En un comienzo las empresas pensaron que la tecnología de la comunicación podría obviar el valor de las reuniones personales, pero se dieron cuenta de que, a la larga, esto tiene un impacto negativo en la productividad.

Por Marco García, Regional Senior Advisor/Specialist Corporate Finance + M&A de BDO en Panamá

A medida que el mundo avanza en términos de vacunación y apertura de las economías, surgen las interrogantes sobre cuáles son las mejores vías para impulsar al sector público y privado tras la crisis económica surgida por el COVID-19. Una de las alternativas que más interés han generado en Panamá y Centroamérica ha sido el nearshoring, pero, ¿de qué se trata este fenómeno?

El nearshoring es la prestación de servicios, procesos de negocio o de tecnología a terceros desde países cercanos al país contratante, generalmente compartiendo fronteras. Como bien es sabido dentro del mundo de los negocios, la tendencia por más de dos décadas se ha decantado hacia el offshoring de empresas.

El clásico ejemplo de offshoring ha sido la contratación de empresas ubicadas en la China o en la India, principalmente para la prestación de servicios de tecnología. La última década ha visto mucho movimiento en este sentido. Pero sucede que el offshoring no está resultando tan rentable como se esperaba, por diversas razones entre las que figura el aumento del costo del capital humano tanto en la India como en la China, la poca infraestructura legal y regulatoria, los riesgos de seguridad y propiedad intelectual y las diferencias de horario, cultura e idioma.

En un comienzo las empresas pensaron que la tecnología de la comunicación podría obviar el valor de las reuniones personales, pero se dieron cuenta de que, a la larga, esto tiene un impacto negativo en la productividad. A raíz de estas circunstancias, el nearshoring se convirtió en la nueva apuesta de las empresas en países desarrollados, en la búsqueda de eficiencia y bajo costo. Y aquí es donde América Latina y por consiguiente, Panamá y Centroamérica, se ponen a valer.

Un informe reciente de Bank of America Global Research indica que más del 80% de las empresas de EE.UU. que se encuentran instaladas en Asia piensa hacer nearshoring, tomando en cuenta precisamente los factores que han hecho del offshoring una opción menos rentable. Además, las compañías buscan disminuir la dependencia de Estados Unidos de la proveeduría asiática, por lo que una gran cantidad de empresas han optado por mudar sus fábricas hacia lugares estratégicos que representen una mejor alternativa.

Si nos adentramos a las ventajas del nearshoring, precisamente veremos una gran parte de las razones por las cuales los ojos de las empresas estadounidenses y de otros países del mundo comienzan a voltear la mirada hacia nuestra región, como:

 Reducción de costes y tiempos de transporte.
 Disminución de la inversión en inventarios.
 Mejor conocimiento del mercado y de la demanda a satisfacer, gracias a la cercanía y conocimiento del personal sobre los países vecinos o cercanos.

 Mejor y más rápida comunicación entre la empresa, sus clientes y proveedores.
 Niveles de calidad, generalmente, más elevados.
 Ajustes de la oferta sobre cambios de demanda más veloces y flexibles.

Por todo ello, observamos que producir en tu misma región geográfica no puede reportarnos más que beneficios, teniendo en cuenta las siguientes premisas:
 Localizar adecuadamente los centros productivos y de distribución.
 Crear ecosistemas de proveedores colaborativos y fiables.
 Desarrollar a los colaboradores de la empresa.

Ahora bien, para ello es preciso reconsiderar cómo debe ser el modelo de operaciones que queremos tener, y eso pasa, ni más ni menos, porque sea un modelo basado en la excelencia operacional, para dar paso a la construcción de auténticas organizaciones world-class, con sistemas de trabajo sustentados en la mejora continua avanzada. Desde una óptica de países desarrollados, si somos capaces de hacer mejores a nuestras empresas, procesos y operaciones, sin duda tendremos posibilidades de recuperar buena parte de la industria que marchó. Y eso es tremendamente importante para la creación de riqueza en nuestros países, tras el severo impacto de la crisis sanitaria y económica en nuestra región.

Y más allá del papel que debe tomar el sector empresarial, los gobiernos de Panamá y Centroamérica se podrían ver beneficiados como parte de una estrategia con el debido sustento en políticas públicas adecuadas, siempre y cuando la oferta de atracción de los países centroamericanos en esas las inversiones brinde los elementos necesarios para ello. Es un tema que contiene diversas consideraciones y no únicamente de posición geográfica, criterios fiscales o laborales atractivos a la inversión.

Los países deben tener una visión donde la transformación productiva tenga un papel fundamental. Esto es solamente posible con el crecimiento del empleo, las exportaciones, los ingresos tributarios, y la transformación tecnológica de los países. Por lo tanto, es de suma importancia para las economías trabajar con las herramientas adecuadas que les permitan desarrollarse como economías con complejidad económica, lo cual impactará directamente y de manera positiva en su desarrollo y del sector empresarial. El nearshoring es tan solo una vía para lograr que Centroamérica y Panamá sigan creciendo, pero es un esfuerzo que debe ser compartido por los gobiernos, empresa privada y ciudadanos.

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