Tensiones comerciales retardarán crecimiento de América Latina y América Central pero…

3 enero, 2019
in Category: Economía
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Tensiones comerciales retardarán crecimiento de América Latina y América Central pero…

Tensiones comerciales retardarán crecimiento de América Latina y América Central pero…

Nuborrones en el horizonte.

COORDINACIÓN Rocío Ballestero TEXTOS: Rocío Ballestero, Minerva Bethancourth, Jenny Lozano, Ana Elsy Mendoza, Mario Rueda, Luis Solís y Alejandra Soto

El 2019 se inaugura con voces de alerta de organismos internacionales y preocupación por parte de economistas y empresarios sobre el peligro que representa la guerra comercial entre las dos naciones más poderosas del mundo para la economía global y la de América Latina.

Desde julio de 2018, Estados Unidos impuso cargas adicionales a productos de China por un valor de US$250.000 millones y amenaza con seguir hasta castigar al resto de sus importaciones, que en 2017 sumaron US$505.000 millones. El gobierno de Pekín no ha dado el brazo a torcer e impuso aranceles por un valor de US$110.000 millones a productos estadounidenses y ha dicho que no piensa claudicar ante las demandas de otros países y que “nadie” está en posición de dictarle lo que debe hacer.

Si bien el año pasado culminó con una tregua, ya que en la cumbre del G20 los presiden- tes Donald Trump y Xi Jinping acordaron posponer nuevas acciones hasta febrero de 2019 y sentarse a conversar, la incertidumbre continua y algunos países en América Latina podrían verse afectados por las alteraciones en la cadena de suministro y los consumidores terminarían pagando más por determinados productos.

“Las consecuencias de la es- calada de las acciones comerciales son innegables: subida de precios en China y Estados Unidos, menos poder de compra para los consumidores en esos países, costes de producción más altos, mayor volatilidad en los mercados financieros y posiblemente tipos de interés más altos”, señala Jean-François Perrault, economista jefe de Scotiabank.

Para la Cepal, aunque de momento las tensiones comerciales solo se han visto refleja- das en moderadas revisiones a la baja del volumen proyectado de comercio mundial y de la actividad económica global para el año 2019, constituyen una amenaza para la actividad económica regional, los precios de las materias primas y las propias condiciones financieras globales, que suelen estar vinculadas a la mayor o menor percepción de riesgos. “Ante ese escenario internacional, la demanda interna jugará un papel im- portante en el crecimiento de la región durante 2019. Aunque con diferencias entre países, se espera un mayor aporte de la inversión y también que el consumo privado siga siendo un motor relevante”, reza su análisis.

Laurence Boone, economista en jefe de la OCDE, considera que ya hay efectos negativos sobre la confianza y los planes de inversión por lo que es apremiante que los países pongan fin a la tendencia a un mayor proteccionismo, consoliden el sistema de comercio internacional que se basa en reglas mundiales y fomenten el diálogo internacional, lo cual infundirá certidumbre a las empresas para seguir expandiéndose.

Política económica de Estados Unidos

La elevación de tasas de interés en el mercado estadounidense ha llevado a una caída drástica en los flujos netos de capital hacia Latinoamérica, el fortalecimiento del dólar y la depreciación de la mayoría de las monedas domésticas de los países emergentes.

“En este momento se está desarrollando una dinámica simple en la economía global: Estados Unidos está en auge, mientras que la mayoría del resto del mundo se ralentiza o incluso se estanca. Las tensiones causadas por esta divergencia están incomodando en muchos mercados emergentes”, señala en un informe Janet Henry, economista jefa global en HSBC.

“La situación general es preocupante. El entorno internacional es poco favorable y hemos encontrado baches en el camino a la recuperación. La fragilidad latinoamericana vuelve a poner en evidencia la necesidad de que se adopten reformas para garantizar que pueda elevar sus muros de contención para resistir choques externos y mejorar la gestión de riesgos, desde turbulencias financieras hasta desastres naturales”, señala Carlos Végh, economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

“El viraje hacia políticas más proteccionistas y un endurecimiento repentino de las condiciones financieras mundiales podría ensombrecer mucho las perspectivas de crecimiento”, añade un reporte del FMI.

La última proyección del Banco Mundial (BM), de octubre de 2018, apunta a que la región de América Latina y el Caribe (LAC) crezca 0,6% en 2018 y 2,1% en 2019 (en mayo era de 2% y 2,8%, respectivamente). Excluyendo Venezuela, esas cifras serían 1,6% y 1,9% para los años en  mención, mientras que el Fondo Monetaria internacional (FMI) lo cifra en 1,2% y 2,2%, respectivamente, y la Cepal en 1,3% y 1,8%.

