Jahiro Polo
En Panamá su nombre es sinónimo de liderazgo efectivo. Summa lo acompañó en sus conferencias y entrevistó a José Gabriel Miralles, presidente de la Organización en el país.
Cuando Stephen Covey se presentó en la tarima principal del evento realizado por la Organización FranklinCovey en Ciudad de Panamá, el 28 y 29 de junio pasados, ya habían transcurrido cerca de cuatro minutos de aplauso cerrado. Su presencia en el país generó gran interés entre la comunidad empresarial y ejecutiva local, pues es reconocido por todos como el abanderado del liderazgo efectivo, y ese es precisamente el talento que los panameños buscan desarrollar en momentos en el que el país goza de un crecimiento económico sin precedentes en su historia.
La audiencia incluyó desde ejecutivos y dueños de empresas hasta miembros del alto gobierno, y no es para menos: su propuesta es la de crear una cultura de éxito y confianza en lo que uno hace, y eso es precisamente lo que aquí se necesita. El evento se dividió en cuatro conferencias dirigidas a la promoción de una forma de pensamiento que busque la superación del individuo, tanto profesional como personalmente, para luego traducirla en una verdadera cultura del éxito.Una cultura de éxito
José Gabriel Miralles, presidente de la Organización FranklinCovey en Panamá, explica la existencia de cuatro pilares esenciales para el desarrollo de una cultura de éxito empresarial y personal, misión principal de esta organización y para lo que cuenta ya con representantes en 140 países: “Nuestra misión es hacer posible la grandeza de personas y organizaciones en todo el mundo, ya sean empresas educativas, comerciales o estatales, y que éstas tengan clientes tan satisfechos con sus servicios que se conviertan así en personas intensamente leales a la empresa, y sean sus principales promotores; que se promueva una cultura empresarial ganadora, con todos con ‘la camiseta puesta’, pues uno no puede tener una empresa con trabajadores felices pero que quiebra; y finalmente que la organización haga una contribución distintiva; es decir, que se sienta que algo falta en la sociedad si esa organización no está ahí”, señaló.
Dentro de la misión de la Organización FranklinCovey está la meta “de impactar la forma en la que billones de personas viven y logran sus propósitos”, y esperan alcanzarla antes de 2050. “Eso es necesario —dijo Miralles—, porque la forma en la que estamos enfrentando los retos diarios, nuestra forma de pensar, es insuficiente. La mayoría de las personas dentro de las organizaciones piensan que tienen que hacer más con menos, más resultados con menos recursos, más trabajo con menos personal, pero si se les pregunta qué porcentaje de su capacidad, su entusiasmo o sus energías les demanda su trabajo, dirán que es mucho menos que el que tienen, y eso crea la paradoja en la que pedimos a la gente dar más con menos y por otro lado no creamos las condiciones para que den lo mejor de sí”.
Para el presidente de FranklinCovey en Panamá, gran parte de la responsabilidad de la existencia de factores que afectan el rendimiento y la productividad de una empresa, radica en que por lo general no se aplican mecanismos para medir el tiempo en el que se logran las metas asignadas a cada quien, “y esto es algo que no tiene nada que ver con la geopolítica ni con las realidades de mercado, tiene que ver con el liderazgo con el que se cuenta”, agregó.
Necesidad de cambio
En su opinión, es imperativo que las organizaciones “suban la barra y compitan de tú a tú”, y que no se estanquen en esquemas operativos que, si bien han tenido resultados comprobados, ya no son aplicables en el actual entorno globalizado en el que se hacen negocios hoy en día.
Las tecnologías, principalmente internet, han hecho del mundo un sitio en el que ya no se habla de allá y acá, o de que ‘esto queda muy lejos’, sino en el que se habla de aquí y ahora, en ‘tiempo real’, y en el que palabras como extranjero o foráneo van perdiendo peso con el paso de los días. “Por lo general en Centroamérica se piensa muy localmente; pero en contraste, un empresario en Miami o Carolina del Sur no sólo piensa en su mercado local, sino cómo expandirse, haciendo cosas diferentes, y lo curioso de una economía global es que si se logra ejecutar una fórmula ganadora, esa misma fórmula puede servir en el resto del mundo, pero hay que verlo desde esa perspectiva”, comentó.
Es este el enfoque que se está aplicando en Panamá hoy en día, donde a su juicio las cosas marchan viento en popa, aunque aún no sea así para todos. “Nosotros somos un país próspero, pero contamos con un 40% de la población en niveles de pobreza, y de esos cerca de un 10% está en la extrema pobreza; eso ni es correcto ni es sostenible y lo triste del caso es que es innecesario. ¿Qué tenemos que hacer para cambiar eso? Pues pensar diferente, porque el potencial para salir de la pobreza está en el individuo, y no ayudarlo dándole las cosas, sino ayudarlo a que sepa y pueda mantenerse en pie por sí sólo”.
