Urge un pacto mundial sobre refugiados

20 junio, 2018
in Category: En la mira
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Urge un pacto mundial sobre refugiados

Urge un pacto mundial sobre refugiados

Más de 294.000 solicitantes de asilo y refugiados del norte de América Central se registraron a nivel mundial a fines de 2017.

Por Revista Summa

Las guerras, la violencia y la persecución han conducido a que el desplazamiento forzado en el mundo alcance un nuevo máximo histórico en 2017, por quinto año consecutivo, como consecuencia, entre otras, de la crisis en la República Democrática del Congo, la guerra en Sudán del Sur y la huida hacia Bangladesh de cientos de miles de rohingya desde Myanmar. Los países en desarrollo son, de forma abrumadora, los que más acogida ofrecen.

En su informe estadístico anual Tendencias Globales (Global Trends), publicado hoy, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), eleva a 68,5 millones las personas desplazadas por la fuerza a finales de 2017. De ellas, 16,2 millones se vieron forzadas a desplazarse dentro y fuera de las fronteras de su país durante el año 2017, ya sea por primera vez o de manera reiterada, lo que deja constancia de la magnitud de la población que se está desplazando, equivalente a 44.500 personas cada día, o a una persona cada dos segundos.

El número de refugiados que ha huido de sus países para escapar de los conflictos y la persecución asciende a 25,4 millones de los 68,5 millones de personas desplazadas. Esta cifra supone un incremento de 2,9 millones respecto 2016 y el mayor aumento registrado jamás por ACNUR en un solo año. Por otra parte, los solicitantes de asilo que se encontraban a la espera de una decisión sobre sus solicitudes de asilo a 31 de diciembre de 2017 aumentaron en unos 300.000 hasta alcanzar los 3,1 millones. El número de personas desplazadas dentro de sus propios países fue de 40 millones, una cifra ligeramente inferior a los 40,3 millones de 2016.

En definitiva, en 2017 el número de refugiados en todo el mundo superaba ya la población de Australia, mientras que el de desplazamientos forzados prácticamente igualaba a la población de Tailandia. En todo el mundo, una de cada 110 personas se encuentra desplazada por la fuerza.

El continente americano también está viviendo su crisis de refugiados. Una crisis que en gran medida está siendo invisibilizada. Entre los principales desafíos de la región se encuentran los movimientos de personas en el norte de Centroamérica y México en donde se observa un drástico incremento de solicitantes de asilo y refugiados, debido principalmente a la violencia del crimen organizado en sus países de origen.

Más de 294.000 solicitantes de asilo y refugiados del norte de América Central se registraron a nivel mundial a fines de 2017, un aumento del 58 por ciento en comparación con el año anterior. Esto es dieciséis veces más personas que al final del 2011.  Entre 2011 y 2017, 350.00 personas del norte de Centroamérica solicitaron refugio a nivel mundial. De estas, casi 130.500 se presentaron solo en 2017. La gran mayoría de los que huyen de El Salvador, Guatemala y Honduras, buscan la protección bajo el estatuto de refugio desplazándose a Belice, México, Estados Unidos en el norte o hacia  Costa Rica y Panamá en el sur.

A su vez, la compleja situación socioeconómica y política en la República Bolivariana de Venezuela ha causado que más de 1,5 millones de venezolanos se desplacen a los países vecinos y más allá. Sus principales destinos fueron Brasil, Colombia, Costa Rica, México, Perú, España y los Estados Unidos de América. Según cifras proporcionadas por los gobiernos anfitriones, más de 166.000 venezolanos presentaron solicitudes de asilo desde el comienzo de 2015, de las cuales tres cuartas partes fueron en 2017. Sin embargo, se considera que la mayoría se encuentra en una situación irregular. Varios países de la región latinoamericana han establecido medidas alternativas de protección como el permiso de residencia temporal, visa de migración laboral, visa humanitaria y acuerdo regional de visa para permitir a las personas permanecer en el país y tener acceso a sus derechos. El ACNUR está trabajando con gobiernos y otros socios en América Latina y el Caribe para establecer una respuesta coordinada e integral a la situación de Venezuela.

En 2017, Colombia se mantuvo como el país con la mayor población de desplazados internos del mundo. Según el Gobierno colombiano, se registraron 7,7 millones de desplazados internos en el país desde 1985. Las regiones más afectadas por el desplazamiento, debido principalmente a la violencia entre los grupos armados ilegales, son la Costa del Pacífico y las regiones fronterizas. Muchos de los recientes desplazamientos de grandes grupos están teniendo lugar en regiones donde las comunidades han sido desplazadas varias veces en los últimos 20 años. Los grupos de población más afectados son: niños y adolescentes, mujeres, indígenas y afrocolombianos. Muchas de estas personas se han visto obligadas a huir hacia otros países y solicitar protección internacional.

