En el marco de la actual pandemia, El BANCO CENTROAMERICANO DE INTEGRACIÓN ECONÓMICA (BCIE) se ha consolidado como el proveedor más importante de financiamiento multilateral para los países miembros.

POR Rocío Ballestero

Por 60 años, de forma decidida, el BCIE ha apoyado la integración y el desarrollo de la región, al punto de ser hoy el que aporta cerca del 50% de los recursos de la Banca Multilateral de Desarrollo (BMD) que reciben los países del Sistema de la Integración Centroamericana. Ha estado detrás de proyectos regionales tan relevantes como el Sistema de Interconexión Eléctrica para los Países de América Central (SIEPAC), y ahora también ha sabido responder ante la pandemia.

Este 2020, lanzó tres importantes iniciativas: el Programa de Emergencia de Apoyo, Preparación ante el COVID-19 y Reactivación económica, que dispone de más de US$2.600 millones para financiar esfuerzos tendientes a superar los impactos de la actual crisis sanitaria, el Programa de Operaciones de Políticas de Desarrollo (OPD), orientado a procurar la estabilidad macroeconómica de los países, y, más recientemente, ha anunciado la preparación del Programa de Reconstrucción Resiliente, por US$2.500 millones, en respuesta a las emergencias por desastres naturales.

Además, a mediano y largo plazo, se ha propuesto mejorar el costo financiero de sus créditos, lo cual exige transitar de los mercados de capital tradicionales a los más competitivos, algo que solo las instituciones de mayor confianza pueden alcanzar.

En consecuencia, trabajará en llevar a cabo las transformaciones necesarias para lograr una calificación de riesgo AAA.

“Alcanzar el más alto perfil financiero nos permitirá hacer emisiones de deuda en los mercados internacionales que optimicen el costo de fondeo y consoliden nuestro reciente estatus de emisor SSA (Sovereigns, Supranationals and Agencies), con el cual accedemos a una nueva base de inversionistas, como bancos centrales y de reserva.

Además, esperamos emitir bonos ESG (Environmental, Social and Governance) y captar recursos en monedas locales, así como movilizar fondos mediante esquemas de cofinanciamiento y on-lending”, detalla Dante Mossi, presidente ejecutivo de la entidad.

Adicionalmente, hace énfasis en que para elevar el impacto del BCIE en el mercado es necesario ofrecer productos innovadores y ajustados a las condiciones de cada sector.

Méritos que le permiten avanzar

A finales de septiembre, la agencia Standard & Poor’s (S&P) mejoró su perfil empresarial de “fuerte” a “muy fuerte”, gracias a su suficiencia patrimonial y niveles de liquidez, mientras confirmó su calificación internacional de riesgo de largo plazo en AA, con perspectiva estable. El resultado se ampara en la creciente y diversificada base de accionistas de la institución, el fortalecimiento de su presencia en los mercados internacionales y la implementación de un aumento de US$2.000 millones en el capital autorizado, llevándolo hasta los US$7.000 millones.

La calificadora también valoró la incorporación de la República de Corea como socio extrarregional, a finales de 2019, y el “impecable historial” de acreedor preferente que le han otorgado los países miembros.

“Es muy trascendente que durante este complejo año el BCIE haya podido consolidar ese rango de AA en todas sus calificaciones internacionales, manteniéndose como el de mejor riesgo de toda América Latina. Además, es el primer y único Banco Multilateral de Desarrollo que a la fecha ha logrado implementar un proceso de capitalización para satisfacer demandas generadas por la actual pandemia. Es un logro histórico, considerando el estrés económico que enfrentan los países de la región, evidencia del apoyo irrefutable de los socios”, destaca Mossi.

Otra acción que ha sentado precedente fue la colocación en el mes de mayo de bonos por US$750 millones, la más
grande de su historia. Ahora, para apoyar a la reactivación, se plantea cooperar con sus socios sobre la hoja de ruta para hacer sostenible la economía y el desarrollo social de la región.

Metas hacia el 2024

  • Lograr un crecimiento sostenido de recursos financieros. Proyecta un crecimiento a un ritmo promedio anual del 8%. De esa forma, su capacidad crediticia sería 45% superior respecto al quinquenio previo.
  • Consolidar presencia en los mercados de capital e incursionar en nuevos que ofrezcan mejores condiciones de fondeo. Se propone captar en ellos cerca de US$7.000 millones.
  • Ampliar sus instrumentos crediticios e instrumentar una política de capitalización de largo plazo y reactivar el uso de los fideicomisos para atraer financiamiento no reembolsable de donantes.
  • Concretar US$1.200 millones en asignación dinámica de recursos de fuentes externas a operaciones relacionadas con el cambio climático.
  • Incorporar nuevos socios “altamente calificados e industrializados”, de forma gradual y conveniente. Conllevarían a suscripciones de capital por un monto de al menos US$900 millones.
  • Desarrollar alianzas con organismos multilaterales, agencias de cooperación internacionales y entidades que provean fondos para objetivos específicos, acordes con la estrategia institucional.
  • Alcanzar y mantener un nivel de diversificación geográfica de la cartera donde los préstamos de las cinco mayores exposiciones representen alrededor del 80% de la cartera total, así como en las monedas de emisión.

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