Es aquí donde la Organización ha logrado captar la atención del gobierno panameño actual, pues poco antes de las conferencias en las que participaron tanto Miralles como el propio Stephen Covey ambos sostuvieron una reunión con miembros del consejo de gabinete del Ejecutivo panameño, quienes se mostraron abiertamente dispuestos a aplicar los conocimientos y experiencias de esta organización en el quehacer estatal panameño. Y esto, según Miralles, “va en serio”.
“Muchas veces, en términos estatales o gubernamentales, cuando la gente piensa en el concepto de liderazgo como algo que se alcanza cuando se logra una elección en un cargo, en el ‘yo soy líder, si yo gané’, y piensa muchas veces en el tema del poder como algo de corte transaccional; es decir, en el ‘tú haces esto porque yo te conseguí esto’, y la idea es cambiar, llevando nuestra filosofía del liderazgo efectivo y de servicio al sector gubernamental”, enfatizó.
Malos gobiernos, malos gerentes, mal país
Según Miralles, la meta máxima para la Organización FranklinCovey será lograr que la sociedad haga un cambio aplicando sus principios de superación y éxito, de tal forma que éstos les permitan no sólo progresar en lo personal, lo familiar y lo económico, sino que también permitan a las sociedades el elegir mejor a sus gobernantes y evitar que un país sea quebrado o transformado en un país inviable desde las propias esferas del poder público.
“La capacidad siempre está allí: los gobiernos no cuentan con reglas de mercado aplicables a ellos, por decirlo así, pero los gobiernos quiebran un país, y hay una lista muy extensa de países muy ricos que son sumamente pobres, como es el caso de Nigeria, que es un país en el que reina el caos y la miseria pero están nadando en petróleo. Lo importante aquí —señaló— es reconocer que somos las personas las que creamos esto, y somos las personas las que tenemos la capacidad de cambiarlo”.
Un ejemplo de este tipo de cambios para mejor está en el esfuerzo de los panameños por cambiar la cultura del ‘juega vivo’; es decir, de buscar el beneficio personal a costillas de la desventura de otros, pues esto ha llevado a la entronización de la corrupción como algo consuetudinario o incluso aceptable hasta cierto punto. “Si logramos cuantificar lo que nos está costando el ‘juega vivo’ hoy, nos llevaríamos una sorpresa enorme. Eso es un impedimento severo para competir globalmente, porque una empresa que sea manejada con el espíritu del ‘juega vivo’ tiene los días contados afuera del mercado local”, advirtió.
Creando el ‘Yo Triunfador’: las enseñanzas de Stephen Covey
Stephen Covey inició su disertación sobre la creación del “Liderazgo para la grandeza” enfocando su atención en los cuatro pilares de lo que él denomina “fundamento principal de la grandeza organizacional”: crear un desempeño superior sostenido, hacer de los clientes de la empresa seres profundamente leales a la misma, la creación de una cultura de trabajo ganadora, y lograr que la compañía genere una contribución distintiva en la sociedad. Estos cuatro puntos se traducen en lo que Covey designó, y en el mismo orden, como “el paradigma de la persona integral: el cuerpo, el alma, el corazón y el espíritu, y esos son valores que no solamente se reflejan en cada uno de los miembros de la empresa, sino en la empresa misma”, dijo. Covey ligó los elementos de este paradigma con las cuatro necesidades de las personas que buscan progresar, tanto profesionalmente como personalmente, que son las necesidades de aprender en pos del crecimiento y el desarrollo, amar en pos de las relaciones sociales, ya sean éstas personales o profesionales, la supervivencia en el diario vivir, y el dejar un legado que dé significado al esfuerzo individual y sirva de contribución a la sociedad.
En ese mismo sentido, el paradigma de la persona integral impulsa lo que los grandes líderes hacen, y para ello debemos clarificar cuál es el propósito de la empresa, liberar el talento creativo de cada miembro, alinear todos los sistemas de producción hacia el éxito de las operaciones e inspirar confianza, tanto en los miembros de la empresa sobre lo que hacen y cómo lo hacen, como en el público que recibe sus servicios y productos.
Stephen Covey empleó ejemplos ilustrativos de estos cuatro puntos, haciendo gala de su capacidad de docencia para explicar con palabras sencillas los problemas más complejos. En primera instancia explicó que los miembros de una empresa no suelen tener muy claro cuál es el propósito de la empresa en la que laboran, y por ende no llegan a identificarse al ciento por ciento con su papel dentro de ella. “Sólo basta con que pregunten a los miembros de su oficina si conocen cuál es el propósito de la compañía y cómo creen ellos que aportan a ese propósito, y se darán cuenta de que muchos no sabrán cómo responder”.
Así mismo, señaló que otro factor importante para el éxito es el liberar el talento interno de cada uno de los miembros de la organización, pues en muchos casos las empresas suelen coartar el pensamiento creativo de su personal al encasillarlos en modelos organizativos rígidos, y que él ubicó como “modelos totalitarios propios de la era industrial, donde yo soy el jefe y tú el empleado, yo ordeno y tú obedeces, y donde el empleado no era visto como un factor de producción creativa, sino como un factor generador de gastos”.
