El mes de enero representa un momento oportuno para incorporar la construcción del patrimonio en las metas financieras de este 2026.
Por Revista Summa
El inicio del año representa un momento oportuno para incorporar la construcción de patrimonio dentro de los objetivos financieros para este 2026 y, al iniciar la inversión a una edad temprana, amplía las posibilidades de crecimiento patrimonial y permite que el capital se beneficie del efecto del tiempo.
Este factor resulta determinante para construir patrimonio de forma más eficiente en el largo plazo. Iniciar temprano permite que el capital se beneficie del interés compuesto, que se produce cuando los rendimientos se reinvierten y se suman al capital, aumentando progresivamente la base sobre la cual se generan nuevas ganancias.
Silvia Jiménez, directora Comercial de Mercado de Valores explicó que el momento de inicio tiene un impacto directo en los resultados de largo plazo. Por ejemplo, si dos personas invierten la misma cantidad mensual: quien empieza a los 25 años tendrá décadas de crecimiento acumulado, mientras que quien inicia más tarde necesitará aportar mucho más para alcanzar un resultado similar. El tiempo es un aliado silencioso en la creación del patrimonio.
“Comenzar a invertir a una edad temprana hace una diferencia estructural en la construcción del patrimonio. El tiempo permite que los recursos crezcan de forma más eficiente y que las metas financieras se alcancen con mayor margen de maniobra”, explicó Jiménez.
La entidad indica que iniciar a una edad temprana brinda otras ventajas como flexibilidad para asumir riesgos, hábitos financieros sólidos y metas más alcanzables, ya sea para vivienda, educación o jubilación. No obstante, la inversión no responde a una guía única, sino que las decisiones deben adaptarse a la etapa de vida de cada persona.
En términos de planificación, el Grupo Financiero Mercado de Valores señala que la estrategia evoluciona con el tiempo. En los primeros años laborales, el enfoque suele estar en la generación del patrimonio, con mayor énfasis en crecimiento y tolerancia a la volatilidad.
En una fase posterior de acumulación del patrimonio, se busca consolidar con una combinación de crecimiento y seguridad mediante la diversificación. Más adelante, en la gestión del patrimonio, la prioridad se orienta a la protección del capital y la planificación de la jubilación. Finalmente, en la etapa de preservación y sucesión, el patrimonio se administra con énfasis en estabilidad, disfrute y legado.
“Invertir temprano no solo amplía las oportunidades de crecimiento, sino que también permite ajustar la estrategia a cada momento de la vida. Aun cuando se inicie en una etapa posterior, lo fundamental es definir objetivos claros y mantener una visión de largo plazo”, concluyó Jiménez.

