Nunca me han gustado las despedidas. A veces, cuando era pequeño, después de pasar unas maravillosas vacaciones junto con mis primos, me escondía cuando llegaba la hora de partir. Odiaba tener que decirle adiós al hermoso tiempo que habíamos pasado juntos.
Varias décadas después tengo un sentimiento parecido. Tras cuatro bonitos años en Summa he decidido aventurarme en nuevos proyectos con todo el atractivo y riesgo que esto conlleva. Ha sido una decisión meditada y sólo el tiempo dirá si fue acertada o no. En cualquier caso, tomada con la conciencia tranquila, que es lo más importante porque Summa está en su mejor momento. Es una revista conocida y reconocida en todos los rincones de América Central. Sin duda, es la revista de mayor prestigio y circulación de la región. Haber puesto mi granito de arena para que fuera así me llena de orgullo y de felicidad.
La envidiable posición de Summa hacía mucho más difícil salir, pero a veces uno debe dar ese paso natural de independizarse y tener una parte, aunque sea pequeña, de algo todavía por construir. Hay que salir del nido para probar la capacidad de vuelo. La comodidad no siempre es buena. Como bien dijo el astronauta tico, Franklin Chang, “siempre hay alguien que te ayuda a llegar adonde quieres ir”.
Pero antes de eso, y como de bien nacidos es ser agradecidos, quiero dar las GRACIAS a varias personas que sin ellas hoy no sería lo que soy. En primer lugar mi enorme gratitud con Ronald Sauter y Jorge Gutiérrez, presidente y gerente general de Summa. Hace cuatro años acogieron con mucho entusiasmo la idea propuesta de relanzar la revista. En estos 1.461 días que han pasado no me ha faltado ni un segundo su apoyo y ayuda. Y eso siempre lo tendré presente. También tengo cariño al pequeño pero gran equipo editorial: les agradezco su trabajo, y más aún su lealtad, a Rocío, Vanessa y Dani, y, aunque ya no están en Summa también a Karla y Juan Pablo porque también pusieron su gran dedicación en que Summa hoy sea lo que es.
Hay dos personas con las cuales me siento en deuda y me han demostrado ser grandes amigos: Ernesto Castegnaro, presidente de BAC, y Fernando Leñero, gerente general de Aldesa, que son dos grandes caballeros. Me siento feliz de su amistad y sé que siempre podré contar con ellos. Medio en serio medio en broma, cuando sea mayor quiero ser como ellos. Los admiro y quiero mucho.
Y también gracias a los lectores, a las críticas que nos ayudan a ser mejores y a los halagos que nos ayudan a aumentar nuestro ego.
Antes de acabar quiero hacer una mención especial a Ivannia Mora (q.e.p.d.). Juntos emprendimos este hermoso proyecto hace justamente cuatro años, aunque se nos fue, queda su memoria y el hermoso recuerdo que todos tenemos. Algún día, espero, nos reencontremos.
La vida me ha enseñado que las despedidas son cotidianas y nunca sabemos si son definitivas o no. Mientras tanto, damos gracias a Dios por permitirnos vivir la vida que desgraciadamente sólo valoramos cuando la perdemos.
Alberto Labadía
Editor en jefe
alabadia@revistasumma.com