Por otro lado, enfatizó en que es necesario que las empresas logren alinear sus sistemas de producción en sintonía con su propósito empresarial, pues los miembros de la compañía suelen no enfocar sus esfuerzos en enfrentar los retos más urgentes o importantes, enfocándose en cambio en resolver situaciones secundarias que, al final de la jornada, no aportan en nada a la concertación de las metas de la empresa. “Así, al final de la tarde, el empleado siente que ha trabajado mucho y muy duro, pero que no ha logrado nada”, comentó Covey, recordando el ejemplo de Sísifo y su suplicio en el Hades: empujar todos los días una enorme roca cuesta arriba por una colina muy empinada, para que al final del camino la roca volviese a caer al fondo y él tuviese que repetirlo todo otra vez.
El cambio es necesario entonces, y para esto Stephen Covey propone lograr una sinergia entre el carácter del individuo y su competencia como parte de un equipo de trabajo, a fin de lograr la credibilidad y la confianza necesarias para generar la cultura del éxito que él propone. “Primero debemos enfocar nuestro quehacer en lo crucial, luego debemos actuar sobre las mediciones de nuestro desempeño, luego llevar una anotación convincente de nuestros resultados y finalmente mantener una candencia en nuestra rendición de cuentas conforme vayamos logrando resultados, esas son las cuatro disciplinas de la ejecución de esta visión hacia el progreso”, puntualizó Covey.
Así las cosas, se lograrán establecer muy claramente las bases de lo que él llama “un sistema grandioso: un sistema que está alineado para lograr sus más altas prioridades, que hace posible que las personas den lo mejor de sí, que funciona independientemente del líder, y que perdura después del líder”.
Es aquí cuando esta cultura del éxito puede extrapolarse, como decía Miralles, en el devenir de la sociedad en su conjunto, aplicando el modelo dirigido a las empresas en el amplio espectro de la sociedad, a fin de lograr líderes capaces de asegurar y maximizar la productividad y el progreso del país. ¿Qué estamos esperando?.
Conferencias de liderazgo en la Organización FranklinCovey
El evento se llevó a cabo en Ciudad de Panamá, el 28 y 29 de junio pasados. La primera de las conferencias estuvo enfocada en el tema “Liderazgo para la grandeza, cómo lograr resultados superiores de forma sostenida”, seguida por una charla dirigida a la promoción del “Liderazgo para familias”. Posteriormente se desarrolló el foro “Un Panamá próspero para todos”, copatrocinado por la Cámara Americana de Comercio e Industrias de Panamá. Allí se trataron de forma global los retos que afronta Panamá y cómo generar la unidad de todos los actores sociales del país en la búsqueda de un futuro próspero. Finalmente, el evento concluyó con una conferencia para servidores públicos, copatrocinada por el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH). Esta última marcó un hito en Panamá, pues es la primera vez que el gobierno nacional busca aplicar las nuevas tendencias y filosofías de productividad y eficiencia en el sector público, en un país en el que desde la atención al cliente hasta el trámite de requisitos burocrático se ha convertido en un ejercicio de paciencia para los usuarios.
José Gabriel Miralles
Es el presidente de la Organización FranklinCovey para Panamá.
Miralles, originario de la ciudad de David, en la Provincia de Chiriquí (fronteriza con Costa Rica), cursó estudios universitarios en el Instituto de Tecnologías de la Universidad de Minnesota, en Minneapolis (Estados Unidos), donde obtuvo el título de ingeniero civil, además de cursar estudios en la Universidad St. John’s.
Posteriormente trabajó como ingeniero civil en Estados Unidos y luego regresó a Panamá, donde ejerció en el campo de los seguros por espacio de cuatro años, al cabo de los cuales fundó su primera empresa.
Cuenta que leyendo un libro, hace 14 años, vio una mención al Plan Covey, y tras indagar más sobre el asunto viajó tres días después junto a uno de sus socios a Orlando, Florida, a fin de empaparse sobre lo que era la visión de Stephen Covey, convirtiéndose así, al poco tiempo, en socio fundador de lo que entonces era el Covey Leadership Center para Panamá.
José Gabriel Miralles
Es el presidente de la Organización FranklinCovey para Panamá.
Miralles, originario de la ciudad de David, en la Provincia de Chiriquí (fronteriza con Costa Rica), cursó estudios universitarios en el Instituto de Tecnologías de la Universidad de Minnesota, en Minneapolis (Estados Unidos), donde obtuvo el título de ingeniero civil, además de cursar estudios en la Universidad St. John’s.
Posteriormente trabajó como ingeniero civil en Estados Unidos y luego regresó a Panamá, donde ejerció en el campo de los seguros por espacio de cuatro años, al cabo de los cuales fundó su primera empresa.
Cuenta que leyendo un libro, hace 14 años, vio una mención al Plan Covey, y tras indagar más sobre el asunto viajó tres días después junto a uno de sus socios a Orlando, Florida, a fin de empaparse sobre lo que era la visión de Stephen Covey, convirtiéndose así, al poco tiempo, en socio fundador de lo que entonces era el Covey Leadership Center para Panamá.