La teoría de Charles Darwin de respuesta facial, dice que el acto de sonreír hace en realidad sentirse mejor, en vez de que sonreír sea el resultado por sentirse bien

Por El Salvador 

Cuando sonríe al hablar su rostro se relaja y su gesto mejora. Además de sentirte mejor, el tono de tu voz se modifica, se hace más cálido y abierto, más agradable al oído de su interlocutor.

Cuando hable por teléfono procure sonreír. Incluso cuando esté hablando con sus superiores por el intercomunicador, hágalo con una sonrisa en el rostro.

Por negativo que pueda ser el contenido del comunicador, si lo hace con una sonrisa en la cara verá que hay una gran diferencia en la aceptación por parte de quien esté del otro lado de la línea.

La sonrisa debe ser a diario, con todos

Tradicionalmente las personas sonríen cuando hablan con su jefe. Sin embargo, la sonrisa no sólo es para convidar a los directivos, sino a todos.

Al ingresar a la oficina con un gesto más alegre contagiará el entusiasmo, colaborando así en la creación de un entorno laboral ameno. Cuando le sonríe a un colega o compañero de trabajo, en especial al hablar de temas laborales, mejorará su aceptación y lo predispondrá en un modo mental más receptivo que si lo hicieras con un gesto de enojo.

Vera que tan sólo con sonreír, de a poco, le prestarán mejor atención, y las comunicaciones también serán más respetuosas con colegas, jefes, subalternos y con todos.

¿Cuándo evitar sonreír?

Cuando haya adoptado este saludable hábito de sonreír, debe también entrenarlo para que no asome en los momentos inadecuados. Una sonrisa durante un comentario de despido, ajustes, penurias y demás no sería la mejor elección, y tampoco ganaría nada enseñando el ceño fruncido.

Cuando no esté sonriendo, mantenga el rostro en expresión neutra, y evitará así las situaciones adversas.

Una dosis de humor

Con una actitud más positiva, el trabajo puede convertirse en una de las mayores fuentes de disfrute, desarrollo y logros de la persona a lo largo de su vida. Lo mejor es cuando la persona asume que puede y debe disfrutar de su actividad o profesión, logra simplificar las tareas laborales que tiene que realizar a diario y las enfoca de un modo más creativo y productivo.

Es lo que afirman numerosos psicólogos laborales, convencidos de que la fábrica, la oficina, el mostrador o el despacho pueden convertirse en una fuente de felicidad y alegría, lo cual respaldan distintos estudios.

Consideran que a pesar de los sacrificios y contratiempos que supone, el trabajo es una fuente de realización personal y un ámbito en el que las capacidades de las personas alcanzan su mayor desarrollo y plenitud.

Es un medio que permite entregar mucho de uno para mejorar la calidad de vida de los demás, y que todo trabajo aporta algo al bien común.

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