Vínculos colaterales del salario mínimo

13 marzo, 2018
in Category: Negocios
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Vínculos colaterales del salario mínimo

Vínculos colaterales del salario mínimo

El futuro del trabajo en Panamá plantea retos para los emprendedores, las universidades y el control de la migración.

Por Lineth O. Del Cid T.

Panamá arrancó el año con un polémico aumento en el salario mínimo: 6,5% para trabajadores de grandes empresas y 4,5% para los de medianas y pequeñas. A él tendrán acceso 34% de la fuerza laboral formal del país, es decir, 292.000 trabajadores. Los colaboradores catalogan el alza de insuficiente, mientras los empresarios alegan que afectará la economía porque para hacerle frente tendrán que bajar costos, aumentar el precio de sus productos y servicios al consumidor y hasta reducir personal. Por su parte, el gobierno mantiene que está apegado a los indicadores económicos del país, elogiado a nivel internacional por su crecimiento firme y sostenido.

Durante más de 4 meses, en la mesa de negociación prevalecieron la falta de consenso y las posiciones dispares entre sindicatos y empleadores, por lo que la medida entró en vigencia por decreto ejecutivo. En el ambiente se levanta otra gran interrogante: ¿Ocasionará mayor informalidad?

“No per se, pero se montará sobre una serie de tendencias que se vienen gestando desde hace rato. Los cambios en la estructura encarecen la mano de obra, lo cual conlleva a despidos y obliga al grupo afectado a buscar alternativas desde la informalidad. A ellos se añaden los miles de estudiantes que abandonan los estudios secundarios, junto con los terminan la secundaria e ingresan directamente al mercado laboral, sin optar por formación universitaria, ni técnica”, responde el consultor René Quevedo, experto en planificación, rentabilización y planificación estratégica.

“El año pasado hubo muchos despidos y pienso que este 2018 también se van a dar. ¿Hasta dónde? No lo sé. Quizás no sean tan caóticos, pero sí habrá ciertos sectores afectados”, sostiene Juan Gabriel González, abogado laboral y miembro de la Comisión Nacional del Salario Mínimo por parte de la empresa privada.

Ambos externaron sus apreciaciones en un foro sobre el futuro del empleo, organizado por Diario La Prensa, la firma de abogados Alfaro, Ferrer y Ramírez y Deloitte.

Lo informal sin número
La falta de radares adecuados para medir la informalidad es otro aspecto que causa preocupación.

“Se cataloga como trabajador informal al que no tiene contrato laboral, no tributa sobre renta devengada, ni tiene acceso a la seguridad social. Pero la categoría también la integran los patronos con menos de 5 empleados, el servicio doméstico y los empleados familiares, así como los trabajadores por cuenta propia, que sí cotizan a la Caja de Seguro Social, tienen aviso de operación y pagan impuestos. Hay que diferenciar la informalidad por necesidad del emprendimiento por oportunidad. No podemos poner en el mismo saco al universitario que se está lanzando al mercado, con la empleada doméstica o un vendedor ambulante”, explica Quevedo.

Y va más allá: “El motor del empleo en este país y en el mundo entero es el trabajador independiente, pero se ha trivializado la informalidad a un tema solo de buhoneros y extranjeros, cuando tiene muchos aspectos a tomar en cuenta. Entre ellos, tantos requerimientos del régimen laboral y sus costos, la rapidez para establecer un negocio informal y la falta de barreras para la informalidad, junto con el limitado acceso y el alto costo de crédito empresarial, el desconocimiento del beneficio de la formalidad y la incursión prematura de jóvenes a un mercado laboral para el cual no están preparados”.
Se suma al problema la deserción escolar, la cual alcanza el 56% –no tan diferente al promedio latinoamericano– según un estudio del BID de 2016. Entre 2004 y 2009 hubo más de 7 mil desertores por año; a partir del 2010, el promedio ronda los 13.000. Otro detalle: 95% de los jóvenes de escasos recursos terminan la secundaria y buscan trabajo de inmediato, en vez de continuar la universidad.

“Eso demuestra que tenemos un sistema educativo totalmente divorciado de la calidad laboral y no está generando las competencias que el sector productivo requiere”, enfatiza Quevedo.

El futuro del trabajo

  • Sectores que generarán más empleo en el quinquenio 2015-2020: Logística, Comercio, Turismo, Construcción, Industria y Agricultura.
  • Retos para el desarrollo laboral:
    • Ordenar la migración. Establecer normas de regulación muy precisas.
    • Adecuar la formación profesional a las demandas del mercado laboral. Combatir el distanciamiento que existe entre los entes que forman el talento humano y lo que requieren las empresas. “Hay una oferta inadecuada y, por ende, déficit del talento humano que requiere el país. Debemos cambiar la postura de que es mejor una carrera profesional de más años. No se necesitan tantos licenciados e ingenieros especializados para manejar una empresa, sino personas con las habilidades específicas que se sientan atraídas por la oferta de la organización”, plantea Luis Ernesto Carles, ministro de Trabajo y Desarrollo Laboral.
    • Encarar cambios estructurales para que las empresas puedan ser más competitivas y productivas. Empieza por valorar si es conveniente continuar con horarios de 8 a.m. a 5 p.m. o flexibilizarlos y optar por jornadas rotativas. Los grupos organizados y sindicales deberán evaluar si ello requiere de transformaciones sociales, culturales y jurídicas.
    • Procurar igualdad de salario entre hombres y mujeres por trabajos semejantes. Romper con las brechas de género y reconocer el importante rol de las mujeres dentro de la sociedad, su preparación y habilidades socio-emocionales que aportan a equipos de alto desempeño.
      • Fortalecer la formación técnica. Solo la construcción demandará 25 mil empleados con habilidades específicas. Además, cada vez más empresas compran nueva tecnología para ser más productivas y necesitan personal que las apoye en nuevas áreas del conocimiento. “En un futuro próximo, el 70% de los empleos serán para los técnicos. Es una realidad que se debe hablar con los estudiantes, pues si invierten años en estudiar carreras tradicionales no encontrarán puestos de trabajo. Actualmente, el 64 % de la oferta en las universidades es para estudios profesionales y el resto para competencias técnicas. Eso hay que invertirlo”, sostiene el ministro Carles.
      • Aceptar nuevos modelos empresariales. No pensar en todas las personas que trabajan por cuenta propia como trabajadores informales ya que cada día serán más los que ofrecerán un servicio desde su casa. Esto requerirá cambios en los modelos sociales, estándares laborales y revisión de legislaciones.

      Fuente: Proyecciones 2015-2020 del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral de Panamá.

  • Contraste de agendas:
    • Aspiraciones de los obreros: Ampliar el contenido de la canasta básica e incluir el alquiler de la vivienda y el gasto en diversión. Unificar las regiones del país en una sola. Realizar un aumento general de salarios. Establecer el salario mínimo en US$915 al mes.
    • Planteamientos del sector empresarial: Cambiar la entrada en vigencia del decreto. De no ser factible, otorgar un tiempo prudencial para evitar la situación de no saber cómo aplicar el ajuste salarial – según la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede) puede representar una erogación de US$160 millones adicionales por año para los patronos–. Mantener la competitividad del país y amarrar la variación en el salario mínimo a un aumento en la productividad para que sea sostenible.

    En cifras:

    Salario mínimo + alto: US$4,45 por hora para tripulantes de cabina.

    Salario mínimo + bajo: US$1,53 por hora para pequeñas empresas agroindustriales, agropecuarias, de caza y pesca.

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