El índice mapea el panorama de competitividad de 141 economías a través de 103 indicadores organizados en 12 temas.

Por Daniel Rosales

La competitividad de las economías de Centroamérica tuvo una fuerte caída en el reciente Informe de Competitividad Global 2019 del Foro Económico Mundial (FEM).

De acuerdo con el reporte, 10 años después de la crisis financiera mundial, la economía mundial permanece encerrada en un ciclo de crecimiento de productividad bajo o plano a pesar de la inyección de más de US$10 billones por parte de los bancos centrales. Este reciente informe presenta una imagen sombría, pero también muestra que aquellos países con un enfoque holístico a los desafíos socioeconómicos, parecen listos para salir adelante en la carrera hacia la frontera.

Sobre la base de cuatro décadas de experiencia en la evaluación comparativa de la competitividad, el índice mapea el panorama de competitividad de 141 economías a través de 103 indicadores organizados en 12 temas. Cada indicador, usando una escala de 0 a 100, muestra cuán cerca está una economía del estado ideal o «frontera» de competitividad. Los pilares, que cubren amplios elementos socioeconómicos son: instituciones, infraestructura, adopción de las TIC, estabilidad macroeconómica, salud, habilidades, mercado de productos, mercado laboral, sistema financiero, tamaño del mercado, dinamismo empresarial y capacidad de innovación.

Caída de América Central

Cinco de los seis países que integran la región de América Central, tuvieron un descenso en el ranking.

Guatemala pasó del puesto 96 en la edición 2018 al 98 en 2019, El Salvador descendió 5 puestos al ubicarse en la casilla 98 el año anterior y posicionarse en la 103 en este año, por su parte Honduras fue la excepción, logró mantenerse en el puesto 101 durante dos periodos consecutivos.

Nicaragua también sufrió un descenso al pasar de la casilla 104 a la 109, respectivamente. Costa Rica sufrió un fuerte impacto al pasar del puesto 55 en 2018 al 62 en 2019. Finalmente Panamá también tuvo una caída del puesto 64 al 66 en el mismo periodo.

No obstante, en la región Caribe, República Dominicana tuvo un gran avance de 4 puestos, pasando del puesto 82 al 78 respectivamente.

Según el FEM, las debilidades persistentes en los impulsores del crecimiento de la productividad se encuentran entre los principales culpables. En las economías avanzadas, emergentes y en desarrollo, el crecimiento de la productividad comenzó a disminuir en 2000 y se desaceleró aún más después de la crisis. Entre 2011 y 2016, el «crecimiento total de la productividad de los factores», o el crecimiento combinado de insumos, como recursos y mano de obra, y productos, creció un 0.3% en las economías avanzadas y un 1.3% en las economías emergentes y en desarrollo.

La crisis financiera se sumó a esta desaceleración a través de la «histéresis de productividad», los efectos retardados de larga duración de las inversiones que se ven socavadas por la incertidumbre, la baja demanda y las condiciones crediticias más estrictas. Más allá de fortalecer las regulaciones del sistema financiero, muchas de las reformas estructurales diseñadas para revivir la productividad prometidas por los responsables políticos en medio de la crisis no se materializaron.

Así se comportó la región con respecto a los mejores países del ranking en cada sector.

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