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La voluntad de uno es el poder de todos
Octubre 5, 2007, 13:19


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Jahiro Polo

  En Panamá su nombre es sinónimo de  liderazgo efectivo. Summa lo acompañó en sus conferencias y entrevistó a José  Gabriel Miralles, presidente de la Organización en el país.
  Cuando Stephen Covey se presentó en la  tarima principal del evento realizado por la Organización FranklinCovey en  Ciudad de Panamá, el 28 y 29 de junio pasados, ya habían transcurrido cerca de  cuatro minutos de aplauso cerrado. Su presencia en el país generó gran interés  entre la comunidad empresarial y ejecutiva local, pues es reconocido por todos  como el abanderado del liderazgo efectivo, y ese es precisamente el talento que  los panameños buscan desarrollar en momentos en el que el país goza de un  crecimiento económico sin precedentes en su historia.
La audiencia incluyó desde ejecutivos y  dueños de empresas hasta miembros del alto gobierno, y no es para menos: su  propuesta es la de crear una cultura de éxito y confianza en lo que uno hace, y  eso es precisamente lo que aquí se necesita. El evento se dividió en cuatro  conferencias dirigidas a la promoción de una forma de pensamiento que busque la  superación del individuo, tanto profesional como personalmente, para luego  traducirla en una verdadera cultura del éxito.

Una cultura de éxito

José Gabriel Miralles, presidente de la  Organización FranklinCovey en Panamá, explica la existencia de cuatro pilares  esenciales para el desarrollo de una cultura de éxito empresarial y personal,  misión principal de esta organización y para lo que cuenta ya con  representantes en 140 países: “Nuestra misión es hacer posible la grandeza de  personas y organizaciones en todo el mundo, ya sean empresas educativas,  comerciales o estatales, y que éstas tengan clientes tan satisfechos con sus  servicios que se conviertan así en personas intensamente leales a la empresa, y  sean sus principales promotores; que se promueva una cultura empresarial  ganadora, con todos con ‘la camiseta puesta’, pues uno no puede tener una  empresa con trabajadores felices pero que quiebra; y finalmente que la  organización haga una contribución distintiva; es decir, que se sienta que algo  falta en la sociedad si esa organización no está ahí”, señaló.

Dentro de la misión de la Organización  FranklinCovey está la meta “de impactar la forma en la que billones de personas  viven y logran sus propósitos”, y esperan alcanzarla antes de 2050. “Eso es  necesario —dijo Miralles—, porque la forma en la que estamos enfrentando los  retos diarios, nuestra forma de pensar, es insuficiente. La mayoría de las  personas dentro de las organizaciones piensan que tienen que hacer más con  menos, más resultados con menos recursos, más trabajo con menos personal, pero  si se les pregunta qué porcentaje de su capacidad, su entusiasmo o sus energías  les demanda su trabajo, dirán que es mucho menos que el que tienen, y eso crea  la paradoja en la que pedimos a la gente dar más con menos y por otro lado no  creamos las condiciones para que den lo mejor de sí”.

Para el presidente de FranklinCovey en  Panamá, gran parte de la responsabilidad de la existencia de factores que  afectan el rendimiento y la productividad de una empresa, radica en que por lo  general no se aplican mecanismos para medir el tiempo en el que se logran las  metas asignadas a cada quien, “y esto es algo que no tiene nada que ver con la  geopolítica ni con las realidades de mercado, tiene que ver con el liderazgo  con el que se cuenta”, agregó.

