Los desafíos que experimenta el sector son enormes. Ha transcurrido un año desde el cierre de las instituciones educativas a nivel mundial por directrices sanitarias y, aunque ya empezaron las reaperturas, la incertidumbre continúa.

POR Alejandra Soto

El panorama de los países de América Central para garantizar la educación de su población y contar con el perfil de los profesionales que requieren siempre ha sido complejo. PreCOVID-19 se reportaba que al menos 258 millones de menores en edad escolar no asistían a la escuela primaria ni secundaria y la tasa de pobreza de aprendizajes en los países de ingreso bajo y mediano era del 53%, lo que significa que más de la mitad de los niños de 10 años no podía leer ni entender un texto simple.

La pandemia ha agravado esa crisis del aprendizaje y es probable que el impacto en el capital humano de la actual generación se prolongue, de acuerdo con el Banco Mundial (BM). En abril de 2020, cuando se cerraron la mayor parte de los centros de estudio, 94% de los estudiantes a nivel mundial, es decir, 1.600 millones, vieron detenido o alterado su proceso de formación.

Al 12 de marzo de este año, la mayoría de los países han logrado reabrir total o parcialmente las escuelas, colegios y universidades, pero la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reporta que 145 millones de educandos siguen afectados. “Este curso lectivo de 2021 nos va a mostrar si aprendimos algo del pasado, donde reinó la improvisación y la creatividad para implementar una respuesta rápida de educación remota. Ya no se vale seguir en lo mismo. Lo que corresponde es garantizar la dinamización de la educación sin descuidar los criterios de calidad”, destaca Lucía Verdugo, oficial nacional de educación de la UNESCO en Guatemala.

“Lo que estamos viviendo solo profundizó ese rezago escolar de la población más vulnerable y de zonas remotas e, infelizmente, vino a agudizar las brechas de aprendizaje existentes entre los países”, añade Rita K. Almeida, líder sectorial de desarrollo humano del Banco Mundial para Centroamérica y República Dominicana.

A este impacto se suman las repercusiones negativas de la contracción económica global sin precedentes en los ingresos familiares, que aumenta el riesgo de deserción escolar y presiona los presupuestos de los gobiernos, con consecuentes reducciones en el gasto público destinado a la educación.

Otra secuela nefasta: debido a la desigualdad en la educación y los aumentos en las tasas de deserción, el Banco Mundial estima que la actual generación de estudiantes podría perder aproximadamente US$10.000 millones por concepto de ingresos, equivalente al 10% del PIB mundial, y los países se desviarán aún más del objetivo de reducir la pobreza de aprendizajes, que podría aumentar al 63%.

Panorama en el nivel terciario

En lo referente a la formación superior, Francesc Pedró, director del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior (IESALC), destaca tres elementos que son considera- dos elementales en la comprensión del escenario que se está viviendo. El primero es la pérdida de aprendizaje de aproximadamente un 15% en las clases virtuales vs. clases presenciales, vinculada a los tiempos de concentración menores, problemas de conectividad y los descansos necesarios. El segundo elemento es la pérdida de matrícula, registrada entre 3% y 10%, teniendo reportes de casos con hasta un 30% menos de estudiantes. Y, por último, la pérdida de equidad, por una mayor deserción de mujeres del sistema.

En el momento más crítico de esta crisis mundial, 220 millones de universitarios se vieron afectados. Pese a que aún no se conoce a cabalidad el impacto total en las tasas de matrícula, se prevén importantes reducciones en el número de estudiantes actuales y futuros, fundamental para el crecimiento de los países.

“Con la crisis es muy probable que muchas personas no tengan opción para invertir recursos y tiempo en educación. Las universidades y la educación superior de la región tendrán un problema de demanda y deben buscar cómo adaptarse rápidamente a las necesidades y a los cambios del mercado laboral y de las economías”, señala Almeida.

Los impactos en la enseñanza y formación técnica y profesional (EFTP) tampoco tienen igual. Según una encuesta del Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la UNESCO, el 90% de los entrevistados informó sobre cierres completos de los centros de EFTP de sus países y falta de continuidad en la capacitación en habilidades prácticas, así como que la evaluación y la certificación de los procesos se vieron particularmente afectados por las medidas de distanciamiento social.

“Algunas instituciones han comenzando a trabajar las prácticas y los laboratorios de manera presencial, cumpliendo por su- puesto con todas las exigencias sanitarias que corresponden. No obstante, las interrupciones han sido un serio problema que acarrea un gran atraso para los estudiantes”, asegura Carlos Alvarado, secretario general del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA).

Otro gran obstáculo ha sido la resistencia de muchos profesores al uso de la tecnología. “Todavía hay un tema de falta de capacidad de adaptación a los medios virtuales. Lo que dicen gran cantidad de docentes es que no tienen formación en tecnología, que no fueron contratados para eso y que volverán a impartir clases cuando puedan encontrarse presencialmente con sus alumnos, así que no han vuelto a su labor, sobre todo en universidades públicas donde hay plazas fijas inamovibles. No se trata de dar cátedra en la pantalla sino de transformar las metodologías de aprendizaje”, añade la especialista de la UNESCO. Además, un reciente estudio del BM acota que si bien se espera que los rezagos se recuperen durante 2021 es algo que está lejos de ser seguro. La disponibilidad limitada de vacunas en Latinoamérica y el Caribe, el hecho de que los estudiantes de educación superior se encuentran entre los más saludables y, por lo tanto, los últimos en prioridad para recibir la vacuna, así como las crecientes preocupaciones relacionadas con las mutaciones en el virus, pueden retrasar significativamente un regreso seguro a las aulas.

