1 - Un vistazo al futuro del video
Internet está ahogado en videos digitales. Hui Zhang cree que las redes peer-to-peer (P2P) saldrán al rescate.
Por Wade Roush
El octogenario senador por Alaska Ted Stevens fue ridiculizado el año pasado por describir a internet como “una serie de tubos”. Pero aunque su metáfora haya sido torpe, lo que Stevens pretendía hacer ver era razonable: los tubos se pueden taponar y eso sucederá tarde o temprano, debido a la explosiva popularidad del video digital.
Las aplicaciones de video dan cuenta de más del 60% del tráfico en la red, de acuerdo con la compañía británica CacheLogic, que vende sistemas de entrega a propietarios de contenido y proveedores de servicios (ISP). Hui Zhang, científico informático de la Universidad Carnegie Mellon, dice que “en un par de años, estaremos en el 98%”.
Zhang cree que la ayuda llegará de un sector inesperado: la tecnología de distribución de archivos P2P (entre iguales o de punto a punto). Para él y otros defensores de la idea, todo es cuestión de arquitectura. Normalmente, los videos y otros contenidos llegan a los consumidores por vías semejantes a árboles, donde los servidores centrales de los propietarios de contenido son los troncos, los múltiples “servidores para la distribución de contenidos”, las ramas, y los PC de los consumidores, las hojas. La arquitectura en árbol funciona bien, pero presenta tres debilidades clave: si se corta una rama, sus hojas se van con ella; los datos fluyen en una sola dirección, razón por la cual no se satisface la capacidad de las hojas (los PC) de cargar información; y, lo más importante, la suma de nuevos PC a la red no hace más que incrementar la congestión.
Por el contrario, en las redes P2P no hay servidores centrales: cada PC de usuario intercambia datos con muchos otros, sobre una malla en constante desplazamiento. Esto quiere decir que los servidores y sus sobrecargadas conexiones tienen que soportar menos peso; en cambio, la información es suministrada por iguales, lo que ahorra banda ancha en el núcleo de internet. Si un usuario abandona la malla, otros pueden llenar el vacío. Y mientras más usuarios haya, mayor será la potencia de la red P2P.
En la Universidad de Cornell, el científico informático Paul Francis se encuentra probando un sistema llamado Chunkyspread, que combina lo mejor de los árboles y las mallas. Los PC miembros se organizan como un árbol clásico, pero también se conectan entre sí, lo que reduce la carga sobre las ramas. No menos importante es que Chunkyspread reorganiza los archivos en “tajadas” mejor que en bloques. Una tajada consiste en el eneavo bit de cada bloque (por ejemplo, el quinto bit de cada bloque de 20). El PC de José podría comprometerse con el de Alicia a enviar el bit cinco desde cada bloque que posee; María, a enviar el seis, y así sucesivamente. Una vez hechos los compromisos, no hay necesidad de intercambiar más metadatos (datos que describen otros datos), ahorrando así banda ancha. Francis afirma que, en las simulaciones, Chunkyspread ha superado con ventaja los sencillos métodos multicast (mensaje enviado simultáneamente a un conjunto específico de nodos) basados en árboles.
En las oficinas de su firma, Rinera Networks, Zhang desarrolla actualmente un software que identificará datos P2P y dejará que el ISP decida cuánto quiere portar, a qué volumen y precio, y luego entregarlo tan confiablemente como lo hacen los sistemas de distribución basados en servidores, al tiempo que rastrea todo con propósitos contables.
Con un poco de suerte, los tubos del senador Stevens seguirán destapados un rato más.
2 - Nanocarga solar
Arthur Nozik cree que la energía solar de puntos cuánticos podría mejorar el rendimiento y abaratar las celdas fotovoltaicas.
Por David Talbot
Ninguna fuente de energía renovable posee mayor potencial teórico que la solar. Pero la esperanza de energía barata y abundante sigue siendo sólo eso, principalmente por el alto costo de las celdas solares. Las celdas fotovoltaicas utilizan semiconductores para convertir la energía lumínica en corriente eléctrica. Las células de silicio de los paneles realizan la conversión con eficiencia, pero su fabricación es relativamente costosa. Ya se están comercializando otros semiconductores que pueden depositarse como películas finas; pero aunque son menos caros, su eficiencia no es comparable a la del silicio. No obstante, parece haber una nueva solución a la vista: algunos químicos creen que los puntos cuánticos, esos diminutos cristales de los semiconductores, de apenas unos pocos nanómetros de ancho, harían competitiva en costo a la energía solar frente a la electricidad generada por combustibles fósiles.
Gracias a su tamaño, los puntos cuánticos poseen una singular capacidad para interactuar con la luz. En el silicio, un fotón de luz libera un electrón de su órbita atómica. A finales de la década de los 90, Arthur Nozik —investigador del Laboratorio Nacional de Energía Renovable, en Golden, Colorado— postuló que los puntos cuánticos de ciertos materiales semiconductores liberaban dos o más electrones al ser impactados por fotones de alta energía, como los que se encuentran en el extremo azul y ultravioleta del espectro.
