el Gobierno se debió de haber preparado desde mucho antes, porque el TPS  nunca fue permanente. “Los gobiernos han cometido el error de interpretar una medida temporal de Estados Unidos y nunca pensaron que debía existir un plan para preparar el regreso de la gente”, aseveró.

En noviembre pasado, Salvador Sánchez Cerén, presidente de la república, anunció que una de las alternativas en discusión es un plan de incentivos fiscales. “Para los que no logren tener oportunidades, estamos preparando un plan de retorno, muchos de ellos tienen sus ahorros en Estados Unidos y van a querer invertir en El Salvador, queremos buscar proyectos que los liberen de pagar impuestos y, además, que tengan incentivos fiscales para que puedan poner su producción aquí en el país”, afirmó.

Economía anclada

De acuerdo con FUSADES, la situación del país es delicada, porque aunque en 2016 las remesas inyectaron más dinero que permitieron cierto nivel de dinamismo, el indicador de ventas que elabora la institución registró un saldo negativo de 6.4 en el tercer trimestre del año.

Es decir, fueron más empresas que redujeron sus ventas que las que las aumentaron, en relación con el mismo período del año anterior. Pedro Argumedo, investigador del centro de pensamiento, señaló que pese al empuje a la demanda interna dado por las remesas, hay más problemas que hacen que la economía del país sea como un barco que aunque recibe vientos favorables está anclado.

De hecho, Argumedo agregó que aunque los datos oficiales muestran que el país incrementó sus importaciones, parte de eso se debe al aumento en la factura petrolera y no tanto porque las personas compren más productos extranjeros.

El tanque de pensamiento se ha mantenido enfático en que la economía del país no es suficiente para emplear a los más de 55,000 jóvenes que entran cada año al mercado laboral, lo que provoca que muchos terminen en el sector informal, lo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera como una exclusión, puesto que la dinámica no permite que se vigile el cumplimiento de derechos laborales.

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