Aunque hasta ahora el éxito de la educación a distancia ha sido limitado en la región, su generalización ha obligado a las instituciones a modificar sus estrategias para implementar nuevas formas de impartir los contenidos, acceder a nuevas plataformas y mejorar la conectividad. Además, creó una oportunidad para generar nuevas arquitecturas tecnológicas.

“La educación superior está obligada a generar cambios en sus paradigmas de enseñanza. Son tiempos de mayor solidaridad, de cooperación e integración, tiempos para poder reescribir nuestra historia como humanidad y construir desde ya una nueva normalidad, con un modelo que sea mucho más equitativo, más inclusivo, más verde y donde no dejemos a nadie atrás”, puntualiza Alvarado. Para la líder sectorial del BM, el sistema educativo en América Central debe seguir evolucionando: “Hay que aprovechar el momento para continuar hacia una modernización curricular estructural, que ofrezca una base académica sólida, complementada con competencias socioemocionales”.

De la misma manera, Elena Arias Ortiz, especialista senior en educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), considera que la educación híbrida debe enmarcarse dentro una estrategia más amplia de transformación del sector, que incluya no solo inversión en equipo tecnológico, sino también formación docente, desarrollo de modelos pedagógicos centrados en el estudiante y desarrollo de contenidos y materiales digitales de calidad alineados con el currículo, así como la creación de sistemas de gestión escolar que permitan monitorear y evaluar los aprendizajes de los estudiantes para poder mejorar y/o adaptar la oferta de contenidos, entre otros pilares.

Aprovechar las lecciones de la pandemia

Los países pueden trazar su propio camino asumiendo el compromiso político de llevar a cabo inversiones y reformas en los cinco pilares a fin de garantizar que:

1 Los alumnos estén preparados y motivados para aprender.

2 Los docentes sean eficaces y se sientan valorados.

3 Los recursos de aprendizaje, incluidos los programas académicos, sean diversos y de alta calidad.

4 Las escuelas sean espacios seguros e inclusivos.

5 Los sistemas educativos estén bien administrados.

Fases y prioridades para salir de adelante

1 Continuar garantizando la prestación del servicio en ausencia de posibilidades de presencialidad y, por tanto, la continuidad pedagógica a distancia.

2 Reabrir las instituciones de educación superior, con las limitaciones que impongan las autoridades sanitarias para volver a las actividades pedagógicas presenciales.

3 Reestructurar o generalizar un nuevo modelo de organización de los procesos de enseñanza y aprendizaje, típicamente híbrido, para mejorar la calidad del servicio y la equidad, sacando partido de las lecciones aprendidas durante los últimos meses.

Ventanas de oportunidades

1 Mejorar las capacidades de los docentes para brindar sus clases y hacerlo con éxito.

2 Avanzar en la hibridación (presencial + e-learning) para tener lo mejor de ambos mundos y no imponer alguno.

3 Fortalecer la educación a distancia en los programas de las universidades públicas para ampliar el acceso a la educación superior.

4 Impulsar la cooperación internacional en I+D. Las universidades se han visto abocadas a alcanzar un mayor número de publicaciones virtuales, donde la comunidad científica se une de manera natural para obtener un desarrollo sostenible.

Efectos de la crisis sobre la educación superior

En los estudiantes: El impacto más inmediato ha sido, obviamente, que el cese temporal de las actividades presenciales ha hecho que los alumnos, particularmente los de pregrado y los previstos para nuevo ingreso, se replanten sus planes. Esto ante la incertidumbre de cuánto tiempo vayan a durar los impactos inmediatos sobre su vida cotidiana, afectaciones en su capacidad económica para poder asumir los costos y cargas financieras asociadas al desarrollo de las carreras y la vigencia de las opciones laborales que tenían en mente.

En el profesorado: Sufre importantes afectaciones en lo laboral y en lo profesional. Hay que tomar en cuenta que no todas las instituciones tienen estrategias de continuidad de la actividad docente y, en su ausencia, los contratos temporales pueden quedar rescindidos. Por otra parte, les pesa la expectativa, cuando no exigencia, de la continuidad de sus actividades bajo la modalidad virtual.

El personal no docente, administrativo y de servicios: Representa el sector más vulnerable en cuanto a la posible reducción de puestos de trabajo que, por ejemplo, las universidades privadas tendrían que implementar ante una posible astringencia financiera por la cancelación de aranceles o reducción de matrículas estudiantiles.

Las universidades y centros de estudio: Los esfuerzos realizados para continuar dictando cursos en modalidad virtual han sido notables en todas partes, sin embargo, junto al vector del cambio de modalidad formativa está también el vector de la sostenibilidad financiera de las instituciones.

El sistema: En su conjunto, ha continuado ofreciendo docencia en modalidades pedagógicas que no requieren la presencialidad. No obstante, ante la posibilidad de extender esta situación a una duración prolongada, los efectos sobre los sistemas serán múltiples, desde la perspectiva de la demanda y de la oferta hasta en las dificultades añadidas para la gobernanza.

Pin It on Pinterest

Share This