La cantidad de hectáreas sembradas con productos orgánicos creció más del doble en los últimos 10 años.

Por Alejandra Soto

En la década de 1990, el producto bandera de la agricultura orgánica guatemalteca era el café. Sin embargo, ante el potencial del nicho, a partir de 2001 los agricultores empezaron a diversificar su oferta, cuya variedad ahora va desde legumbres, hortalizas y frutas hasta semillas, especias y productos apícolas.

El país pasó de tener 95.000 hectáreas debidamente certificadas como orgánicas en 2010, a sumar 200.000 en 2020. Además, ocupa el puesto número 16 entre los mayores exportadores de alimentos producidos sin usar químicos y procesados sin aditivos, según el Programa Orgánico Nacional del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA NOP).

“Esta situación representa muchas oportunidades para el sector agrícola ya que la tendencia del mercado de la producción orgánica es al alza, incluso su ritmo de crecimiento se ha disparado a raíz de este contexto de pandemia por COVID-19. Las personas cada día se preocupan más por consumir pro- ductos que beneficien su salud, que cuiden el medio ambiente y contribuyan a una producción inteligente, haciendo buen uso de los recursos no renovables. Ahora también están interesa- das en adquirir alimentos que fortalezcan su sistema inmunológico”, afirma Lauro Rivera, jefe de Agricultura Orgánica de la Dirección de Fitozoogenética y Recursos Nativos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Ganadería (MAGA). Adicionalmente, destaca que, comparado con los productos convencionales, los orgánicos tienen un valor agregado que va de 20% hasta 100%, dependiendo de su tipo y el mercado destino.

Oportunidad de negocio

Según el MAGA, cultivar bajo esa modalidad promueve alianzas y asociaciones entre productores. Los registrados e identificados en todo el territorio nacional bajo la modalidad de producción orgánica se cifran en 57.776, que a su vez generan 18.230 empleos permanentes y alrededor de 82.543 empleos temporales o indirectos, en especial en los departamentos de San Marcos, Huehuetenango, Quetzaltenango, Quiche, Sololá, Petén, Alta Verapaz y Chiquimula.

Demanda de café diferenciado

El sector cafetalero fue el primero en seguir la tendencia de la demanda de productos orgánicos. Los productores empezaron a optar por certificaciones o sellos que garantizan el cumplimiento de normativas y requisitos de ciertos nichos de mercados internacionales, principalmente los países europeos, en aras de ser parte de su cadena de suministro.

Si bien las mayores oportunidades se identifican en el exterior, en el último año el mercado local también ha manifestado interés en el segmento. “De alguna manera, la pandemia ha llevado a que el consumidor valore o tenga la inquietud de profundizar sobre el origen de los productos que consume y se ha incrementado la preferencia hacia los libres de químicos, incluso en el segmento café. Es algo que resulta muy interesante porque nosotros solo habíamos visto la demanda del exterior”, afirma Roberto Soto, encargado de poscosecha y calidad en la Asociación Nacional del Café (Anacafé).

Retos que enfrenta el sector

  • Establecer un área de fomento para la agricultura orgánica.
  • Incrementar el área de producción orgánica certificada para combatir el deterioro del medio ambiente, provocado por el uso irresponsable de productos químicos y un manejo inadecuado de los recursos naturales.
  • Fortalecer el control, a través de un manual de infracciones y sanciones para evitar que se comercialicen productos con denominación orgánica sin cumplir con las respectivas normas nacionales e internacionales. Implementar un sello nacional de productos orgánicos para mercado interno.

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