Los 24 cantones costeros que más dependen de la pesca se encuentran entre los más pobres de Costa Rica.

Por Revista Summa

El Directorio Ejecutivo del Banco Mundial aprobó ayer un préstamo de US$75,1 millones para respaldar un proyecto de gestión sostenible del sector pesquero en Costa Rica.

El proyecto ayudará a financiar la gestión sostenible del atún y otros sectores pesqueros domésticos de alto valor, a la vez que permitirá la recuperación de la pesca costera para mejorar las oportunidades de empleo de los residentes de esas regiones.

También facilitará una coordinación más estrecha entre las autoridades centrales y locales, así como el desarrollo de la capacidad empresarial en las comunidades pesqueras, identificará y abordará las necesidades de infraestructura resiliente para la descarga y preservación de la calidad y el valor agregado de los productos de origen marino. El objetivo del proyecto es identificar y aprovechar los mercados de mayor valor para la exportación de productos pesqueros y de acuicultura, además de mejorar la calidad del producto para consumo interno.

“Las pesquerías representan una fuente vital de puestos de trabajo para muchas comunidades costeras y este proyecto apunta a capitalizar de forma sostenible los recursos marinos de Costa Rica para impulsar el crecimiento económico y la prosperidad compartida”, dijo Daniel Carrasco, director ejecutivo del Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (INCOPESCA).

Los 24 cantones costeros que más dependen de la pesca se encuentran entre los más pobres de Costa Rica. En los últimos años, la sobreexplotación de los recursos pesqueros en estas zonas derivó en una caída abrupta del volumen y tamaño de la captura. El volumen de pesca se redujo en un 45 por ciento entre 2000 y 2015. La pesca y la acuicultura generaron US$145,4 millones en 2015, 14 por ciento menos que en 2011.

Como resultado, ahora los pescadores artesanales solo encuentran especímenes más pequeños, muchas veces juveniles, en menor cantidad y a un menor precio de mercado. Algunas especies del golfo de Nicoya, como corvinas, pargos, meros y “burritos”, enfrentan una tasa elevada de sobreexplotación. El rendimiento máximo sostenible se alcanzó entre 1964 y 1999, lo que indica que la sobreexplotación lleva décadas.

A diferencia de la pesca costera, los recursos pesqueros de mar adentro dan cuenta de la mayor parte de la captura y de los ingresos públicos, además de representar un gran capital natural sin explotar para el país. En la actualidad, las especies prioritarias como el atún son capturadas por embarcaciones extranjeras con licencia para operar en aguas costarricenses.

“Este proyecto servirá para impulsar al sector pesquero de una manera sostenible, permitiéndole al país un mayor control sobre sus recursos marinos, tanto en el océano Pacífico como en el Caribe”, dijo Oscar Avalle, gerente de país del Banco Mundial para Costa Rica.“Costa Rica es un referente mundial en políticas ambientales y el país está bien posicionado para liderar el desarrollo de instrumentos económicos ambientales en el sector marino que a su vez redunden en beneficios para los pobres y vulnerables”.

La operación, de US$75,1 millones, es financiada por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y es una inversión a siete años.

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