Necesidad de cambio

  En su opinión, es imperativo que las  organizaciones “suban la barra y compitan de tú a tú”, y que no se estanquen en  esquemas operativos que, si bien han tenido resultados comprobados, ya no son  aplicables en el actual entorno globalizado en el que se hacen negocios hoy en  día.
  Las tecnologías, principalmente internet,  han hecho del mundo un sitio en el que ya no se habla de allá y acá, o de que  ‘esto queda muy lejos’, sino en el que se habla de aquí y ahora, en ‘tiempo  real’, y en el que palabras como extranjero o foráneo van perdiendo peso con el  paso de los días. “Por lo general en Centroamérica se piensa muy localmente;  pero en contraste, un empresario en Miami o Carolina del Sur no sólo piensa en  su mercado local, sino cómo expandirse, haciendo cosas diferentes, y lo curioso  de una economía global es que si se logra ejecutar una fórmula ganadora, esa  misma fórmula puede servir en el resto del mundo, pero hay que verlo desde esa  perspectiva”, comentó.
  Es este el enfoque que se está aplicando  en Panamá hoy en día, donde a su juicio las cosas marchan viento en popa, aunque  aún no sea así para todos. “Nosotros somos un país próspero, pero contamos con  un 40% de la población en niveles de pobreza, y de esos cerca de un 10% está en  la extrema pobreza; eso ni es correcto ni es sostenible y lo triste del caso es  que es innecesario. ¿Qué tenemos que hacer para cambiar eso? Pues pensar  diferente, porque el potencial para salir de la pobreza está en el individuo, y  no ayudarlo dándole las cosas, sino ayudarlo a que sepa y pueda mantenerse en  pie por sí sólo”.
  Es aquí donde la Organización ha logrado  captar la atención del gobierno panameño actual, pues poco antes de las  conferencias en las que participaron tanto Miralles como el propio Stephen  Covey ambos sostuvieron una reunión con miembros del consejo de gabinete del  Ejecutivo panameño, quienes se mostraron abiertamente dispuestos a aplicar los  conocimientos y experiencias de esta organización en el quehacer estatal  panameño. Y esto, según Miralles, “va en serio”.
“Muchas veces, en términos estatales o  gubernamentales, cuando la gente piensa en el concepto de liderazgo como algo  que se alcanza cuando se logra una elección en un cargo, en el ‘yo soy líder,  si yo gané’, y piensa muchas veces en el tema del poder como algo de corte  transaccional; es decir, en el ‘tú haces esto porque yo te conseguí esto’, y la  idea es cambiar, llevando nuestra filosofía del liderazgo efectivo y de  servicio al sector gubernamental”, enfatizó.

Malos gobiernos, malos gerentes, mal país

Según Miralles, la meta máxima para la  Organización FranklinCovey será lograr que la sociedad haga un cambio aplicando  sus principios de superación y éxito, de tal forma que éstos les permitan no  sólo progresar en lo personal, lo familiar y lo económico, sino que también  permitan a las sociedades el elegir mejor a sus gobernantes y evitar que un  país sea quebrado o transformado en un país inviable desde las propias esferas  del poder público.
  “La capacidad siempre está allí: los  gobiernos no cuentan con reglas de mercado aplicables a ellos, por decirlo así,  pero los gobiernos quiebran un país, y hay una lista muy extensa de países muy  ricos que son sumamente pobres, como es el caso de Nigeria, que es un país en  el que reina el caos y la miseria pero están nadando en petróleo. Lo importante  aquí —señaló— es reconocer que somos las personas las que creamos esto, y somos  las personas las que tenemos la capacidad de cambiarlo”.

Un ejemplo de este tipo de cambios para  mejor está en el esfuerzo de los panameños por cambiar la cultura del ‘juega  vivo’; es decir, de buscar el beneficio personal a costillas de la desventura  de otros, pues esto ha llevado a la entronización de la corrupción como algo  consuetudinario o incluso aceptable hasta cierto punto. “Si logramos  cuantificar lo que nos está costando el ‘juega vivo’ hoy, nos llevaríamos una  sorpresa enorme. Eso es un impedimento severo para competir globalmente, porque  una empresa que sea manejada con el espíritu del ‘juega vivo’ tiene los días  contados afuera del mercado local”, advirtió.

