Cuando en un equipo no reina la inteligencia emocional colectiva, se instala la falta de productividad.

Por Estrella Flores Carretero

Para conseguir un buen equipo de trabajo, no basta con sumar personas que tengan habilidades emocionales como individuos. Lo hemos visto a menudo en los grupos de música: gente brillante que se muestra incapaz de superar conflictos o de mantener a raya su ego. Los equipos de trabajo necesitan aprender a gestionar grupalmente el objetivo para obtener el éxito.

Hay quien puede desempeñar a solas su trabajo, como los escritores, los pintores…, pero lo normal es que tengamos que desenvolvernos en equipos colaborativos, para los que es preciso contar con competencias específicas y habilidades emocionales diferentes de las que se requieren en la vida personal o social.

Las organizaciones deben tener muy en cuenta cómo constituir equipos de trabajo en los que sus integrantes no solo sean competentes como individuos o como profesionales, sino como miembros cohesionados en un proyecto conjunto.

Emociones básicas para los equipos

Cuando en un equipo no reina la inteligencia emocional colectiva, se instala la falta de productividad, la desmotivación, el conflicto…; en definitiva, estamos ante un grupo abocado al fracaso. Por eso, resulta imprescindible prestar atención a estos puntos:

Organización: Un aspecto fundamental es elegir cuidadosamente a los miembros que van a integrarlo, no solo entre las personas con altas capacidades emocionales, sino seleccionando individuos proactivos, que puedan motivar a los demás y que tengan habilidades en la resolución de conflictos. Es primordial definir bien el objetivo común y tenerlo siempre presente, saber que se trabaja en una sola dirección; para ello resulta básico establecer claramente las tareas de cada miembro con el fin de que no existan jerarquías innecesarias.

Importante: para que el equipo funcione debe tener autonomía, tomar sus
propias decisiones sin excesiva supervisión, pero cumpliendo el objetivo.

Comunicación sincera: Hay que poder hablar de todo, con libertad y confianza, de lo que afecta a cada uno, de las necesidades individuales, de los temores, de los estados felices y de los dolorosos… Quien es capaz de reconocer sus sentimientos y de expresar abiertamente sus emociones puede aceptar las de los demás. La comunicación sincera permite tanto detectar problemas como buscar soluciones respetuosas para todos, con independencia de las diferencias personales, profesionales o culturales.

Sentido de la justicia: El reparto de tareas en un equipo solo funciona cuando sus miembros tienen un arraigado sentido de la justicia. De este modo, habrá solidaridad y comprensión hacia las necesidades individuales, apoyo entre unos y otros, además de un mayor sentido de la cooperación.

Las personas justas reconocen los logros de los demás, un factor esencial en la gestión emocional de los equipos.

Amor por el trabajo: La automotivación es una cualidad de las personas emocionalmente competentes. Cuando se trabaja en equipo, el logro individual queda en un segundo plano y ya no se piensa en el yo, sino en el nosotros. De este modo, no hay lugar para la rivalidad personal, sino satisfacción en el éxito conseguido entre todos.

Cuando las habilidades emocionales individuales trascienden a las grupales, el total es mucho más que la suma de las partes.

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