En Costa Rica, durante el 2017 se recibieron 6.337 nuevas solicitudes de refugio, 1.867 solicitudes más con respecto al año anterior.  De esas 6.337 nuevas solicitudes, 50 por ciento corresponden a personas venezolanas, seguidas por solicitudes de personas del norte de Centroamérica (30%), Colombia (12.3%) y otras nacionalidades (7,7%). La cantidad total de personas refugiadas en Costa Rica al 31 de diciembre del 2017 fue de 4.493; de la cuales (52.4%) son de nacionalidad colombiana, seguidos de personas del norte de Centroamérica (18.4%), 10% de Nicaragua, 8,4% de Cuba, 7,6% de Venezuela y 3.2% de otras nacionalidades.

Ante esta situación, y coherente con la tradición de respeto a los Derechos Humanos y acogida a las personas refugiadas, Costa Rica ha elaborado un Marco de Respuesta Integral a las Refugiados según los lineamientos de la Declaración de Nueva York (2016)conocido como MINARE. Dicho marco es producto de una consulta nacional con los más amplios sectores de la sociedad incluyendo representantes del sector público, sector privado, sociedad civil, Academia y grupos basados en la fe.

El MINARE aglutina y cohesiona las políticas nacionales en materia de refugiados, identificando brechas y proponiendo soluciones para una respuesta integral y más eficaz.  Estos esfuerzos han sido recientemente reconocidos por el Alto Comisionado, Filippo Grandi como “un modelo de protección e integración para refugiados urbanos en países de renta media de acuerdo al derecho internacional” y constituye el aporte de Costa Rica al Marco Regional Integral para Refugiados (MIRPS) y al Pacto Mundial para Refugiados.

El gobierno de Costa Rica y la sociedad costarricense en su conjunto, realizan este esfuerzo con la firme convicción de que las personas refugiadas son una responsabilidad compartida con todos los estados miembros de las Naciones Unidas y que la comunidad internacional sabrá apoyar al país en la profundización de las mejores prácticas a través de una cooperación técnica y financiera más robusta y predecible.

“Estamos en un punto de inflexión y para que la gestión del desplazamiento en el mundo tenga éxito es necesario un nuevo enfoque mucho más integral, que no deje solos a los países y a las comunidades frente a estas situaciones”, afirmó el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi. “No obstante, aún hay motivos para la esperanza. Catorce países están aplicando ya un nuevo plan de respuesta para las crisis de refugiados.  De estos países, seis son latinoamericanos: Belice, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México y Panamá. De aquí a unos meses, el nuevo Pacto Mundial sobre Refugiados estará listo para su adopción por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Hoy, en la víspera del Día Mundial del Refugiado, me dirijo a los Estados miembros para pedirles que lo apoyen. Nadie se convierte en refugiado por elección, pero cada uno de nosotros sí podemos elegir cómo ayudar.”

El informe “Tendencias Globales” se publica anualmente en todo el mundo en torno al  Día Mundial del Refugiado (20 de junio) y analiza los desplazamientos forzados en base a los datos recopilados por ACNUR, los gobiernos y otros socios. El informe no examina el contexto global en materia de asilo, cuestión sobre la que ACNUR informa por separado y que aun en 2017 ha registrado incidentes en materia de devoluciones forzosas, politización y estigmatización de refugiados, casos de encarcelamiento o negación del permiso de trabajo, o incluso el rechazo de varios países al uso del término “refugiado”.

En todo caso, el informe Tendencias Globales ofrece numerosas perspectivas e informaciones que por ejemplo evidencian la confrontación entre la percepción y la realidad de los desplazamientos forzados. Entre otras, se cita la creencia errónea de que la mayoría de desplazados se encuentra en países del hemisferio norte. Los datos demuestran lo contrario, pues el 85% de los refugiados se encuentra en países en desarrollo, muchos de los cuales son extremadamente pobres y apenas reciben ayuda para atender a estas personas. Cuatro de cada cinco refugiados se queda en los países vecinos al suyo.

Los desplazamientos a gran escala más allá de las fronteras del país también son menos frecuentes de lo que podría pensarse con 68 millones de personas desplazadas en el mundo. Casi dos tercios de quienes se ven forzados a huir son desplazados internos que no han salido de sus propios países.

El informe estadístico Tendencias Globales ofrece asimismo otras dos importantes aportaciones: la mayoría de refugiados vive en zonas urbanas (58%) y no en campos o áreas rurales; y la población desplazada a nivel mundial es muy joven (el 53% son niños y niñas, muchos de ellos no acompañados o separados de sus familias).

Lamentablemente, las soluciones para abordar esta situación siguen siendo insuficientes. Las guerras y conflictos continúan siendo las principales causas de desplazamientos, al tiempo que se han constatado pocos progresos para el restablecimiento de la paz. Sin embargo, cerca de cinco millones de personas pudieron volver a sus hogares en 2017, siendo la gran mayoría desplazados internos, aunque muchos lo hacían bajo coacción o en condiciones precarias. Además, dada la reducción en el número de plazas de reasentamiento ofrecidas por los Estados, el número de refugiados reasentados se redujo en más del 40% en todo el mundo, logrando alcanzar tan solo a unas 100.000 personas.

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