Elecciones presidenciales: Guatemala define su futuro
Las complejidades socioeconómicas del país no dan espacio para reinventar la rueda en materia de proyectos políticos
Alfred Kaltschmitt / Corresponsal Guatemala
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A dos meses de la primera vuelta electoral, las encuestas anuncian alrededor de un 40% de indecisos que aún no optan por alguna de las propuestas ofrecidas en la baraja de candidatos. Lo curioso es que hay casi una veintena de opciones y, a pesar de ello, el porcentaje de quienes no han resuelto a quién favorecer con su voto parece no reducirse. El actual proceso electoral es un tanto atípico. Aun existiendo opciones de corte extremo o radical, más a la izquierda que a la derecha del espectro político, se ha sentido un desplazamiento hacia el centro y es ahí donde se sitúan los tres partidos que, hasta el momento, cuentan con porcentajes significativos de votantes anunciados. A la cabeza, el Partido Unión de la Esperanza, UNE, de centro izquierda, que se define como socialdemócrata. Su candidato es Álvaro Colom, que incluyendo esta contienda política sería la tercera vez que compite. El Partido Patriota, con el general Otto Pérez Molina, siguiente en el ranking, abarca el centro derecha y no ha manifestado públicamente una ideología concreta. El Partido Gran Alianza Nacional, GANA, encabezado por el doctor Alejandro Giammattei y actual partido de gobierno, es el tercero en opción de voto, se sitúa en un centro amplio con discursos que oscilan hacia uno y otro lado de ese hipotético punto de equilibro.
Más alejados aparecen otro partidos políticos, si bien, únicamente podríamos citar a la coalición Winaq-EG que, con un pequeñísimo porcentaje (menor del 2%), ocupa el cuarto lugar y se sitúa en una izquierda moderada del espectro político tradicional y postula a la indígena y Premio Nobel Rigoberta Menchú.
Muchas coincidencias para los mismos problemas
Los cuatro han desarrollado su fórmula electoral sobre ejes muy concretos y coincidentes. El primero potencia la seguridad y establece bases y principios para incrementar la labor policial y la responsabilidad del Estado en torno al tema que más preocupa a la población: el elevadísimo índice de inseguridad, unido a la proliferación de las maras y del crimen organizado, que han estado a punto de poner en jaque al Estado en algunas ocasiones y representa el reclamo más directo y contundente tanto de la ciudadanía como de la comunidad internacional.
El segundo eje gira en torno a la salud y la educación, con un ligero énfasis en esta segunda. La gestión educativa de la administración que está por terminar no ha dado los frutos esperados. En parte por la intransigencia del colectivo magisterial, que no está dispuesto a cambiar reglas de juego que le favorecen y le permiten a la dirigencia sindical contar con un poder importante mediante la presión y la lucha en la calle. Y con respecto a la salud, los malos manejos de fondos en la compra de medicamentos, la escasez de éstos y la paupérrima infraestructura en el interior, ha evidenciado una crisis que ya no puede esperar más.
El tercer eje es la economía. Problemas en otros sectores impiden el crecimiento económico necesario para poder situar al país dentro del grupo de desarrollo medio en la próxima década. No se consigue superar el 3,5 o 4% de crecimiento anual del PIB, algo muy alejado del 6% estipulado en los Acuerdos de Paz y sobre el que se estructuraba el andamiaje de esos mismos acuerdos. En caso de seguir así, además de una inflación cercana al 10% (salvo la del pasado año), llegar al punto necesario de desarrollo tomará tres o cuatro décadas, un plazo que no puede soportar la mayoría de la población.
La reforma del Estado es un cuarto eje abordado igualmente por todos los candidatos. Existe una percepción clara de que el modelo de Estado y el marco constitucional han tocado fondo. Los partidos políticos están conscientes de que el actual sistema no permite gobernar con acierto legal, y aunque todavía no se han desarrollado algunos aspectos y marcos regulatorios que la vigente constitución contiene, no es menos cierto que las condiciones actuales y el entorno distan mucho de aquella Constitución que veintidós años atrás insertó al país en las democracias latinoamericanas.
