Desde 2009, Ecofiltro comercializa filtros de agua elaborados con barro y aserrín a través de un modelo de negocios que le permite obtener ganancias, así como ayudar a la población de escasos recursos y sin acceso a agua potable.

Por Alejandra Soto

Se trata de un invento creado por el guatemalteco José Fernando Mazariegos, bioquímico que en los años 80, cuando laboraba para el Instituto Centroamericano de Investigación y Tecnología Industrial (ICAITI), creó un filtro capaz de retener 99% de las bacterias y restos fecales.

En un principio el filtro era regalado a familias de escasos recursos a través de una fundación. Sin embargo, los resultados no eran los deseados, por lo que se optó por convertir a Ecofiltro en una empresa social. “Se identificaban comunidades pobres y se regalaba; pero no era raro llegar a una casa y encontrar el filtro como maceta, basurero o todavía en la caja. Entonces yo identifiqué que esa no era una salida viable y dije: ‘lo voy a sacar de la fundación, voy a hacer una empresa social. Ya no voy a ver a las familias como objetos de lástima, sino como clientes potenciales’”, asegura Philip Wilson, CEO de la compañía.

De tal cuenta, Ecofiltro creó distintos modelos para las áreas urbana y rural, y la venta de los primeros permitió subsidiar los que están dirigidos a las poblaciones de escasos recursos. “Identifiqué que la familia típica gastaba unos Q.105 (US$13) mensualmente en métodos para purificar agua. Entonces me pregunté: ‘¿qué pasa si yo logro bajar el precio del modelo rural de Ecofiltro a Q.300 (US$38) y se les vende por pagos para que sea menor a lo que ellos ya están gastando en leña o en garrafones?’ y así fue. Logré bajar el precio, porque los modelos urbanos la gente los pagaba de un solo. Son muy rentables y ya no dependía de donaciones, sino de qué tan efectivo era vender esos modelos”, puntualizó Wilson.

Producción y meta para 2020

La fábrica está ubicada en Ciudad Vieja (Sacatepéquez), en donde se producen de 330 a 340 filtros diarios, utilizando mecanismos amigables con el medio ambiente.

En 2015 las ventas fueron mayores a los US$2 millones y llegaron a 65.000 familias; de las cuales, 70% son del área rural y 30% del área urbana. En los seis años que llevan como empresa han abarcado unas 230.000 familias. “Tenemos como 85.000 clientes urbanos y 173.000 rurales desde 2009. Mientras que con la fundación, como el modelo era de recabar donaciones y regalar, llegábamos solo a 2.000 familias al año”, asegura el CEO de Ecofiltro.

Para 2016, la institución ha duplicado la fuerza de ventas y pretende ampliar la fábrica con la finalidad de llegar a 100.000 familias al finalizar el año. Sin embargo, las metas de esta empresa van más allá; pues se planteó como objetivo principal llegar a un millón de familias en 2020. “Yo estoy muy enfocado en la meta del millón, que Guatemala sea el primer país en desarrollo donde no haya ni una sola familia que no tenga acceso a agua potable. Nosotros pensamos que si eliminamos el problema del agua, Guatemala tiene la oportunidad de prosperar y lo podemos hacer haciendo dinero o sea, no tenemos un conflicto en hacer dinero como empresa y ayudar a los más pobres”, afirma Wilson.

De Guatemala para el mundo

La empresa utiliza métodos sostenibles para alcanzar sus objetivos y comparte sus procesos de producción y estrategias de mercadeo con cualquier grupo externo que esté interesado en solucionar el reto del agua en su país.

De tal cuenta que, en la actualidad, hay 59 fábricas en 38 países en todo el mundo a quienes se les donó la tecnología, pero no pueden utilizar el nombre Ecofiltro. “Nosotros no dejamos que usen nuestro nombre, porque no vamos a estar encargados del control de calidad. Se decidió donarles la tecnología siempre y cuando sean empresas sociales”.

La primera fábrica estuvo en Ecuador, ni siquiera fue en Guatemala y pertenecía a a un grupo que estaba interesado en poblaciones de indígenas en el Amazonas. La segunda fue en Guatemala, la tercera en Nicaragua; de ahí se extendió a Camboya, que tiene tres y luego a otros países como Kenia, Ghana, Sudáfrica, Nigeria, Uganda, entre otros y próximamente Sierra Leona, donde ya tienen montada la estructura.

No obstante, por primera vez van a expandirse como Ecofiltro y a mediados de 2017 abrirán una fábrica en México. “Ya tenemos la oficina en el D.F. Tenemos identificado en dónde se va hacer la fábrica y ahí nos vamos a enfocar no en pobreza rural, sino en pobreza urbana, en Iztapalapa, donde hay 25 millones de personas, uno de los barrios más pobres”, aseguró Wilson.

 

¿Cómo funciona el filtro?

Para su elaboración es necesario barro con características muy especiales de pureza, el cual se mezcla con aserrín de pino y luego se recubre con plata coloidal.

La arcilla crea canales microscópicos dentro de las paredes interiores de la unidad de filtración y atrapa todos los contaminantes que existan en el agua, incluyendo sólidos, bacterias y parásitos.

El aserrín se convierte en carbón activado durante el proceso, elimina todo mal olor, sabor y turbiedad del agua.

La plata coloidal se impregna en la superficie del filtro cerámico después de que este se cose en el horno. Es un bactericida y funciona como una segunda capa protectora para neutralizar los contaminantes.

 

La empresa social

  • El proceso de elaboración de un filtro tarda de 15 a 25 días.
  • Cuenta con 57 empleados directos y muchos más indirectos, la mayoría artesanos.
  • El precio de los filtros del área urbana oscila entre US$78 y US$195, mientras que los del área rural cuestan unos US$38.
  • El inventor del Ecofiltro aún trabaja dentro de la empresa como encargado de investigación.
  • 92% de las ventas son en Guatemala y 8% en El Salvador y Honduras, donde solamente poseen distribuidores.

 

El inicio de Ecofiltro

El proyecto de purificar el agua empezó con la Fundación Familia de las Américas, entidad de la mamá de Philip Wilson que promovía la cloración del agua. Para ello repartían a las familias pastillas de cloro. Sin embargo, se dieron cuenta de que el uso que le daban no era el adecuado, ya que las usaban para lavar ropa, trastos y no les gustaba el sabor; no había aceptación cultural.

La suerte les cambió cuando la hermana de Wilson conoció al inventor del Ecofiltro mientras dictaba una conferencia acerca de su invento. Luego de explicarle lo que sucedía y pedirle su colaboración, José Fernando Mazariegos, decidió “abrir la tecnología al mundo”, compartir su filtro y trabajar junto con la fundación.

En un principio los filtros se regalaban y como fundación dependían de donaciones, así que para obtener resultados más rápido debían cambiar. Fue así como Wilson tomó la decisión de volver Ecofiltro una empresa social, cuyo fin principal fuera ayudar a las comunidades de escasos recursos, pero también ser una compañía rentable, que generara ganancias.

 

¿Y cuándo todos tengan agua potable?

Si bien el objetivo de Ecofiltro es que todos los guatemaltecos tengan agua potable, como empresa debe asegurar su sostenibilidad. Aunque logre llegar a toda la población del país, el filtro debe cambiarse cada dos años. Y por otro lado, está en proceso de expansión. El primer paso es México.

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