No es un exceso de confianza, sino la única forma de salir a flote en los mares de riesgo e incertidumbre en los que navega toda organización en algunas ocasiones.

POR Estrella Flores-Carretero, Coach y presidenta del Instituto Europeo de Inteligencias Eficientes (IEIE)

El optimismo en los negocios es un enfoque de inteligencia emocional que permite aceptar la adversidad, pensar en soluciones creativas y sembrar la esperanza cuando asoma el desaliento. Es encontrar parte del vaso lleno y tintar la vida con cristales de colores diferentes cuando es necesario hacerlo. Constituye un rasgo esencial de los buenos líderes y debe formar parte de la cultura corporativa e impregnar los equipos de trabajo.

CONSEJOS PARA ADQUIRIR LA DESTREZA DEL POSITIVISMO

1. Entrenar la forma de pensar. Ser optimista no es como ser alto o bajo, es decir, no nos viene de serie, es una destreza que se debe adquirir y que requiere práctica. Por supuesto que la genética y la educación influyen, pero hay que entrenarse para ser un líder capaz de influir en los demás, inspirar y motivar; hay que desarrollar una mentalidad abierta, flexible, dispuesta al intercambio de opiniones, al trabajo en equipo, al apoyo del grupo, a la proactividad y la capacidad para encajar los golpes. Si no eres optimista, aprende a serlo.

2. Ejercitar la paciencia. Un líder optimista no es impulsivo. Por el contrario, se toma su tiempo para escuchar, pedir el parecer de los demás y reflexionar antes de tomar decisiones. Cuando alguien es paciente también se convierte en humilde, valora las aportaciones de su equipo y dice abiertamente que va a meditar sobre cuál solución es la mejor.

3. No estancarse. El camino de la vida empresarial no está exento de baches. Habrá muchos contratiempos que conviene analizar para aprender de los errores cometidos y tener más reflejos a la hora de sortear los próximos obstáculos, pero eso no quiere decir que haya que obsesionarse ni empecinarse en lo que ha demostrado ser un fracaso. Las personas optimistas asumen sus fallos y saben virar el timón a tiempo. Además, procuran no perder el tiempo ni la energía en cosas que no pueden cambiar.

4. Mirar al futuro. Esto es más que mirar a la meta sin volver la vista atrás. Se trata de mantener la confianza en que los objetivos que nos hemos propuesto se pueden alcanzar. Para ello es importante planificar a corto, mediano y largo plazo. Trazar planes y hablar de ellos con los compañeros de viaje elegidos contribuye al optimismo.

5. Nutrir el optimismo. Nadie desea tener a una persona negativa a su lado; por el contrario, nos atrae la gente que sabe liderar alejando nuestros temores, que nos da confianza, que nos escucha y nos respeta, que es alegre, capaz de relativizar, que confía en los demás y se muestra agradecida. Tratar a los otros como nos gusta ser tratados no solo genera optimismo, sino que lo retroalimenta.

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