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Harold Townson, un desarrollador inmobiliario que lleva el lujo a otro nivel

Abr 8, 2024 | Noticias de Hoy, Portada

Revista SUMMA
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Harold Townson se ha convertido en el mayor desarrollador de proyectos residenciales de la icónica ciudad de antigua, patrimonio cultural de la humanidad de la Unesco. su más reciente complejo, los franciscanos club residencial, redefine los estándares del lujo y la distinción.

Por Rocío Ballestero

La suya es una historia profesional levantada con visión, empeño, apoyo familiar y escucha activa de mentores que siempre aparecen en el camino, dentro de una industria que se hizo presente en su vida desde que era niño: la construcción.

Su abuelo, además de un reconocido banquero, desarrolló varios proyectos habitacionales e industriales, al igual que su padre, don Gerardo, a quien solía acompañar los fines de semana y en vacaciones a supervisar obras.

Sin embargo, fue mientras cursaba una maestría en Ciencia del Liderazgo en la Universidad de Nova Southeastern, en Florida, Estados Unidos, cuando Harold Townson encontró su propia oportunidad. Ésta lo llevó luego a crear Construcciones Empresariales, en 2008, empresa responsable de planificar, construir y vender casas del segmento premium en la ciudad de Antigua, en su natal Guatemala. Entonces, el rol de soporte se invirtió: fue su padre (q. e. p. d.) quien iba con él a ver terrenos e inspeccionar el trabajo, dándole consejos sabios, guía oportuna y hasta apoyo financiero, pero, sobre todo, confianza en sus decisiones.

Ahora también es el socio fundador de Los Franciscanos Club Residencial, un megaproyecto de absoluto lujo, sin igual en la región, donde la inversión superará los US$100 millones.

Un paso llevó a otro

Durante 2006 y 2008, Townson combinó los estudios con el trabajo que le abrió la puerta para lo que vendría: asumió un subcontrato para remodelar viviendas y apartamentos en Fort Lauderdale y Miami que lo llevó a identificar, conocer y trabajar con los principales proveedores y a aprender sobre tendencias y pormenores del sector.

Tras terminar la maestría, un compañero cercano, José Álvarez, quien trabajaba en banca y estaba interesado en invertir en Bienes Raíces, le propone que exploren opciones en Guatemala e involucren a algunos de sus clientes. Su padre, un amante de la ciudad de Antigua, le recomienda empezar en esa localidad y le brinda el contacto de Carlos Díaz, el arquitecto de un restaurante que acababa de visitar y le había encantado. ¡Todo se alinea para que entre al mercado con una fórmula de éxito que ha ido perfeccionando!

“Yo no iba mucho a la Antigua, pero le hice caso a mi papá y me reuní con Cali, como le digo yo. En un ratito hicimos química y me impresionó tanto su trabajo como la forma en que operaba: identificaba y compraba lotes en buenos condominios que se estaban empezando a desarrollar, construía y luego vendía. Hicimos trato para que yo hiciera lo mismo, contratándole a él el diseño y la construcción. Me ayudó a encontrar una propiedad y nos pusimos manos a la obra. Esa primera casa se construyó y vendió en tiempo récord, teniendo como socios inversionistas a José (25%) y a una de sus clientes, Mrs. Rhua (50%), con quien aún tengo relación en algunos proyectos. Así que seguimos con otra, luego otra y desde entonces no hemos parado”, relata.

Con el involucramiento de nuevos inversores según la oportunidad, incluidos su padre y su hermana Patty, Construcciones Empresariales prácticamente ha ido llenando muchos de los condominios disponibles en el área de Antigua y es hoy la desarrolladora de mayor experiencia del área.

“Le digo la verdad, arrancamos sin mayores estudios de mercado, pero sabiendo muy bien qué tipo de casas hacer, apegados a criterios de funcionalismo y confort espacial, calidad y buenos acabados. Escogimos por instinto proyectos en excelentes ubicaciones y alto potencial cuando apenas tenían listo las calles internas y la casa club, analizando también el prestigio de quienes estaban detrás de la urbanización. Por decirle algo, en el complejo donde empecé, de los 114 lotes que lo conformaban yo compré como 90”, recuerda.

La evolución del negocio ha implicado ir subiendo el nivel de la oferta: de un enfoque en viviendas económicas (en el rango de los US$150.000 y US$200.000), pasó a incorporar el segmento de entre US$300.000 y US$500.000, luego el de lujo y ahora el de máximo lujo, entre US$1 millón y US$2 millones.

«Mi primo Jorge, con experiencia en desarrollos AAA+, es otra persona que ha marcado mi vida. Me impulsó a dar ese salto e ir metiendo más detalles y lo mejor de lo mejor en materiales y acabados. ¡Me enseñó el verdadero significado de la excelencia! Me costó porque siempre he sido muy cauteloso con el manejo del presupuesto; por política personal reinvierto la mayor par- te de las ganancias, pero esa diversificación ha sido un acierto”, afirma.

