La crisis por el Covid-19 reactivó la discusión sobre un tema sensible y hasta controversial.

POR Jenny Lozano

Las finanzas salvadoreñas están atravesando un momento difícil. La pandemia provocó que el país buscara financiamiento externo para atender la emergencia sanitaria, ofrecer apoyo a la población más vulnerable y adoptar medidas de contención para las pymes. Sin embargo, eso ejerce una presión insostenible sobre sus finanzas por tratarse de una economía con un crecimiento insuficiente para un país que tiene grandes retos de desarrollo y una deuda interna que este año podría rondar el 95% del Producto Interno Bruto (PIB).

Ante este escenario, como principales medidas para hacer frente al preocupante nivel de endeudamiento y al deterioro de las finanzas públicas, se ha reabierto la discusión sobre la posibilidad de abandonar el dólar estadounidense como moneda en curso y volver a la propia, el colón, y de aumentar las tasas tributarias.

Para unos, con el desmontaje del modelo de dolarización, vigente desde 2001, el país podría tener mayor capacidad de maniobra para mejorar sus finanzas, con una participación más decisiva del Banco Central de Reserva, y mejorarían las condiciones para tener una oferta exportable competitiva que impulse el crecimiento económico. Sin embargo, para otros, los costos serían demasiado altos.

Consideraciones de fondo

Para el economista Mauricio González Orellana, el “drama” del crecimiento económico de la nación se puede descomponer en dos factores: la dolarización y el hecho de que las remesas familiares sean el origen de una parte sustancial del flujo anual de recursos provenientes del exterior (representan alrededor del 18% del PIB nacional).

Su propuesta es adoptar “una medida de choque” para enfrentar la actual crisis fiscal, como el programa de “Empleador de Última Instancia (EUI)”, un plan de empleo público para reactivar la economía y, a largo plazo, llevar a cabo la desdolarización, “con vistas a establecer un tipo de cambio real competitivo, en combinación con una política industrial”.

Si bien reconoce que la dolarización ha limitado la competitividad y el progreso económico nacional, Ricardo Castaneda, economista e investigador del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), considera que si se llega a hacer un proceso para volver al colón en medio del “desorden actual” el panorama lejos de mejorar podría agravarse.

“No es casualidad, por ejemplo, que las proyecciones de los distintos organismos multilaterales muestren que Panamá y El Salvador serán las economías más afectadas de América Central, cuyo común denominador es que están dolarizadas. Sin embargo, sin transparencia, claridad y orden, las intervenciones del Banco Central podrían desatar un incremento extraordinario de la inflación y aumentos en las tasas de interés. El costo sería muy alto. En un proceso de ese tipo, la confianza de todos los sectores es clave”, sostiene.

Incluso habla de que se pasaría de una crisis a una “hecatombe económica”, teniendo en cuenta aumentos en las condiciones del financiamiento afectarían directamente al Estado, que para cubrir los gastos ha tenido que recurrir, principalmente, a deuda externa y a recursos de agentes locales, como bancos privados y administradores de fondos de pensiones, a través de LETES, CETES y un fideicomiso de obligaciones previsionales.

“Además, podría haber problemas de liquidez. Pensar que el BCR sería el que estará prestan- do dinero al Estado es bastante engañoso, ya que los montos que el país requiere en endeudamiento son altos y para reducirlos se requieren cambios en gastos, ingresos y gestión transparente”, añade.

La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) añade otro contra: “Es oportuno recordar que el comercio es uno de los motores de la economía salvadoreña y una de las bondades de tener al dólar estadounidense como moneda son los bajos niveles de inflación. Revertir la dolarización podría elevar los precios de los productos y afectar la capacidad adquisitiva de la población, aumentando la pobreza y deteriorando la situación de las finanzas del Estado”.

Todo depende

Según Oscar Cabrera, expresidente del Banco Central de Reserva y actual presidente de la Fundación para el Desarrollo de Centroamérica (FUDECEN), la dolarización fue una medida no consensuada con la sociedad en su momento y aprobada por mayoría simple, por lo que valdría la pena abrir el debate sobre qué es lo que el país necesita ahora.

En sus palabras: “Si El Salvador busca un crecimiento inclusivo y generar empleo, necesitamos tener nuestro propio tipo de cambio y activar la política monetaria, crediticia y cambiaria, como lo hacen la mayoría de países, teniendo presente que en una economía dolarizada hay más tendencia a una recesión. Sin embargo, si se considera que lo importante es mantener un sistema financiero estable y dar certidumbre a los grandes importadores lo que procede es mantener la dolarización. Son dos visiones país con prioridades distintas”.

Entretanto, el gobierno, mediante un pronunciamiento de Alejandro Zelaya, el ministro de Hacienda, niega que la opción esté siendo considerada.

“Yo les tengo respeto a todos los que abordan el tema, pero nosotros tenemos el derecho de hacerle ver la verdad a nuestra gente, de decir cuál es la realidad. No se está platicando ni se está planificando desdolarizar. Hacer eso sería catastrófico”, sostiene el funcionario.

Aún así, los debates y los rumores no se acallan.

¿Qué buscaba la dolarización?

Apertura comercial para facilitar transacciones con otros países y reducir sus costos

Sí se logró: Ha sido un elemento bien evaluado para la suscripción de acuerdos comerciales. El país tiene acuerdos con 42 países.

Atraer inversión extranjera

No se logró: A pesar de los esfuerzos, aún la inversión extranjera tiene niveles bajos.

Menor inflación

Sí se logró: Datos del Fondo Monetario Internacional indican que de 2010 a 2019 El Salvador es uno de los países de América Latina con la inflación más baja: 1,3%, en promedio.

Disciplina fiscal

No se logró: Es una materia pendiente. Se demanda una reforma fiscal para poner orden en las finanzas públicas. La deuda interna ronda 95% del PIB.

Fortalecimiento del sistema financiero

Sí se logró: Los bancos y entidades financieras son sólidos y operan con condiciones estables.
No se logró: El Banco Central de Reserva perdió la facultad de ser prestamista de última instancia e influir en el nivel de liquidez.

Competitividad en las exportaciones
No se logró: La dolarización eleva costos de producción y afecta la competitividad de los precios.

Menos volatilidad en las tasas de interés
Sí se logró: Esto ha impulsado el mercado hipotecario.

Mayor crecimiento económico

No se logró: A pesar de ser sostenido, se mantiene a niveles bajos, en comparación con los vecinos de la región. No se registran cambios positivos en el tema del empleo.

En resumen

Ventajas de desdolarizar

  • Lleva a recuperar el control de la política monetaria y crediticia, con mayores niveles de intervención y maniobra.
  • Permite establecer un tipo de cambio real y competitivo.
  • Impulsa el crecimiento inclusivo y la competitividad nacional para salir de la recesión.

Riesgos de volver al colón

  • Podría conllevar aumentos en la inflación y las tasas de interés. Posibles problemas de liquidez.
  • Disminución en la capacidad adquisitiva de la población que aumentaría la pobreza Desestabilización del sistema financiero y deterioro de las finanzas públicas.

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