Planes de gobierno e impacto económico
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Es en el tema económico donde el grado de incertidumbre y falta de concreción es más elevado. Todos los candidatos han anunciado proyectos que, sin duda, duplican los actuales presupuestos del Estado. Los incrementos propuestos en ciertos programas electorales apuntan a duplicar los de salud y educación y a aumentar, en grado no definido, el de seguridad. Según el cálculo más conservador, las cifras del PIB indican que será necesario, al menos en los primeros años del gobierno que resulte ganador, duplicar los aproximadamente US$5.000 millones actuales. En este caso, y aunque todos los candidatos insisten en la necesidad de hacer un reajuste de las asignaciones que hasta ahora se están llevando a cabo, no parece que la tasa de presión fiscal vigente pueda estirarse tanto. Se propone una reasignación presupuestaria y una incorporación de la economía informal, como primeras medidas, y se estima que ello generará los recursos suficientes para no tener que incrementar la carga impositiva y de esta forma incidir en un clima que permita la atracción de inversiones extranjeras y promover las nacionales. No obstante, ello no parece posible por múltiples razones. Una de las más importantes es que para reconducir el gasto público hay que considerar variables como el grado de compromiso de los presupuestos, pues la mayor parte de la cantidad recaudada ya está comprometida como gastos fijos: salarios de funcionarios, gastos de mantenimiento y suministros, asignación a municipalidades, pago de deuda, etc., estimándose no más de un 15% disponible para inversiones.
Otro punto importante es que parte de ese monto es destinado a que congresistas, muchos de ellos sin escrúpulos, dispongan de dinero gracias a fondos creados bajo denominaciones distintas, para ejecutar obras en los departamentos donde ellos residen, fueron elegidos o, sencillamente, cuentan con intereses personales. Esto ha generado en los últimos años un importante debate sobre esa forma de corrupción y de compra de voluntades, que será necesario cambiar con reformas a la administración pública desde el propio Congreso, lo que dificulta la tarea y puede terminar creando, como de hecho está ocurriendo, un foco de poder que compite (no coadyuva) con el Ejecutivo y hasta con el Judicial.
Es por ello que las reflexiones de los analistas apuntan más a intentar descubrir ese eje que busca financiar un nuevo sistema sin que se produzca el incremento impositivo, y no visualizan otra línea que no sea la del incremento en las cargas, bajo la fórmula de una reforma fiscal nunca acabada.
No es presumible una presión sobre el sector informal, puesto que ello generaría rechazo social y cuestionaría el programa de centro izquierda que los candidatos contemplan en su discurso. Algunos impuestos terminan este año y el Estado dejará de recaudar una importante cantidad que se sumará a aquella otra que necesita para activar los programas que cada partido propone. A ello es necesario sumarle el grado de corrupción e ineficiencia en la gestión económica y la necesaria disponibilidad para finalizar las obras comprometidas: aeropuerto, mejora y construcción de carreteras, principalmente. Por tanto, el anuncio político se dirige, sin remisión, a una reforma que apunta al alza impositiva directa o indirecta y a la consecuente incidencia en el sistema económico y de inversiones. Esto podría reducir el grado de atractivo que ahora presenta el país para los capitales nacionales y extranjeros —en convergencia con otras actuaciones en el marco jurídico y de seguridad— e impedir el crecimiento económico necesario para ingresar, en el mediano plazo, en el grupo de países con desarrollo medio.
En este sistema económico concurren además otros factores desestabilizadores. El primero es el blanqueo de dinero a través del sistema bancario e incremento de las construcciones, entre otras formas. El segundo es la financiación del narcotráfico a ciertos grupos políticos con la finalidad de asegurarse cuotas de poder mínimas en relación con la no ratificación de marcos legales que les perjudiquen y a mantener en el ámbito local los beneficios que hasta el momento han tenido. Estos dos factores inciden en las estructuras de las reformas que puedan sugerir las formaciones políticas y terminan generando una oposición más allá de la ciudadana, pero con resultados mucho más visibles hasta el momento.
Es por eso que, sobre la base de carencias sociales, la estructura final que se configure tendrá, sin duda y con un peso importante, un sólido vector en relación con la reforma económica. De su éxito o fracaso dependerá la implementación de los planes de gobierno que prometen los candidatos.
Los corredores: Quiénes son y cuál es su ideología?
Álvaro Colom Caballeros, del Partido Nacional de la Esperanza (UNE)
Nació en Guatemala el 15 de junio de 1951. Es ingeniero industrial en la Universidad de San Carlos (USAC).
En 1991 fue nombrado viceministro de Economía de Guatemala. Ese mismo año sirvió a su país como director del Fondo Nacional para la Paz, cargo que ocupó hasta 1997. Fue asesor de la Secretaría de la Paz y director ejecutivo de la Dependencia Presidencial de Asistencia Legal y Resolución de Conflictos de Tierras (1997). Este es su tercer intento de llegar a la presidencia del país. En los dos anteriores fue derrotado, si bien en el último consiguió competir en la segunda vuelta.