Los Franciscanos: opulencia y distinción pura

En los últimos años, el desarrollo inmobiliario de Antigua ha sido exponencial, al punto de ser actualmente uno de los sitios con más demanda de toda Centroamérica, que conquista a nacionales y extranjeros deseosos de residir o tener una casa para vacacionar y/o alquilar en un lugar repleto de historia. No obstante, dado que ya hay poca oferta de tierra y con la visión de crear un proyecto a otro nivel en la región, Townson se empeñó desde 2019 en otro gran proyecto: Los Franciscanos Club Residencial, ubicado en Ciudad Vieja, a menos de 15 minutos del centro de la ciudad.

“Está inspirado en Fischer Island, uno de los vecindarios más codiciados de Miami y entre los zip codes (códigos postales) con las propiedades más caras de todo Estados Unidos, aunque es accesible solo por ferry, yates privados o helicóptero. Aquí ofreceremos en esencia lo mismo, hay casas de alta gama personalizables para distintos presupuestos, en un entorno colonial exótico, con servicios de todo tipo y uno de los clubes privados más grandes y exclusivos del país, entre jardines exquisitos y vistas sin par de los tres volcanes que rodean a Antigua: Agua, Fuego y Acatenango”, cuenta el desarrollador.

El complejo muestra un 30% de avance (está iniciando la etapa dos), abarca un terreno de 29 hectáreas y hacia el 2028 contempla la construcción de más de 700 viviendas que van desde los US$200.000 hasta más de US$1 millón, incluidas torres de apartamentos de tres pisos más pérgola (ya se están levantando las primeras), y amenidades de primer nivel.

La sostenibilidad, prácticas verdes y altos niveles de confort, privacidad y exclusividad son parte del concepto. El interiorismo de la casa club, por ejemplo, estuvo a cargo de Eric Ledoigt, de la firma de arquitectura In Situ, quien creó ambientes con alma, dotados de piezas únicas y de gran valor artístico, mientras que una imagen de San Francisco de Asís en la entrada recibe a los residentes con la oración “Señor hazme un instrumento de tu paz” en sus manos. Además, se hizo alrededor de los árboles que había en el espacio, sin talar ni uno solo, y la piscina se climatiza con paneles solares.

Para resguardar la exclusividad, si bien los propietarios reciben una acción del club con la compra de su vivienda, para convertirse en miembros deben pasar un estricto proceso independiente de admisión y el ingreso a las instalaciones es con huella digital. “Aquí estamos implementando todo lo que hemos aprendido a lo largo de los años sobre las mejores prácticas y modelos de construcción, urbanización y administración y de las experiencias de los condominios y clubes privados más top del país y otras partes del mundo”, acota Townson.

Un negociador como pocos

Para poner en marcha Los Franciscanos el universo de nuevo confabuló a favor de Harold. Un corredor inmobiliario, Zeph, lo llevó a ver la propiedad, se enamoró de inmediato del lugar y le vendían a muy buen precio: US$17 la vara. Sin embargo, tenía un inconveniente mayúsculo: un acceso de apenas 3 metros.

“Con costos entraba un carro. De hecho, en esa ida rayamos el nuestro”, recuerda. “A la par ha- bía un lote baldío, pero el dueño no quería vender; ya había rechazado varias ofertas. Eso no me frenó; insistimos e insistimos hasta que lo convencimos de que nos vendiera solo una franja de 15 metros, sin haber cerrado aún el otro trato. Era todo lo que necesitábamos para poder hacer un doble ingreso y egreso, una garita y arrancar con la obra”.

En sus palabras, fue una negociación tardada y dura que supo manejar de forma paralela y muy discreta para no disparar el precio de la transacción principal. Hoy, Los Franciscanos es un sueño hecho realidad y se ha convertido en un polo de desarrollo; en los alrededores también se están levantando casas, servicios y comercios por lo que la plusvalía va para arriba.

Por otro lado, Townson logró maximizar eficiencias: “En el centro llegué, a tener varias casas en construcción a la vez en diferentes condominios y el equipo –carpinteros, herreros, albañiles y maestros de obra¬tenía que estar desplazándose de un proyecto a otro con un costo importante principalmente en tiempo, ya que a veces perdían hasta medio día en desplazamientos. Era una locura, teníamos que centrarnos en un gran proyecto como Los Franciscanos y solo aquí podíamos hacerlo”.

Culmina esta entrevista con otra sentida reflexión y un agradecimiento: “Si no hubiera comprado al precio que compré no me hubieran dado los números, sin las personas que han confiado en mí no hubiera podido crear esta empresa y tampoco existiría todo esto sin la intervención de mi padre. No solo fue el gestor de aquella primera cita con el arquitecto, sino que me enseñó la importancia de estar 100% presente en cada proyecto y me acompañó en el trayecto. Venir con él a Antigua a ver proyectos, con una parada imperdible a comer chicharrones, no era para mí trabajar, sino un día perfecto. Ahora la que viene conmigo y me ayuda en la empresa es mi esposa. Me siento afortunado por eso y me motiva a seguir adelante”. Precisamente, acaba de empezar con la construcción de 22 casas del segmento ultra premium en el Casco Antiguo, dentro del complejo Paseo Antigua.

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