Las cifras de los últimos años muestran un avance significativo en materia de diversificación y uso de fuentes renovables en las energías que mueven a la región.

POR Alejandra Soto y Luis Solís

Un eficiente y barato suministro eléctrico es vital para la competitividad de las economías. Es por eso que muchos países de América Central impulsan la modernización de su matriz energética, con énfasis en las fuentes más respetuosas con el medio ambiente.

Rodrigo Fernández, presidente de la Comisión Regional de Interconexión Eléctrica (CRIE), ve con optimismo los esfuerzos que vienen haciendo para integrar en sus estrategias importantes bloques de energía generada por tecnologías renovables. “Ha sido muy importante procurar mayor independencia energética de los combustibles fósiles para abstraernos de los vaivenes de los precios de los combustibles importados del mercado internacional, en el cual no tenemos incidencia. Sumado a ello, todos los países centroamericanos seguimos en la búsqueda de precios bajos y menores costos de generación para obtener cada vez mejores tarifas de energía que nos permitan hacernos más competitivos y atraer inversiones”, agrega.

De hecho, durante el 2018 el uso de las fuentes renovables registró una cifra récord: aportaron el 60,7% de la producción de electricidad en los ocho países del SICA (medio punto porcentual por encima del valor registrado en 2017), de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Al tiempo que han continuado las instalaciones de nuevas centrales renovables, debe resaltarse que a ese logro contribuyó un régimen de lluvias favorable en El Salvador, Honduras y Panamá, el cual posibilitó una mayor producción hidroeléctrica (el segundo registro histórico más alto).

Sin embargo, la generación por combustibles fósiles aún tiene un peso im- portante del 39,3%. El 60,7% restante se compone de la siguiente forma: hidroeléctrica 40,7%, eólica 7%, geotérmica 5,2%, cogeneración con residuos de biomasa 5,1%, solar fotovoltaica 2,6% y una muy pequeña participación del 0,1% de biogás en vertederos o rellenos sanitarios urbanos.

En términos del total de energía producida con hidrocarburos y combustibles fósiles en 2018 (27.559 GWh), la participación por países fue la siguiente: la Re- pública Dominicana (52%); Guatemala (17%); Honduras (11%); Panamá (9%); Nicaragua (6%), y El Salvador (4%). La producción termoeléctrica convencional de Costa Rica fue de apenas un 1%.

A futuro

Algo de lo más innovador es el tema de baterías para ampliar la capacidad de almacenamiento de energía. Según el presidente de la CRIE, eso vendría a solucionar los problemas por intermitencias que sufren las generaciones de energías eólicas y fotovoltaicas en la actualidad e impactará de forma muy positiva el mix energético.

“Veo una región que aprovecha cada vez más y de mejor forma sus recursos naturales para atender las necesidades de generación de electricidad. Algunas naciones están volviendo a ver al gas natural, lo que provee una generación de base importante que suma al cambio. Además, el uso del Mercado Eléctrico Regional como espacio para transacciones regionales de energía permitirá también que cada país tome lo mejor de la región en beneficio de sus habitantes, optimizando una matriz integrada y que contemple la mayor cantidad de tecnologías posible”, señala el especialista. Agrega que el reto principal, que quizás ha sido poco discutido en nuestro me- dio, es cómo se manejarán de forma eficiente los desechos que se produzcan a raíz de las nuevas tecnologías.

Menos contaminación

Las emisiones se han ido reduciendo de forma paulatina, en la medida que los países van sustituyendo su parque de generación predominantemente térmico hacia opciones amigables con el ambiente; incluso los generadores térmicos han ido adaptando su tecnología para ajustarla a requerimientos internacionales.

Cabe recordar también que cada país del área ha asumido compromisos individuales en las distintas Conferencias de las Partes (COP, por sus siglas en inglés), sistema que los obliga a actualizar sus logros antes de la nueva cita y a seguir ajustando sus tecnologías a los criterios de aplicación internacional. En este sentido, la mayoría se han planteado estrategias de disminución de emisiones, sujetas a continuo monitoreo.

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