Estos son algunos consejos que sugiere la experta.

Por Estrella Flores Carretero

No todo el mundo puede trabajar en remoto, pero, cuando la tarea lo permite, es una opción que muchos prefieren porque les facilita conciliar su vida personal y laboral, porque reduce el estrés y porque tiene beneficios para todos: disminuye el tráfico y la contaminación, los accidentes, los costes para la empresa y para la persona que no tiene gastos de desplazamientos ni comidas… En cuanto a la productividad, las cifras son controvertidas. Mientras unos estudios afirman que se incrementa, otros son tajantes: cae hasta un 20%.

La estadística es difícil de unificar si tenemos en cuenta las diferencias abismales entre unos países y otros, así como entre personas, empresas y tipos de trabajo… Sea como fuere, teletrabajar resulta una necesidad en tiempos de pandemia y es también una elección que debe brindarse, e insisto, siempre que sea compatible con el tipo de empresa y se pueda. Es una manera de aumentar su bienestar laboral y su fidelización a la empresa.

Sin embargo, hay algo que debe preocupar a los departamentos de Recursos Humanos: ¿Cómo mantener la cohesión de los equipos que no están juntos físicamente? La clave está en cuidar las emociones. Estos son algunos consejos que sugiero:

Invertir en tecnología. Se trata de buscar la mejor plataforma tecnológica, sí, pero también de complementar varias, en las que se pueda chatear, tener comunicación instantánea, publicar fotos o mensajes sin esperar a la reunión «formal». Así, las personas no se sienten solas, sino que pueden bromear o pedir ayuda como si estuvieran con alguien a su lado. Es preciso facilitar el acceso a estas plataformas y formar para su uso, contar con ordenadores domésticos que se oigan, se vean con calidad y brindar apoyo tecnológico para cada trabajador en remoto.

Hacer reuniones de trabajo y de emociones. Si puede ser, es preferible hacer encuentros diarios breves. Una reunión virtual de no más de 15 minutos cada mañana es muy recomendable porque facilita la interrelación del equipo y el conocimiento de lo que hay que hacer, por qué y para quién. Además, nos hace ver que tenemos colegas, que no estamos solos. Hay que programar también una reunión semanal más extensa, donde haya tiempo para hablar de trabajo y de más cosas: de la situación personal, los miedos, las dificultades, las aficiones, las diversiones… Los encuentros online deben ser multitudinarios y también entre dos o tres, para aumentar el tiempo de conversación de persona a persona y descubrir nuestro lado emocional.

Mentorizar y emparejar. Hay que crear parejas de trabajo en las que uno pueda ayudar a otro, sobre todo si es nuevo, pero también si tiene dificultades con la tecnología o si atraviesa una situación personal complicada. Los líderes deben propiciar ese emparejamiento productivo y de calidad humana entre una persona paciente y otra con tendencia al estrés, entre quien ve dificultades y quien encuentra oportunidades, entre el creativo y el resolutivo, etc.

Evitar malentendidos. Vernos en una pantalla no sustituye a un abrazo. Por eso, ahora hay que ser más emocional, expresar con palabras los sentimientos, cuidar la claridad, la expresión corporal…  y no dar cabida a las distorsiones. Facilitar la comunicación mediante cuestionarios que luego se pongan en común y tener abiertos todos los canales de comunicación es ahora más importante que nunca.

Celebrar juntos. Cuidar las emociones es hacer que cada trabajador se sienta valorado y comprendido en sus necesidades, pero también dar oportunidades para el juego, la camaradería y las risas. Las conferencias de trabajo también deben servir para socializar, tomar un café juntos (aunque cada uno esté en su casa), hacer preguntas y dar respuestas. Esto es, lograr que cada uno sepa que cuenta con su equipo para trabajar y compartir emociones. Bécquer, el poeta, lo expresó muy bien: «la soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo».

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