La crisis macroeconómica iniciada en abril en Argentina, la incertidumbre y desaceleración del crecimiento en Brasil y el continuo deterioro de la situación económica y social en Venezuela se suman a los hechos que conspiran contra un escenario más optimista, junto con dudas sobre la sostenibilidad de algunas reformas claves en México. En el otro lado de la balanza, la mejora de los términos de intercambio en el último año y el repunte de la confianza de los consumidores y las empresas han estimulado las perspectivas de crecimiento en algunas economías andinas (como Colombia, Chile y Perú) y en el Caribe la actividad está recuperándose como consecuencia de un cierto aumento del turismo. Los sólidos crecimientos de Estados Unidos y China –ya más lento, pero aún superior al 6,0%– y una recuperación en los precios de las materias primas también auspician beneficios para la región.

“Precaria” situación fiscal

Aunado al deterioro del ambiente financiero internacional, informes del BM señalan que 29 de los 32 países muestran balances fiscales negativos. La deuda pública supera el 60% del producto interior bruto de la región en su conjunto y seis naciones tienen tasas de endeudamiento superiores al 80%.

“Eso ha llevado a que Fitch, por ejemplo, rebaje la calificación crediticia de siete países, incluidos Brasil y Chile, y eleva la prima de riesgo. El acceso y el costo del crédito internacional se complica, justo cuando más se necesita. Eso significa que no se podrá gastar más, pero sí habrá que hacerlo mejor”, añade.

Además, sostiene que una deuda mayor reduce el espacio fiscal y limita la posibilidad de utilizar la política fiscal como una herramienta de política contracíclica, en un momento en el que muchos bancos centrales sienten la necesidad de aumentar las tasas de interés para defender la moneda doméstica o, al menos, asegurar una “depreciación ordenada”.

En cuanto a la inversión extranjera, alcanzó un máximo de US$49.600 millones en enero del 2018 y se redujo, drásticamente, a US$18.800 millones en agosto de ese año, agravada por nervio- sismo en los mercados de bonos internacionales con respecto a la situación de Argentina, Turquía, y Sudáfrica.

¿Qué pasará con el petróleo?

Precio promedio estimado: US$74 por barril, ligeramente superior al valor promedio de 2018 (US$72 por barril). En Estados Unidos se espera una producción de petróleo robusta, mientras que en Irán y Venezuela pueden llegar a observarse pérdidas de producción. La demanda mundial se mantendrá estable.

Sobre productos básicos agrícolas

En virtud de la amplia oferta y las tensiones comerciales los precios de los productos alimentarios y las materias primas cerrarán en 2018 con un descenso marginal. Eso se verá contrarrestado por un aumento del 1,6 % este 2019. Sin embargo, podrían caer más de lo previsto si se intensifican las fricciones en el comercio mundial.

“La región no tiene más remedio que aumentar el ritmo del ajuste fiscal para garantizar la sostenibilidad de la deuda en el corto y mediano plazo, especial- mente si la entrada neta de capitales continúa cayendo. En la medida de lo posible, se debería realizar protegiendo la inversión pública en infraestructura, crucial para las perspectivas de crecimiento futuro, y los programas sociales, necesarios para preservar los considerables logros conseguidos durante la denominada década dorada de precios altos de las materias primas”, considera el analista.

Situación de América Central y el Caribe

América Central mantendrá un buen ritmo de crecimiento, superior al promedio latinoamericano, aunque mermado por la crisis política y económica que enfrenta Nicaragua, la mayor en los últimos 40 años, y su posible efecto en la actividad económica regional, así como por el impacto que tuvo la huelga de la construcción en Panamá, que durante 30 días mantuvo paralizadas las obras de 260 proyectos a nivel nacional. El “empeoramiento” de los términos de intercambio y la moderación de la de manda interna suman a la desaceleración, según el FMI.

Las próximas elecciones en tres países de la región (Guatemala, El Salvador y Panamá), polarización política y casos de delicadas situaciones fiscales, junto con eventuales eventos meteorológicos extremos y el aumento de los precios mundiales del petróleo destacan entre los factores que pueden afectar su desempeño en 2019, aparte de las políticas que adopten las grandes potencias.

Los líderes empresariales perciben dos amenazas adicionales: excesiva regulación y aumento en las cargas impositivas. Por ello abogan por acuerdos nacionales país para salir del círculo vicioso de falta de crecimiento, inversión y empleo, así como de la burocracia extrema. Se prevé que países exportadores agrícolas como Costa Rica y Guatemala aceleren su crecimiento moderadamente hasta 2020, mientras que se estabiliza- ría o desaceleraría el de importadores de productos básicos, como El Salvador y Panamá.

En el caso Caribe, las perspectivas económicas están mejorando. Se espera se afiancen en 2018 y 2019, respaldado por el sólido crecimiento en Estados Uni- dos y el mundo, y que cobre impulso la reconstrucción tras los devastadores huracanes de 2017 en algunos países dependientes del turismo, la cual ha sufrido demoras generales. También se proyecta que el aumento de los precios de las materias primas y la producción propicien un crecimiento más vigoroso para los países exportadores de materias primas.

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