El sector de energía en América Latina se encuentra en cuenta regresiva hacia tres puntos de inflexión que marcarán un cambio fundamental.

Por Revista Summa / Fuente EY

Para 2050, la urbanización y el crecimiento económico habrán duplicado la demanda de electricidad. A medida que América Latina se prepara para una revolución de energía limpia, ¿el sector eléctrico está preparado para cosechar los beneficios de este mercado en rápido crecimiento?

Desde el Río Bravo hasta el Amazonas y la Patagonia, América Latina es una vasta región de zonas geográficas contrastantes y que alberga diversas culturas y economías. Sin embargo, a pesar de estas diferencias, los países latinoamericanos están emprendiendo un camino compartido hacia un nuevo mundo energético.

Los índices de urbanización en algunos países de América Latina son de los más altos del mundo. El 81% de la población de la región vive en ciudades y para 2050, se espera que esta cifra llegue al 90%. Conocida por sus auges y crisis, esta región suele frustrar, pero también atraer a los inversionistas, gracias a su enorme potencial. En estos momentos, muchos países han entrado en un periodo de recuperación después de la recesión, lo cual ha impulsado el crecimiento económico, que a su vez está respaldado por un sólido consumo privado. Estos factores están dando lugar a un aumento en la demanda de electricidad, la cual se espera que se duplique para 2050 (alcanzando un nivel pronosticado de 2,822 TWh en lugar de los niveles proyectados para 2020 de 1,448 TWh).

En este contexto, las “3Ds” que impulsan la transformación de la cadena de valor de energía eléctrica a nivel global están teniendo una gran repercusión en América Latina:

  • Descarbonización – hacia una mezcla de energía más limpia para cumplir las metas globales de reducción de emisiones
  • Digitalización – con tecnología que habilita una red digital más inteligente
  • Descentralización – empoderar a los clientes para producir y vender su propia energía renovable y distribuida

Tres puntos de inflexión críticos para la transformación energética

Estas fuerzas han apuntalado al sector de energía eléctrica de América Latina hacia tres puntos de inflexión críticos – hitos que, según los modelos establecidos por los equipos de EY en colaboración con una de las agencias de analistas líder del mundo, dan lugar a cambios importantes:

  • Punto de inflexión uno: 2031 – cuando la energía fotovoltaica (FV) solar distribuida, con almacenamiento de batería, alcanza la paridad de costos con la electricidad proporcionada por redes
  • Punto de inflexión dos: 2025–29 – cuando los vehículos eléctricos (VE) alcanzan la paridad de costos y desempeño con los vehículos de motores de combustión interna
  • Punto de inflexión tres: 2046 – cuando el costo de solamente proporcionar electricidad a través de la red excede el costo de la energía almacenada autogenerada.

La industria energética se encuentra en el inicio de un periodo de cambio sin precedentes, un periodo que transformará fundamentalmente el mercado (y presentará tanto retos como oportunidades). Tres puntos de inflexión marcarán el surgimiento de un nuevo sistema energético.

El punto de inflexión uno sucede cuando la autogeneración distribuida llega a paridad de costo con la electricidad entregada a través de la red. Para determinar esta fecha, calculamos la demanda proyectada de energía eléctrica, la futura matriz de generación y el costo de uso de la red centralizada entre 2015 y 2050. Luego comparamos esta medida con el costo esperado de autogenerar energía eléctrica usando fotovoltaicos solares y almacenamiento con batería.

Para ayudar a determinar cuándo estos costos llegarán a ser iguales, trabajamos con un grupo de análisis global líder en el mercado para modelar la adopción y el impacto de costo y demanda de 10 tecnologías: FV solar, almacenamiento con batería, vehículos eléctricos, microrredes, sistemas de gestión energética de hogares y edificios, intercambio peer-to-peer, medidores inteligentes, inteligencia artificial, tecnologías Grid Edge y tecnologías de nube.

La abundancia de la energía hidroeléctrica y precios de electricidad relativamente más bajos indican que el primer punto de inflexión se alcanzará en América Latina después en otros mercados importantes, incluyendo Europa (2022), Estados Unidos (2031) y Oceanía (2021). Además, en Latinoamérica, el hito llegará a diferentes países en distintos momentos, dependiendo de la mezcla de energía que actualmente tengan:

  • La energía hidroeléctrica representa más de la mitad de la electricidad que se genera en 12 países latinoamericanos: Brasil, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Uruguay, Paraguay, El Salvador y Nicaragua. El bajo costo de la energía hidroeléctrica empuja el primer punto de inflexión hasta 2032.
  • Los combustibles fósiles representan más de la mitad de la electricidad que se genera en países como: México, Argentina, Chile, República Dominicana, Bolivia, Trinidad y Tobago, Honduras y Jamaica. Aquí, el primer punto de inflexión se alcanzará en 2030 y podría llegar incluso antes en países como Argentina y México, que planean reducir los subsidios que mantienen los bajos precios de la electricidad.

