En los últimos años se ha hecho más evidente el interés regional por el campo aeroespacial, cada vez más relevante a nivel mundial. Aparte de los fines investigativos, los proyectos e iniciativas que se desarrollan también buscan impulsar nuevas oportunidades de negocio.

POR Alejandra Soto y Carolina Barrantes

Hasta hace algunos años, el espacio estaba reservado a grandes corporaciones relacionadas con el ámbito gubernamental y militar. Hoy, el panorama es muy distinto y es visto como un ecosistema donde muchas ideas de negocio se están materializando, dentro del llamado space business.

Cientos de instituciones realizan investigaciones y utilizan tecnologías orientadas a mejorar la vida de las personas en la Tierra. Por otro lado, grandes empresas y startups miran el espacio con un objetivo comercial, con la idea de hacer negocios en la Tierra a través de la generación de datos relevantes que puedan procesar y comercializar, apoyados en el ahorro que brindan los nanosatélites y CubeSats, sistemas considerados pequeños, baratos y rápidos.

Incursión de la región

En el Istmo, Guatemala, Honduras y Costa Rica destacan por formar parte de este nuevo eco- sistema espacial. Los primeros pasos se dieron en suelo tico, con el proyecto Irazú, que definitivamente marcó un hito para el desarrollo de nuevas iniciativas, luego del lanzamiento de Batsú-CS1, en 2018. Además, desde 2016 el país posee un clúster de industrias aeroespaciales (Costa Rica Aerospace Cluster o CRAC) y actualmente se discute un proyecto de ley en la Asamblea Legislativa que pretende crear la Agencia Espacial Costarricense (AEC), la cual fomentará la investigación, innovación y desarrollo de esta materia.

“Estamos observando los resultados de una década de esfuerzos por impulsar la exploración aeroespacial desde la industria, el gobierno y la academia. Cuan- do anunciamos el desarrollo del primer satélite centroamericano en 2010, sabíamos que existía todo el potencial para hacerlo realidad. Sin embargo, también era un gran reto de construcción de capacidades en diversos sectores”, rememora Carlos Enrique Alvarado, presidente de la Asociación Centroamericana de Aeronáutica y del Espacio (ACAE).

En 2020, Guatemala hizo historia al enviar el satélite CubeSat de nombre Quetzal-1, desarrollado en la Universidad del Valle de Guatemala (UVG).

“Luego de seis años de trabajo en el proyecto y de que el satélite tenga diez meses de estar operando en el espacio, veo muchos beneficios. Demostró que se pueden hacer cosas diferentes y desarrollar tecnología en Guatemala (el 70% de módulos del satélite fueron desarrollados en la universidad). Incluso abrió la posibilidad de que los alumnos e ingenieros que participaron puedan generar emprendimientos en este campo”, sostiene Víctor Hugo Ayerdi, codirector de Quetzal-1.

Asimismo, destaca el proyecto Morazán, iniciativa que programa lanzar un satélite en 2022 y que ha generado sinergias colaborativas entre instituciones de los tres países que participan: Honduras, Guatemala y Costa Rica.

“Es importante hacer notar que tanto el proyecto Quetzal-1 como el proyecto Morazán fueron ganadores de las convocatorias del programa kiboCUBE de Naciones Unidas, lo cual evidencia el talento y calidad de los profesionales centroamericanos”, agrega Alvarado.

Un campo prometedor para la región

De acuerdo con el presidente de ACAE, el Istmo posee una serie de ventajas comparativas que lo hacen atractivo para participar en la industria espacial, desde el desarrollo de capacidades en las empresas locales para participar en la cadena global de valor hasta la atracción de inversión extranjera directa que genere empleos para profesionales y técnicos. También existe un amplio mercado y potencial para desarrollar aplicaciones espaciales que permitan mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Para Vinicio Montoya, candidato a cosmonauta de Centroamérica y el Caribe, por todos es conocido que la región necesita “otras formas de hacer las cosas”, que traigan desarrollo, innovación y oportunidades laborales, y el sector espacial cósmico trae consigo las tres.

“En un análisis del Grupo Tauri (Instituto de Administración Logística) se determinó que, en la próxima década, los programas comerciales espaciales generarán 14.200 trabajos directos por año y una inversión de US$6.100 millones. Estas oportunidades podrían ser aprovecha- das por nuestros países, sin embargo, no podemos acceder a ellas porque no existe un órgano regional espacial”, analiza Montoya, quien también es director de la Misión Espacial Guatemala y Misión Espacial de Centroamérica y el Caribe.

La ubicación es un punto a favor y, conforme se empiece a contar con una masa crítica de profesionales en el tema, se espera que un número creciente de industrias del ramo busquen establecer operaciones en la región. “Nuestra posición geográfica privilegiada favorece una mejor inserción orbital de carga espacial, lo cual reduce costos a los programas de lanzamiento (hasta 75%) y nos convierte en una zona ideal para puertos espaciales o space ports”, explica Montoya.

“Nuestras naciones son verdaderamente capaces de integrarse de manera eficaz en los nichos internacionales de la investigación y la industria aeroespacial, pero se debe hacer notar que los esfuerzos deben estar articulados con un marco regulatorio adecuado, así como con iniciativas público-privadas que afiancen terreno sólido para el despegue de los proyectos”, agrega Federico Torres Carballo, viceministro de Ciencia y Tecnología de Costa Rica.

¡Mirar más allá y confiar en el talento autóctono se impone para un futuro más promisorio!

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