Asegurar un proceso electoral democrático el próximo 7 de noviembre, con la supervisión de organismos internacionales, y tomar acciones claras para reactivar la economía y atraer inversión extranjera directa serán vitales para que esta nación empiece a salir de la crisis en la que está sumida.

POR Carolina Barrantes @Caro_Summa

Es un país rico en recursos, cultura y belleza que tiene todo para ser un modelo de desarrollo y prosperidad. El 46% de su población es menor de 16 años, por lo que tiene una oportunidad dorada para brindarles una formación de calidad y con ello mejorar sus posibilidades de colocarse en trabajos formales mejor remunerados a corto plazo. Sumado a ello, su fuerza laboral actual supera los tres millones de personas y cuenta con más de 22.000 km2 de reservas naturales, más de 10.000 km2 de lagunas, ríos y lagos y ciudades coloniales como Masaya, León y Granada que son polos de atracción turística.

Antes de la crisis política-social que vive, crecía a un ritmo anual del 4,9%, una las tasas más altas de la región y volver a ese escenario se cree posible. Las cúpulas empresariales sostienen que los recursos están, que hay planes privados para generar nuevos proyectos y atraer Inversión Extranjera Directa, pero se pusieron en stand by, condicionados a que se tomen acciones público-privadas que brinden seguridad y un ambiente adecuado para los negocios, al cómo se desarrollen las elecciones presidenciales y el respeto de los resultados que arrojen.

La realidad actual

Nicaragua tiene tres años consecutivos de mostrar contracción en su economía. En 2020 el Producto Interno Bruto (PIB) se estimó en -2%, según el gobierno central, mientras la tasa de desempleo abierto se ubica en el rango del 5,5% y el 6,0%, de acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Cari- be (CEPAL).

Los pocos rayos de luz para la nación llegaron, por sorpresa, con las remesas, que registraron un crecimiento interanual del 10%. El ingreso por exportaciones también exhibió un alza del 6,2%, explicado por el incremento del precio de los productos a nivel internacional, ya que el volumen exportado bajó.

En el panorama pesa la crisis sociopolítica que atraviesa desde 2018, aunada a los efectos que dejaron en su territorio los huracanes Eta e Iota y las consecuencias de la actual pandemia por el COVID-19.

Visiones divididas sobre el futuro

Organismos internacionales visualizan una leve recuperación para este año. Se espera un crecimiento del PIB del 1,3%, como

resultado de la recuperación sostenida de actividades econó- micas que mostraron signos po- sitivos desde mediados de 2020: la agricultura, la actividad de minas y canteras, el comercio y la construcción.

Sumado a ello, se produciría nuevamente un superávit en la cuenta corriente, pero menor que los registrados en 2019 y 2020; la inflación se mantendría en un rango del 3% al 4%, mientras que la tasa de desempleo abierto rondaría el 6,5% y el 7%, de acuerdo a estimaciones de CEPAL. También se espera que el estímulo fiscal continuo y el ingreso de remesas respalden el consumo (público y privado) y la inversión.

Kinnon Scott, representante residente del Banco Mundial en Ni

caragua, señala que se espera que las re- mesas, en específico, estén en el orden del 15% del PIB, debido al repunte económico mundial, y que sigan siendo una fuente importante de divisas.

Esa visión positiva respalda la versión del gobierno, anunciada por Iván Acosta, ministro de Hacienda y Crédito Público, que anticipa un crecimiento del PIB cercano al 2,5% en 2021 y se aventura a señalar una progresión de cuatro puntos porcentuales para 2022. El principal sostén será la operación del sector agropecuario, principalmente la producción ganadera y el café, y la reconstrucción de la infraestructura afectada por los intensos huracanes Eta e Iota, que impulsará la generación de empleo.

Positivismo con prudencia

El sector privado, por su parte, tiene una visión más reservada del porvenir. Carmen Hilleprandt, directora de Cámara de Comercio y Servicios de Nicaragua, y Marcos Pierson, presidente de la Cámara de Industrias, concuerdan en que el país cuenta con suficientes recursos materiales, naturales y de mano de obra para ser atractivo para los negocios, pero el gobierno tiene que impulsar cambios para sacarles provecho.

El primero es analizar la reforma fiscal que se aprobó en 2019, ya que ha restado competitividad a las compañías, alejado la IED y ha ido en detrimento de la generación de empleos. Sumado a ello, debe garantizar un sistema democrático y trabajar en la matriz energética, ya que las empresas son las que pagan más por cada kilowatt/hora (kWh): US$0,22.

Rodrigo Hernández Kühn, presidente del Instituto Nicaragüense de Desarrollo, suma que para este año será vital que la productividad y la competitividad sean vistas como un objetivo de Estado, que se evalúen el impacto de la política pública y tributaria sobre el comercio exterior, la actividad financiera y el desarrollo productivo, así como que se vincule la investigación a la actividad empresarial para generar políticas de innovación.

Inversión pública en desarrollo en este 2021

  • Se concluirán 19 grandes proyectos de carretera que ampliarán la red vial en 325 nuevos kilómetros. También 1.995 metros lineales entre puentes y cajas puentes.
  • 13 nuevos proyectos incrementarán la red en 348 nuevos kilómetros y las construcciones se extenderán hasta 2022 o 2023.
  • 24 nuevos estudios y diseños para carreteras, con un total de 804 kilómetros.
  • En salud destacan la construcción y equipamiento del hospital departamental de Chinandega y el reemplazo y equipamiento de los hospitales Oscar Danilo Rosales Argüello y el regional Nuevo Amanecer, de la Región Autónoma Costa Caribe Norte.

5 de los principales retos en el horizonte

Incrementar la sofisticación de las exportaciones. La agricultura primaria aún representa 14,5% del PIB, mientras la manufactura ligera sigue dominando en el sector manufacturero, en particular el vestuario y el calzado.

Restaurar las reservas fiscales y mejorar los sistemas de gestión del riesgo de desastres: Garantizará el apoyo adecuado en los esfuerzos de reconstrucción y para los más afectados en el país.

Reducir la pobreza: Es clave mejorar la focalización y cobertura de los programas de protección social y la eficiencia en el gasto en salud y educación.

Trabajar en la infraestructura: Aumentar la inversión pública en ese campo tendrá un efecto positivo en la productividad, la acumulación de capital y el combate a la pobreza.

Incentivar la economía y la formalización: Actualmente, el 70% de la población trabaja en el sector informal y no genera ingresos al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social ni tiene acceso a apoyo financiero en el sistema bancario.

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