Un 28% ya experimenta una leve recuperación en sus actividades, aunque reconocen que aún tienen mucho por superar.

Por Carolina Barrantes

Las micro, pequeñas y medianas empresas son el principal pulmón de generación de empleo en la región, al cubrir entre el 65% y 70% de la población económicamente activa. El 2020 golpeó a muerte muchas, por el impacto de la llegada del COVID-19 y la recesión en los países, mientras las sobrevivientes han empezado a recuperarse en este 2021 y confían en que saldrán adelante, aunque avanzan a paso lento y con mucha cautela. Informes del Centro Regional de Promoción de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (CENPROMYPE) –parte del Observatorio Iberoamericano de la micro, pequeña y mediana empresa– y el Centro Latinoamericano de Innovación y Emprendimiento (CELIEM) resultan reveladores.

Arrojan que casi 3 de 10 de este tipo de organizaciones ha ido retomando su mercado e incluso un 52,4% esperaba aumentos en las ventas para el primer semestre de este año, aunque siguen muy afectadas. Un 53,8% de las empresas consultadas por CENPROMYPE afirmaron que mantendrán sus empleos, mientras solo 8,9% lo disminuirán. Las que presentan saldos más favorables son las vinculadas a la manufactura y al rubro de agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (25,4% y 17,1% respectivamente).

En cuanto a las expectativas de ventas, los sectores que se muestran más positivos son los de manufactura y comercio (38,6% y 34,7% respectivamente) y los que se mantienen en vilo son los vinculados al sector construcción (6,5%), que en muchos de los países vienen arrastrando problemas, desaceleración y caídas desde antes de la pandemia.

Entretanto, en el análisis realizado por el CELIEM las empresas fueron más comedidas al analizar el panorama. Más de un 50% espera que su actividad económica se mantenga en niveles bajos este 2021, ya que siguen sufriendo por la reducción de ganancias (61%), la pérdida de clientes (55%) y la pérdida de mercados (40%).

“No hay duda que aún en la adversidad las mipymes centroamericanas y panameñas han procurado reorientar sus modelos de negocios y sus procesos productivos para tratar de sostenerse en el mercado. Casi el 80% se volcaron a un mayor uso de herramienta tecnológicas para hacer frente al nuevo entorno. Por ejemplo, destaca que un 53% de ellas implementaron páginas web y venta de servicios en línea”, comenta Luis Álvarez, director ejecutivo de CELIEM.

Impacto en cifras

El ingenio y el deseo de subsistir han sido importantes aliados, dentro de un escenario complejo, sin embargo, el porcentaje de cierres permanentes ha sido importante. A enero de 2021, el PNUD estimaba la cifra en hasta el 5,5% para las pequeñas empresas de Honduras y en 3,5% entre las medianas de Nicaragua; en Costa Rica, CENPROMYPE habló de un 7% a 8%, en octubre del 2020.

En América Latina, el número dado por la CEPAL fue de 2,7 millones mipymes fuera del mercado, lo que representó la pérdida de más de 8 millones de empleos. “No tenemos un dato cierto al día de hoy. También hay que contemplar que la informalidad en nuestra región es muy alta por lo que resulta complejo estimar un dato concreto que permita definir con certeza este comportamiento. Sin embargo, lo que sí se puede determinar es

que sigue habiendo sectores afectados por las medidas sanitarias, particularmente los servicios, las actividades culturales y el turismo, en los que indudablemente no ha existido aún una normalidad en la actividad económica”, detalla el Director Ejecutivo de CELIEM.

Debido a los cierres de operaciones, los recortes de personal o la reducción de jornadas laborales que aplicaron mu- chas empresas, incluidas las grandes, miles de personas optaron por improvisar y abrir pequeños negocios, con el fin de tener algún sustento para ellos y sus familias.

Informalidad como paliativo

La imaginación dio para todo: ventas de comidas caseras, productos artesanales, ropa, accesorios y demás; servicios de entrega a domicilio, mensajería y transporte; tutorías y campamentos virtuales ante el cierre de centros educativos, entre muchas otras opciones. Las redes sociales fueron el trampolín para que salieran a la luz.

En Nicaragua, por ejemplo, costureras que trabajaban en textileras internacionales que fueron clausuradas, opta ron por crear prendas a la medida para clientela propia. En ese país también se expandieron las llamadas tiendas de colectivo, espacios donde se juntan emprendedores para ofrecer todo tipo de productos, según explica Carmen Hilleprandt, presidenta de la Cámara de Comercio y Servicios de Nicaragua.

Esos negocios improvisados ayudan a las personas emocional y financieramente, porque les da la impresión de que pueden salir adelante y valerse por sí mismos ante la falta de empleo y de ingresos estables. Sin embargo, se trata de una medida paliativa y no definitiva, y no pueden catalogarse como mipymes por ser informales y muy inestables.

“Esas personas que emprendieron porque lamentable- mente se vieron afectadas por la pandemia lo que vienen es a formar parte de la súper informalidad que ya afecta a la región, la cual ronda el 40% en Costa Rica y más del 50% en Nicaragua, por citar dos casos. Esos negocios no son sostenibles con el tiempo y varían constantemente. Hoy haces textil, mañana cambias a comida, servicio de entrega u otro. El negocio va variando cuando te das cuenta de que por ahí no es el camino y que no generan suficientes ingresos”, afirma Daniel Suchar, economista y académico.

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