Costa Rica se encuentra en una coyuntura de falta de reactivación y probablemente hasta de motivación.

Por German Morales, Socio Director, Grant Thornton

Desde julio del 2019, se implementó la reforma fiscal, conocida como Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, con tres elementos importantes, reforma integral a la Ley del Impuesto General sobre las Ventas, creando el nuevo: Impuesto al Valor Agregado (IVA), la reforma al Impuesto sobre la Renta, con el nuevo régimen de las rentas de capital y el tercer elemento relacionado con el gasto público. Si bien no hay un aumento en las tarifas de los impuestos, en el caso del IVA se amplió la base de contribuyentes, al incorporar todo el sector de servicios que no estaba gravado, y el Impuesto de renta, inició gravando todas las ganancias de capital, eliminando el tema de la habitualidad como único elemento para establecer, si una ganancia era gravable o no.

Por todo lo anterior, es de esperar que para el 2020 se genere un aumento en la recaudación, no obstante, la sola reforma fiscal no es generadora de nuevos impuestos, debe ir necesariamente acompañada de una economía que tenga mejoras en los hábitos de consumo y transacciones de compras y ventas, que son las que precisamente generan los pagos de tributos, tanto a nivel interno, como en la importación y ventas de servicios y bienes. Es decir, resulta de imprescindible necesidad una mejora en la actividad económica del país.

Ante esto, el estado de la recaudación de impuestos para el 2020, está directamente relacionada con las decisiones de consumo de las familias y empresas del país, así como en general de las operaciones de compra venta de bienes y servicios que se realicen en todo el territorio nacional.

Analizando rápidamente, estos hábitos de consumo de las familias y empresa costarricense al cierre del 2019 se concluyen que las expectativas de consumo se han impactado negativamente, afectando componentes muy relevantes de la demanda o gasto en bienes y servicios del país, motores del crecimiento económico y la generación de oportunidades de empleo. En general de acuerdo con economistas nacionales, se percibe un sentimiento en los consumidores sobre el actual, como un un mal momento para realizar adquisiciones de vivienda o vehículos, originado en parte, precisamente, por los nuevos impuestos.

Es decir, los nuevos tributos impactaron negativamente, las expectativas y posibilidades de consumo de los ciudadanos costarricenses. Así las cosas, tiene que haber una mejora en 2020 de los hábitos de consumo de todos los
habitantes de éste país y de las diferentes transacciones que se realizan, para que la reforma fiscal logre su objetivo de mejorar la recaudación de los impuestos.

En consecuencia, es de esperar que sí se genere una mejora en la recaudación fiscal en 2020, en los impuestos de IVA y de renta principalmente, pero dependerá también de la situación económica de las diferentes actividades que se desarrollan en el país. En caso contrario, la reforma fiscal, no tendrá los efectos esperados al momento de su aprobación.

Costa Rica se encuentra en una coyuntura de falta de reactivación y probablemente hasta de motivación, que requiere un esfuerzo mayor del Poder Ejecutivo, para que con más pasión logre generar credibilidad y confianza en sus propuestas. Solo así podremos percibir este nuevo año 2020 diferente, por supuesto con la colaboración, trabajo y dedicación de todos los sectores para que el Estado mejore en su recaudación.

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