Una de las mayores críticas de la globalización es que la desigualdad ha aumentado.

POR Luis Solís /@Luis_Summa

Desde la caída de la Unión Soviética, en 1991, comenzó a tomar fuerza el concepto de una economía global, impulsado principalmente por Estados Unidos. Se abrieron los mercados y las marcas se expandieron por todo el orbe, lo que aumentó el consumo y las exportaciones. Ahora, a raíz de la pandemia del COVID-19, las cadenas de suministros se han roto por las medidas de confinamiento y el cierre de fronteras, poniendo a prueba al sistema. Muchos actores se preguntan si es el momento de dar un paso atrás y revalorar los beneficios del autoabastecimiento.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal), cree que la globalización, “al menos como la conocíamos, definitivamente va a ser distinta”. Se avecina un cambio en los modos de producción y en los modos de consumo.

¿Qué es la desglobalización?

Expertos señalan que este proceso consiste en que los países se retrotraerán hacia sí mismos, en una maniobra coyuntural. La pandemia ha impulsado tendencias proteccionistas, la caída de las inversiones extranjeras directas y del comercio mundial. Tanto las personas como las compañías se han dado cuenta de la dimensión de los riesgos que han venido tomando. Existe una combinación de factores que harán que la industria manufacturera occidental empiece a traer de vuelta a casa parte de los trabajos que había optado por hacer en el extranjero, al amparo de condiciones competitivas que están cambiando (reshoring, en inglés). La guerra comercial (principalmente entre EE. UU. y China), combinada con la pandemia del coronavirus, hace que muchas consideren el reshoring con mayor seriedad.

En el peor de los casos, se acelerará el repliegue del comercio internacional. Los exportadores ya están reconfigurando sus cadenas de suministros y acercando producción a costa de eficiencias. Los importadores subirán barreras arancelarias en respuesta. Este proceso ya había comenzado con la guerra comercial y todo indica que Asia y Occidente se aislarán mutuamente. ¡Caerá un telón de acero económico sobre el mundo!

En declive

El 2019 fue el año que marcó el pico más alto en la fragmentación de la cadena de suministros. Algunos factores como las impresoras 3D, la automatización, las entregas rápidas y el proteccionismo ya los hacían sentir. Al parecer, COVID-19 solo aceleró el proceso. La preocupación ahora no es si estos cambios van a ocurrir o no, sino cuán profundos serán y cómo se van a manejar. La Unión Europea señala en un comunicado de prensa que es muy pronto para sacar conclusiones, no obstante, asegura que habrá un antes y un después de esta crisis.

“Nadie sabe cómo saldremos, pero se escribirá un nuevo mundo basado en otras reglas. Seremos más autónomos en ciertas áreas críticas. Las relaciones bilaterales se revisarán”, establece el documento.

¿En qué posición queda América Central?

La región no está exenta de choques económicos por el tema, pero existen oportunidades que se podrían explotar en esta nueva etapa.

La pandemia mostró a las empresas con operación global que deben enfocarse nuevamente en regiones con centros de distribución más cercanos a los puntos de venta. América Central, por ejemplo, vuelve a ser atractiva para establecer hubs de distribución y producción para las empresas de Norteamérica, en especial aquellas que tenían grandes operaciones en China.

Ahora bien, los gobiernos deben trabajar para ofrecer las mejores condiciones a las compañías y reforzar su seguridad jurídica si quiere volverse atractivos en esta nueva era.

La OCDE sobre el COVID-19 y sus impactos económicos

  • El mayor impacto de las restricciones de contención será en el comercio minorista y mayorista, así como en los servicios profesionales e inmobiliarios, con diferencias notables entre países.
  • Los cierres de empresas podrían reducir la producción en las economías emergentes más avanzadas en un 15% o más; las menos avanzadas podrían experimentar caídas del 25%.
  • Los países que dependen del turismo podrían verse más afectados, mientras que los que tienen grandes sectores agrícolas y mineros podrían experimentar efectos menos graves.
  • Los efectos económicos probablemente variarán de un país a otro, reflejando diferencias en el tiempo y el grado de las medidas de contención.

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