UNE es heredero y al mismo tiempo resultado de una larga evolución de luchas político-ideológicas de inspiración socialdemócratas y socialcristianas, incubadas en la primavera política que viviera Guatemala en el periodo de 1944 a 1954. En ese sentido, valora el esfuerzo político, histórico y filosófico de la Revolución de Octubre, así como el inspirado por la doctrina social cristiana.
Igualmente, UNE deviene como una expresión de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad enarbolados por la Revolución Francesa, y reconoce y respeta los valores de la cosmovisión maya, en donde la lucha solidaria, la reivindicación y valoración de todas las culturas y la relación armónica con la Naturaleza son visiones de vida fundamentales para el desarrollo y progreso de los pueblos.
General Otto Pérez Molina, del Partido Patriota
Inició su formación militar en 1966 como caballero cadete y luego oficial del Ejército de la Escuela Politécnica de Guatemala. En 1993, jugó un papel significativo luego del autogolpe propiciado por el ex presidente Serrano Elías. Luego, el presidente Ramiro de León Carpio lo nombró jefe del Estado Mayor Presidencial, cargo que ocupó de 1993 a 1995. Fue inspector general del Ejército en 1996 y jefe de la Delegación de Guatemala ante la Junta Interamericana de Defensa con sede en Washington de 1998 a 2000. Representó al ejército de Guatemala como miembro y signatario de la Delegación Gubernamental de la Paz. En el año 2000 se retiró del Ejército. Tras fundar el Partido Patriota, en las elecciones presidenciales de 2004 encabezó la Lista Nacional, ganando su curul en el Congreso de la República. Formó parte de la coalición con la que llegó al poder el actual gobierno, si bien la abandonó al poco tiempo de comenzar el periodo y tras fungir unos meses como comisionado presidencial para temas de Seguridad y Defensa.
El Partido Patriota concibe la política como un medio legítimo y válido para acceder al poder, y su fin político es la libertad, la prosperidad, la seguridad y la paz. Promueve los principios de libertad, democracia, unidad, solidaridad, amor a la patria, reconciliación nacional, búsqueda de consensos, participación de la juventud y la mujer, diversidad, liderazgo y mística.
Alejandro Giammattei, del partido Gran Alianza Nacional (GANA)
Es médico. Fue director de Transportes Públicos de la Municipalidad y, en 1991, gerente de EMPAGUA. Colaboró con el TSE en actividades electorales en 1985, 1988 y 1990. En dos ocasiones fue candidato a la alcaldía metropolitana con otros partidos diferentes del que ahora lo postula, y en 2006 asumió la dirección del Sistema Penitenciario, desde donde desempeñó una labor alabada por muchos y criticada por otros.
El partido GANA podría situarse en el centro “amplio”, al poder contemplar aspectos cercanos a la derecha y otros a la izquierda. Es necesario recordar que los orígenes de GANA se remontan a las elecciones pasadas como coalición de varios partidos, razón por la que se continúa percibiendo dentro de un amplio espectro de centro
Rigoberta Menchú Tum, de la coalición Winaq-Encuentro por Guatemala (EG)
Es indígena maya quiché. Nació en Chimel, una pequeña aldea de las montañas del Quiché guatemalteco. A los 19 años comenzó a militar en el Comité de Unidad Campesina (CUC), en pleno conflicto armado guatemalteco. Rigoberta se refugió en México a los 21 años, donde fue acogida en Chiapas por el obispo Samuel Ruiz García. Al año siguiente volvió a Guatemala, pero muy pronto tuvo que refugiarse en Nicaragua y luego otra vez en México. Desde allí inició una serie de viajes con epicentro en Ginebra, donde participaba en el grupo de trabajo de la ONU sobre poblaciones indígenas. En 1988 regresó otra vez a su país; fue encarcelada inmediatamente y se vio obligada a partir de nuevo al exilio. En 1992 fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz y actualmente se dedica a actividades a favor de los derechos humanos. En el gobierno actual se ha desempeñado como embajadora de buena voluntad.
Su ideología podría situarse cercana a la social democracia o social cristianismo, con propuestas como la reforma agraria, el incremento de la carga impositiva a “quienes más tienen”, el regreso del Ejército a sus cuarteles fuera del marco de la seguridad ciudadana y la igualdad de género.
Es necesario recordar que la candidata representa a una coalición de dos partidos. Winaq, al que ella pertenece, y Encuentro por Guatemala, liderado por Nineth Montenegro, militante de izquierda que lleva años haciendo una labor digna de mención en el Congreso de la República.