El apoyo gubernamental acelerará los vehículos eléctricos

Existirá un lento avance hacia el punto de inflexión dos – cuando los vehículos eléctricos (VE) alcancen la paridad de precio y desempeño con respecto a los vehículos tradicionales – en América Latina en comparación con otros mercados globales, debido principalmente a los constantes altos costos de los VE y la falta de una infraestructura de apoyo.

Sin embargo, algunos gobiernos están fortaleciendo el apoyo al transporte eléctrico, ya que la mala calidad del aire en las ciudades más pobladas ha alcanzado niveles críticos. Argentina redujo sus impuestos a la importación de VE de 35% a 2%, mientras que Uruguay, Ecuador y Colombia los eliminaron por completo. Colombia implementará 1,500 taxis eléctricos en Medellín y casi 600 buses eléctricos en Bogotá, mientras que Chile pretende introducir fletes de camiones eléctricos y aumentar diez veces la cantidad total de VE del país antes de 2022.

Un transporte más limpio es un buen indicio para la calidad de vida en algunas ciudades de América Latina, pero presentará una serie de desafíos para la red e infraestructura de electricidad de la región. Para 2050, se espera que los VE agreguen 71 TWh de demanda de electricidad nueva – aproximadamente 2.5% de la demanda total – para lo cual se requerirá una nueva capacidad de red para enfrentar las fluctuaciones en la carga. Hay una necesidad urgente de contar con más estaciones de carga. Brasil ha encomendado al sector de servicios públicos que instale unidades de carga de VE en todas las ciudades del país.

Como “baterías sobre ruedas”, los VE también representan enormes oportunidades de almacenamiento. Para 2050, aproximadamente 52 millones de VE que transitan por las carreteras de América Latina tendrán una capacidad de almacenamiento “detrás del medidor” de 1.6 TWh. Esto representa una posible ventaja para que tanto los consumidores como los operadores de redes puedan gestionar la volatilidad de las cargas derivada del aumento en la inclusión de recursos de energía distribuida, como una posible medida de mitigación de las costosas actualizaciones de la red eléctrica.

Al aprovechar las capacidades de almacenamiento distribuido mediante la continua agregación de baterías de VE, el sector de servicios públicos estará mejor preparado para asegurar una mayor eficiencia en las redes y operaciones del sistema.

Superar los obstáculos regulatorios y de infraestructura

Los puntos de inflexión de América Latina pueden parecer lejanos al compararlos con los deotras regiones, pero son significativamente cercanos al compararlos con los horizontes de planeación tradicionalmente largos del sector eléctrico. Este es un mercado de energía sofisticado – ciertos participantes de la industria se han visto beneficiados por las lecciones aprendidas de aquellos mercados que se encuentran más avanzados en el camino de transformación de energía – aunque sigue existiendo obstáculos considerables.

Un aspecto crítico de estos obstáculos es la necesidad de llevar a cabo importantes actualizaciones a la infraestructura de red. Se requerirá de una inversión muy grande para poder equipar las redes de electricidad para integrar energías renovables considerablemente más distribuidas e intermitentes, y actualmente no se sabe de dónde provendrá este financiamiento – de la industria o del gobierno. Muchos sectores de servicios públicos en América Latina ya enfrentan dificultades por las enormes pérdidas en materia de transmisión y distribución no técnica de alrededor de 16%, comparado con el promedio global de 8.3%.

Es posible que los reguladores enfrenten el desafío más grande: deben implementar políticas energéticas que equilibren los objetivos de descarbonización, el crecimiento económico, las demandas de los consumidores y la sustentabilidad de las empresas eléctricas existentes. Se requieren incentivos que fomenten la adopción de energías renovables, pero dentro de marcos regulatorios que permitan que los servicios públicos tradicionales puedan participar y encontrar una nueva función en un mundo de energía cambiante.

Debido a que gran parte de los cambios se deben a la digitalización del sector, los órganos reguladores también tendrán que desarrollar capacidades en nuevas tecnologías y entender mejor sus implicaciones para el mercado energético.

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