Por elmundo.es

Son el indio Banerjee, el norteamericano Kremer y la francesa Duflo, la segunda mujer de la historia en obtener el galardón.

Abhijit Banerjee (1961), Esther Duflo (1972) y Michael Kremer (1956) han sido galardonados hoy con el Premio Nobel de Economía 2019 por sus contribuciones y su «enfoque experimental para aliviar la pobreza mundial».

Para la academia sueca, el indio, la francesa y el norteamericano han demostrado que a veces, para entender el conjunto, es bueno y necesario ver las pequeñas partes que lo conforman. Eso no supone en absoluto resignación, conformismo, sino todo lo contrario. » Nuestra ambición en J-PAL (el laboratorio que fundó y dirige en el MIT de Boston) para nada es modesta, es cambiar el mundo. Queremos cambiar en profundidad la vida de los más pobres, proporcionando a quienes toman las decisiones políticas los medios que permitan inventar y elegir las políticas más eficaces para ayudarlos a superar sus problemas», explicó hace cuatro años la experta francesa en su discurso en Oviedo al recibir el Princesa de Asturias.

Lo que es y debe de ser «modesto y pragmático» es el enfoque. «Creemos que no hay ninguna solución milagrosa para el problema de la pobreza: ni la ayuda exterior, ni una apertura total de fronteras, ni el comercio internacional, ni la expansión de la democracia o de la economía de mercado serán suficientes para resolver el problema. Tampoco hay un culpable o un grupo de responsables de esta situación: ni las Naciones Unidas, ni los gobiernos locales, ni las élites pueden, por sí solos, mantener a la población en la pobreza o sacarla de ella. La pobreza adopta múltiples formas y su persistencia se debe a múltiples causas; ser pobre es tener menos información, menos posibilidades de elegir su propia trayectoria y también menos protección contra los propios errores. Todas estas barreras pueden convertirse en trampas en las que los pobres quedan encerrados. Entenderlas nos permite abrirlas, mediante intervenciones bien elegidas», declaró entonces.

Duflo, que contaba ya en su currículo con el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, una medalla John Bates Clark o el Fronteras del Conocimiento del BBVA, se convierte así en la segunda mujer de toda la historia en lograr el máximo reconocimiento de la disciplina y en la más joven de todos los vencedores. Qué mensaje tan simbólico y poderoso en la disciplina que esa distinción haya pasado de un varón, norteamericano y teórico como Ken Arrow a una mujer, europea y eminentemente empírica.

El premio de hoy es un reconocimiento a un enfoque que hoy cuenta con amplísimo respaldo, pero que durante mucho tiempo fue rechazado con condescendencia por alguno de los ‘popes’ de la Economía y la ayuda al desarrollo. Los que trataban de cambiar el mundo desde el sofá, en vez de remangarse y sudar en el terreno para comprender la realidad.

El enfoque experimental también generó suspicacias entre algunas corrientes ideológicas, que trataban y tratan de explicar todos los fenómenos desde un mismo prisma englobador. Los tres ganadores, en cambio, sostienen que la lucha para aliviar o erradicar la pobreza no se trata de «una cruzada, con un enemigo bien identificado y específico, ya sea el ‘capitalismo salvaje’, los gobiernos deshonestos, el exceso de reglamentación, el hambre o la malaria. Todo esto probablemente tiene algo que ver con la persistencia de la pobreza. Pero ninguno de los factores es fácil de solucionar y, más importante aún, incluso si se lograra, la pobreza todavía estaría con nosotros».

Duflo y su equipo, que en 2013 recibieron el Daviz Prize, con un millón de dólares, apuestan por un enfoque práctico y concreto. Similar, pero no igual al de otros expertos célebres, como Angus Deaton, premiado en Estocolmo en 2015.

«La lucha contra la pobreza consiste en combatir, con paciencia y deliberación, los muchos problemas que hacen que la vida de los pobres sea difícil: las malas escuelas, el agua sucia, las enfermedades infecciosas, los caprichos del clima y otros desastres naturales, el saneamiento deficiente, la falta de habilidades, la corrupción a pequeña escala, los baches de una carretera. La lista es interminable». sostiene el trío vencedor.

Por eso abogan, en vez de por dedicar cientos de millones en políticas tan bien intencionadas como a menudo inefectivas e improvisadas, por determinar qué funciona y qué no mediante experimentos ad hoc, desde el uso de vacunas en la India al de mosquiteras en Kenia.

La esencia de su trabajo es «intentar que la lucha contra la pobreza se sustente en evidencias científicas. A menudo se hace una caricatura de la pobreza y la gente que trata de ayudar no entiende el fondo de los problemas. Se supone que están desesperados o que no son emprendedores. Pero no intentamos entender las raíces interconectadas que lo explican. Nosotros tratamos de abordar los problemas de uno en uno, vigorosamente y científicamente. Para entender las razones de problemas particulares, de las crisis, qué funciona, qué no y por qué», ha señalado Duflo esta mañana, declarándose abrumada y sorprendida por el galardón, habitualmente asociado a gente de más edad.

Su filosofía se podría simplificar, con muchísimos matices, en la necesidad de descartar dogmas y grandes sentencias. Ni la ayuda es siempre útil ni siempre inútil. Ni con Jeffrey Sachs ni con William Easterly. Lo mejor de los dos mundos.

Para ellos, la única forma de saber qué hace falta, cómo y cuándo es verlo en la práctica. Y por eso han pasado buena parte de sus carreras en África o en India. No hay receta mágica, y lo que vale en Sri Lanka puede fracasar en Swazilandia. Hay elementos políticos, culturales, económicos, geográficos. Todo pesa y todo debe ser calibrado. Los recursos son finitos, los problemas monumentales, y por eso es necesario un método científico que permita averiguar qué estrategia es la mejor para mantener a los niños en los colegios, mejorar la tasa de vacunación. ¿Llevar la sanidad a cada pueblo o pagar a los padres? ¿Ambas o ninguna?

En sus primeras palabras, Duflo, la más conocida fuera del mundo académico de los tres, ha apuntado que la ayuda a los menos favorecidos en necesaria, pero debe ir de la mano de aperturas. Y ha puesto como ejemplo las trabas que la UE pone para que productores africanos, sin ir más lejos, accedan a unos mercados demasiado protegidos.

Kremer tiene por su parte un ‘paper’ muy conocido y celebrado en el que aborda en qué casos un Estado debe comprar una patente para ponerla a disposición pública, y cuánto debería pagar por ella.

Al recibir el Princesa de Asturias en 2015, el año de la crisis por la llegada de refugiados, Duflo afirmó que esa situación nos enfrenta «con una realidad que en muchas ocasiones preferimos olvidar: sean cuales sean nuestras dificultades, los problemas que otros padecen en países que no están tan lejos como parece, son mucho más urgentes y mucho más graves. Y en un mundo cerrado no podemos permitirnos el lujo de darles la espalda».

En la rueda de prensa desde Estocolmo le han preguntado a Duflo qué iba a hacer con el dinero del premio. Ella ha recordado que Marie Curie, con el suyo, compró un gramo de radio para seguir investigando. «Tendremos que averguar cuál puede ser nuestro gramo de radio», ha concluido en un bonito homenaje.

En toda la historia, apenas hay otros cinco casos de matrimonios o parejas, como la que forman ella y Banerjee, que consiguen un reconocimiento. Gunnar Myrdal y su esposa lo obtuvieron, pero él el de Economía en 1974, mientras que ella el de la Paz en 1982.

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