Creando el ‘Yo Triunfador’: las  enseñanzas de Stephen Covey

Stephen Covey inició su disertación sobre  la creación del “Liderazgo para la grandeza” enfocando su atención en los  cuatro pilares de lo que él denomina “fundamento principal de la grandeza  organizacional”: crear un desempeño superior sostenido, hacer de los clientes  de la empresa seres profundamente leales a la misma, la creación de una cultura  de trabajo ganadora, y lograr que la compañía genere una contribución  distintiva en la sociedad. Estos cuatro puntos se traducen en lo que Covey designó,  y en el mismo orden, como “el paradigma de la persona integral: el cuerpo, el  alma, el corazón y el espíritu, y esos son valores que no solamente se reflejan  en cada uno de los miembros de la empresa, sino en la empresa misma”, dijo.

Covey ligó los elementos de este  paradigma con las cuatro necesidades de las personas que buscan progresar,  tanto profesionalmente como personalmente, que son las necesidades de aprender  en pos del crecimiento y el desarrollo, amar en pos de las relaciones sociales,  ya sean éstas personales o profesionales, la supervivencia en el diario vivir,  y el dejar un legado que dé significado al esfuerzo individual y sirva de  contribución a la sociedad.

En ese mismo sentido, el paradigma de la  persona integral impulsa lo que los grandes líderes hacen, y para ello debemos  clarificar cuál es el propósito de la empresa, liberar el talento creativo de  cada miembro, alinear todos los sistemas de producción hacia el éxito de las  operaciones e inspirar confianza, tanto en los miembros de la empresa sobre lo  que hacen y cómo lo hacen, como en el público que recibe sus servicios y  productos.

Stephen Covey empleó ejemplos  ilustrativos de estos cuatro puntos, haciendo gala de su capacidad de docencia  para explicar con palabras sencillas los problemas más complejos. En primera  instancia explicó que los miembros de una empresa no suelen tener muy claro  cuál es el propósito de la empresa en la que laboran, y por ende no llegan a  identificarse al ciento por ciento con su papel dentro de ella. “Sólo basta con  que pregunten a los miembros de su oficina si conocen cuál es el propósito de  la compañía y cómo creen ellos que aportan a ese propósito, y se darán cuenta  de que muchos no sabrán cómo responder”.

Así mismo, señaló que otro factor  importante para el éxito es el liberar el talento interno de cada uno de los  miembros de la organización, pues en muchos casos las empresas suelen coartar  el pensamiento creativo de su personal al encasillarlos en modelos  organizativos rígidos, y que él ubicó como “modelos totalitarios propios de la  era industrial, donde yo soy el jefe y tú el empleado, yo ordeno y tú obedeces,  y donde el empleado no era visto como un factor de producción creativa, sino  como un factor generador de gastos”.

Por otro lado, enfatizó en que es  necesario que las empresas logren alinear sus sistemas de producción en  sintonía con su propósito empresarial, pues los miembros de la compañía suelen  no enfocar sus esfuerzos en enfrentar los retos más urgentes o importantes,  enfocándose en cambio en resolver situaciones secundarias que, al final de la  jornada, no aportan en nada a la concertación de las metas de la empresa. “Así,  al final de la tarde, el empleado siente que ha trabajado mucho y muy duro,  pero que no ha logrado nada”, comentó Covey, recordando el ejemplo de Sísifo y  su suplicio en el Hades: empujar todos los días una enorme roca cuesta arriba  por una colina muy empinada, para que al final del camino la roca volviese a  caer al fondo y él tuviese que repetirlo todo otra vez.

El cambio es necesario entonces, y para  esto Stephen Covey propone lograr una sinergia entre el carácter del individuo  y su competencia como parte de un equipo de trabajo, a fin de lograr la  credibilidad y la confianza necesarias para generar la cultura del éxito que él  propone. “Primero debemos enfocar nuestro quehacer en lo crucial, luego debemos  actuar sobre las mediciones de nuestro desempeño, luego llevar una anotación  convincente de nuestros resultados y finalmente mantener una candencia en  nuestra rendición de cuentas conforme vayamos logrando resultados, esas son las  cuatro disciplinas de la ejecución de esta visión hacia el progreso”,  puntualizó Covey.

