Felipe Bosch presidente de la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa) cree que el manejo del gasto en el país ha sido irresponsable y que esa es la principal causa de una economía en decadencia y poco equitativa

Por: Siglo 21

Felipe Bosch preside la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa), que cada año organiza el Encuentro Nacional de Empresarios (Enade). Bosch no es conocido solo por su actividad empresarial, sino también porque en momentos clave del país ha sido ferviente en sus opiniones.

En esta entrevista, analiza los más recientes sucesos políticos y presión social que llevaron al cambio de las más altas autoridades del país.

Este año ha habido una dinámica poco usual, ¿cómo la ve Fundesa?

Como guatemaltecos, creo que muy contentos, complacidos de un esfuerzo importante que hizo la ciudadanía, que dijo presente, que pasó, por decirlo de alguna manera, dormida durante años, ahora sale a las calles, pone presión, los puntos sobre las íes, el dedo en la llaga y comienzan a ocurrir cosas. Creo que Guatemala necesitaba este despertar y creo que todos debemos sentirnos orgullosos de lo que pasó y ahora a construir.

¿Lo ven como el punto de partida para construir un nuevo país?

Definitivamente. Yo no lo veo de otra manera. Sería imposible. Si fuera político estaría muy preocupado porque tendría que empezar a pensar cómo comenzar a trabajar ahora en esta nueva nación, y ya no como lo hice en el pasado, en un ambiente corrupto. Hoy el Estado de Derecho empieza a generar esta nueva forma de tener que trabajar. La clase política tiene que estar clara que la cosa cambió.

Entonces, ¿cree que las demandas deben seguir?, y ahora ¿pidiendo qué?

Es una buena pregunta. Creo que ahora el tema es Estado de Derecho. Y eso me lleva al Enade que viene del esfuerzo Mejoremos Guate que tiene diferentes columnas (empleo, atracción de inversiones, solidaridad y justicia) y como base el fortalecimiento de las instituciones, que es el encuentro de este año. ¡Y miren lo que pasó en el país! Ya lo teníamos, pero parece que es algo que lo manda alguien supremo. Y el Enade de este año tiene la intención de hablar de lo que está pasando en la SAT (Superintendencia de Administración Tributaria), en la Contraloría General de Cuentas, en el Ministerio Público y en la Corte Suprema de Justicia, incluso. No podemos seguir hablando de que al deporte le damos el 5% del presupuesto de la nación, a la Universidad de San Carlos, a la que yo admiro mucho, pero 5% del presupuesto me parece una exageración; y después, al ente de Justicia le damos 2%. Pero volviendo a la pregunta, definitivamente es un parte aguas importante para la nación.

¿Y cree que el nuevo Gobierno debe provocar cambios?

Yo creo que el Gobierno tiene que actuar, muy claro, muy severo y aterrizar algunos cambios de ley que son impostergables. Hay por lo menos cuatro. La Electoral y de Partidos Políticos, que tiene que ver con el futuro democrático del país; pero también la de Compras y Contrataciones, que si no sale bien el país va a sufrir otros 20 o 30 años. Otra es en la parte judicial, que va a fortalecer mucho al Ministerio Público. La cuarta ley es la de Servicio Civil, para que destaque la meritocracia en los puestos. El mensaje que estoy tratando de dar es que ¡no nos podemos dar el lujo de fallar!

¿Cuál es la conclusión de los siete foros pre Enade que realizaron?

Una conclusión, es que el país necesita hablar de los ingresos y los egresos del Estado. No podemos seguir teniendo estos egresos, porque muchos de ellos son injustificados; el manejo del gasto ha sido irresponsable. Talvez la mejor forma de entenderlo es pensar en un pichel que tiene agujeros por todos lados y uno le está echando agua arriba, pero nunca se llena. Y eso es lo que pasa en el Estado. Hasta que no tapemos esos agujeros no vamos a poder llenar el pichel, para que el agua salga por donde debe salir.

¿Qué hacer entonces?

Ahora lo que tenemos que hablar es la manera de reducir los egresos y ver cómo tapamos esos agujeros. No puede ser ese montón de cosas que están pasando, en donde uno espulga hay corrupción y eso tiene que terminar. Como guatemaltecos tenemos que ser lo suficientemente astutos, inteligentes y severos, para que esos agujeros se cierren.

¿Cómo le hacemos para provocar esos cambios?

Lo que tenemos que hacer es ir paso por paso, pero no podemos permanecer igual. Si nos quedamos estancados, estaríamos destinados al fracaso. Tenemos que avanzar en componer nuestro barco, que creo que en eso estamos. y al próximo gobierno exigirle que tape, como primera prioridad, esos agujeros que tiene el pichel, y después ya hablar de lo que puede ser un mayor ingreso.
Tenemos que tener instituciones fuertes, y regresamos de nuevo al tema de Enade, en donde una SAT fortalecida y responsable puede tener las herramientas para generar, por un lado el miedo al ciudadano de que si no paga sus impuestos ahí están los tribunales de justicia y después de eso, la cárcel. Es que aquí en Guatemala debe prevalecer que “¡el que la hace, la paga!”, y no solo en temas de violencia, sino también en estos otros asuntos.

Y en lugar de remendarlo, ¿no es mejor cambiar el pichel?

Lo que pasa es que es muy difícil cambiar el pichel. Se podría cambiar la fórmula, diciendo en lugar de que sean 5% que sea 7% o que en lugar de 7% que sean 3%, y cambiar los porcentajes y hacer más fácil el pago. Cambiar el pichel implica cambiar la forma de hacerlo, y Guatemala no lo hace distinto a otros países. Al final, mucho de esto tiene que ver con la gana política de hacerlo.

¿En todos los casos se trata de corrupción?

Hay de todo. Porque hay corrupción y también cosas que no son corrupción. Hay algunos pactos colectivos de condiciones de trabajo que se han ido de la mano y que han sido responsables, incluyendo el último en el Ministerio de Salud. Los sindicatos acabaron con el Ministerio de Salud, porque tiene más egresos que ingresos, y eso no puede ser. Además hay una población de trabajadores irresponsables, que han estado utilizando muchas de las herramientas que tiene esa cartera, para beneficio propio y para hacer negocios que no tienen nada que ver con la salud.

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