Los recursos que las empresas extranjeras destinan al país descendieron a US$296.000 millones en 2018 tras su máximo de US$440.000 millones alcanzado en 2015.

Por Expansión

Estados Unidos es un imán de dinero. Y una de las fuerzas más poderosas que impulsan la economía estadounidense ha sido la inversión en negocios estadounidenses desde otros países. Pero la inversión extranjera directa en Estados Unidos ha disminuido significativamente en los últimos dos años.

Existen varias razones: las políticas comerciales independientes del presidente estadounidense, Donald Trump, la incertidumbre económica y la desaceleración general del crecimiento global han frenado el flujo de dinero extranjero hacia Estados Unidos.

El declive puede observarse en varias medidas de datos gubernamentales y privados de Estados Unidos y el extranjero. El mayor descenso de dinero entrante es de China.

Después de alcanzar un máximo de US$440.000 millones en 2015, la inversión extranjera general en Estados Unidos cayó drásticamente en cada uno de los siguientes dos años, de acuerdo con los datos. Aunque subió a US$296,000 millones en 2018, el dato gubernamental más recientemente disponible, aun registra una caída de 38% desde su máximo anterior.

Esa caída en la inversión extranjera es una pérdida para la economía estadounidense.

La investigación muestra que las empresas de propiedad extranjera pagan más, gastan más en investigación y desarrollo, y producen más exportaciones que las empresas comparables de propiedad estadounidense, dijo Gary Hufbauer, miembro del Peterson Institute for International Economics.

“Brillan”, dijo Hufbauer. “A menudo están aquí porque quieren llegar al mercado estadounidense”.

Trump ha inyectado incertidumbre en relaciones de larga data entre Estados Unidos y algunos de sus socios comerciales más importantes. Podría parecer que los aranceles sobre las importaciones harían que las compañías extranjeras se mudaran a Estados Unidos. De hecho, dijo Hufbauer, las empresas a menudo son ahuyentadas debido a que esos mismos aranceles aumentarían los costos de los suministros que tendrían que importar para fabricar sus productos.

Una desaceleración de las actividades económicas en el extranjero y un dólar fuerte también pueden actuar como vientos en contra de la inversión extranjera.

El resultado es menos inversión extranjera en Estados Unidos, no más.

El presidente Trump ha afirmado, más de una vez, que la inversión extranjera está aumentando.

«Grandes cantidades de dinero de China y de otras partes del mundo están llegando a Estados Unidos por razones de seguridad, inversión y tasas de interés”, tuiteó Trump recientemente a medida que los mercados se sacudían a causa de una escalada en la guerra comercial con China. “Estamos en una posición muy fuerte. Las compañías también están llegando a Estados Unidos en grandes cantidades. ¡Algo hermoso de contemplar!”.

Ciertamente, hay dinero extranjero entrando a raudales en la deuda estadounidense. En el primer trimestre de 2019, la inversión en bonos estadounidenses, principalmente del Tesoro del gobierno estadounidense, aumentó en US$144,000 millones. Eso es en gran parte porque en tiempos de incertidumbre del mercado, los inversores ponen dinero en bonos.

Al mismo tiempo, las compras de acciones estadounidenses por parte de inversionistas extranjeros se redujeron. Los datos de los departamentos de Comercio y del Tesoro muestran una disminución en las compras netas de acciones estadounidenses por parte de inversionistas extranjeros en 2018, en comparación con 2017. En el primer trimestre de este año, los inversores extranjeros vendieron US$206.000 millones más en acciones estadounidenses de lo que compraron, aunque fueron caídas relativamente menores en comparación con los billones de dólares que aún mantenían.

Esas cifras de inversión de cartera no incluyen la inversión extranjera directa, el dinero gastado en plantas y compañías estadounidenses.

La inversión extranjera directa incluye el dinero que una compañía extranjera gasta para construir una planta o abrir una oficina en Estados Unidos, como la instalación de Foxconn en construcción en Wisconsin, con un costo estimado de hasta US$10.000 millones, y una planta de automóviles de US$1.600 millones construida en Alabama por Toyota y Mazda. Y también es posible contar la expansión de las instalaciones existentes, como la inversión de US$600 millones en una planta de BMW en Carolina del Sur.

También incluye compras de empresas estadounidenses por parte de empresas extranjeras, como cuando Haier de China compró el negocio de electrodomésticos de General Electric en 2016.

Las cifras sobre inversión extranjera en Estados Unidos tampoco cuentan la compra de bienes inmuebles por parte de individuos extranjeros. Hay indicios de que esas compras de bienes raíces también están disminuyendo.

Los datos de Estados Unidos no desglosan de dónde proviene el dinero extranjero. Pero otros datos sí.

Un seguimiento regular de las inversiones extranjeras desde China a Europa y a Estados Unidos realizado por el consultor Baker McKenzie y por Rhodium Group, una firma de investigación, muestra que solamente hubo una inversión de US$3.300 millones de China a Estados Unidos durante el primer semestre de este año. Eso representa 88% menos que el punto más alto alcanzado en los últimos seis meses de 2016.

Rod Hunter, socio de Baker McKenzie, dice que las tensiones comerciales entre China y el gobierno de Trump son solo un factor causante de la caída de la inversión extranjera. Un cambio en la política del gobierno chino también limitó la cantidad de dinero que las empresas chinas poseen para hacer inversiones en todo el mundo.

“Quizás sea en dos tercios impulsado por factores internos chinos y un tercio por la política estadounidense”, dijo. “Hay mucho ruido en el sector comercial. Pero el gobierno chino apretó la llave de dinero disponible”.

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