Así las cosas, se lograrán establecer muy  claramente las bases de lo que él llama “un sistema grandioso: un sistema que  está alineado para lograr sus más altas prioridades, que hace posible que las  personas den lo mejor de sí, que funciona independientemente del líder, y que  perdura después del líder”.
  Es aquí cuando esta cultura del éxito  puede extrapolarse, como decía Miralles, en el devenir de la sociedad en su  conjunto, aplicando el modelo dirigido a las empresas en el amplio espectro de  la sociedad, a fin de lograr líderes capaces de asegurar y maximizar la  productividad y el progreso del país. ¿Qué estamos esperando?.

Conferencias de liderazgo en la  Organización FranklinCovey

El evento se llevó a cabo en Ciudad de  Panamá, el 28 y 29 de junio pasados. La primera de las conferencias estuvo  enfocada en el tema “Liderazgo para la grandeza, cómo lograr resultados superiores  de forma sostenida”, seguida por una charla dirigida a la promoción del  “Liderazgo para familias”. Posteriormente se desarrolló el foro “Un Panamá  próspero para todos”, copatrocinado por la Cámara Americana de Comercio e  Industrias de Panamá. Allí se trataron de forma global los retos que afronta  Panamá y cómo generar la unidad de todos los actores sociales del país en la  búsqueda de un futuro próspero. Finalmente, el evento concluyó con una  conferencia para servidores públicos, copatrocinada por el Instituto Nacional  de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH).  Esta última marcó un hito en Panamá, pues es la primera vez que el gobierno  nacional busca aplicar las nuevas tendencias y filosofías de productividad y eficiencia  en el sector público, en un país en el que desde la atención al cliente hasta  el trámite de requisitos burocrático se ha convertido en un ejercicio de  paciencia para los usuarios.

José Gabriel Miralles

Es el presidente de la Organización  FranklinCovey para Panamá.
  Miralles, originario de la ciudad de  David, en la Provincia de Chiriquí (fronteriza con Costa Rica), cursó estudios  universitarios en el Instituto de Tecnologías de la Universidad de Minnesota,  en Minneapolis (Estados Unidos), donde obtuvo el título de ingeniero civil,  además de cursar estudios en la Universidad St. John’s.
  Posteriormente trabajó como ingeniero  civil en Estados Unidos y luego regresó a Panamá, donde ejerció en el campo de  los seguros por espacio de cuatro años, al cabo de los cuales fundó su primera  empresa.

Cuenta que leyendo un libro, hace 14  años, vio una mención al Plan Covey, y tras indagar más sobre el asunto viajó  tres días después junto a uno de sus socios a Orlando, Florida, a fin de  empaparse sobre lo que era la visión de Stephen Covey, convirtiéndose así, al  poco tiempo, en socio fundador de lo que entonces era el Covey Leadership  Center para Panamá.

José Gabriel Miralles

Es el presidente de la Organización  FranklinCovey para Panamá.
  Miralles, originario de la ciudad de  David, en la Provincia de Chiriquí (fronteriza con Costa Rica), cursó estudios  universitarios en el Instituto de Tecnologías de la Universidad de Minnesota,  en Minneapolis (Estados Unidos), donde obtuvo el título de ingeniero civil,  además de cursar estudios en la Universidad St. John’s.
  Posteriormente trabajó como ingeniero  civil en Estados Unidos y luego regresó a Panamá, donde ejerció en el campo de  los seguros por espacio de cuatro años, al cabo de los cuales fundó su primera  empresa.

Cuenta que leyendo un libro, hace 14  años, vio una mención al Plan Covey, y tras indagar más sobre el asunto viajó  tres días después junto a uno de sus socios a Orlando, Florida, a fin de  empaparse sobre lo que era la visión de Stephen Covey, convirtiéndose así, al  poco tiempo, en socio fundador de lo que entonces era el Covey Leadership  Center para Panamá.


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