En 2004, Victor Klimov —del Laboratorio Nacional Los Álamos, en Nuevo México— aportó la primera prueba experimental de que Nozik estaba en lo cierto: el año pasado, demostró que los puntos cuánticos del selenuro de plomo producían hasta siete electrones por fotón al ser expuesto a luz ultravioleta de alta energía. Pronto, el equipo de Nozik demostraría el efecto sobre los puntos de otros semiconductores, como el sulfuro de plomo y el plomo-telurio.
Dichos experimentos aún no han dado paso a la producción de un material comercial, pero indican que, algún día, los puntos cuánticos podrán aumentar la eficiencia de la conversión de luz solar en electricidad. Y puesto que estos puntos pueden hacerse mediante reacciones químicas sencillas, también abaratarían las celdas solares. Los investigadores del laboratorio de Nozik, cuyos resultados aún no han sido publicados, demostraron hace poco el efecto de los electrones adicionales en puntos cuánticos hechos de silicio; su ventaja es que sería mucho menos costoso incorporarlos a las celdas solares que las grandes y cristalinas láminas de silicio utilizadas hoy en día.
Hasta el momento, el efecto del electrón adicional sólo ha sido observado en puntos cuánticos individuales. El problema es que en una celda en funcionamiento, los electrones deben salir del semiconductor e ingresar en un circuito eléctrico externo. Inevitablemente, algunos de los electrones liberados se “pierden”, y luego son recapturados por “hoyos” positivos en el semiconductor. En los puntos cuánticos, esta recaptación ocurre con mucha mayor rapidez que en las piezas grandes; muchos de los electrones liberados son inmediatamente engullidos.
Las mejores celdas solares de puntos cuánticos del equipo de Nozik han logrado demostrar una eficiencia de apenas el 2%, mucho menos que la necesaria para un artefacto práctico. Sin embargo, el grupo espera mejorar en este aspecto modificando las superficies de los puntos o el transporte electrónico entre ellos.
3 - Control neuronal
El “interruptor de la luz” diseñado genéticamente por Karl Deisseroth, que permite a los científicos “encender” y “apagar” partes del cerebro a voluntad, podría ayudar a mejorar los tratamientos contra la depresión y otros trastornos.
Por Emily Singer
En su consultorio del Centro Médico de Stanford, el siquiatra Karl Deisseroth recibe ocasionalmente a pacientes en estados depresivos tan graves que no pueden caminar, hablar ni comer. Tratamientos intensivos como los choques eléctricos o terapia electroconvulsiva (TEC) pueden salvar vidas literalmente, pero a un costo excesivo, debido a la pérdida de memoria, los dolores de cabeza y otros efectos secundarios. Deisseroth, que además de médico es ingeniero, piensa que hay un abordaje mejor: un novedoso y elegante método para controlar las neuronas con destellos de luz. En el futuro, la tecnología podría conducir a tratamientos con un objetivo exactamente predeterminado de los trastornos siquiátricos y neurológicos; dicha precisión significaría una mayor efectividad y menos efectos adversos.
Aunque los científicos reconocen algunos de los desequilibrios químicos que subyacen a la depresión, aún no tienen claro cuáles células, o redes de ellas, son las responsables. Para identificar los circuitos implicados en estas enfermedades, los científicos tendrían que encender y apagar las neuronas a voluntad. Los métodos corrientes, como los electrodos que activan neuronas con descargas eléctricas, no son lo bastante precisos para esta labor, lo que motivó a Deisseroth (actualmente profesor asistente del MIT) y al estudiante de posgrado Feng Zhang a desarrollar un control neuronal capaz de activar grupos específicos de células.
Para ello, adaptaron una proteína extraída de un alga verde, que actúa como un “interruptor positivo” que las neuronas podrían producir mediante ingeniería genética. Cuando la neurona se expone a la luz, la proteína desencadena una actividad eléctrica dentro de la célula, que se propaga a la siguiente neurona del circuito. Los investigadores también pueden usar la luz para activar neuronas específicas, buscando respuestas determinadas, como un espasmo muscular, mayor energía o una onda de actividad en otra parte del cerebro. Deisseroth ha comenzado a usar su interruptor genético para estudiar el fundamento biológico de la depresión. Los científicos de su laboratorio han insertado el interruptor en diferentes áreas cerebrales de ratas que presentan síntomas semejantes a los observados en humanos deprimidos. Valiéndose de una fibra óptica para arrojar luz sobre las células seleccionadas, buscan patrones de actividad que alivien los síntomas. Deisseroth sostiene que los hallazgos deberían contribuir al desarrollo de mejores antidepresivos: si se conocen exactamente las células responsables, será posible buscar moléculas o nuevos métodos farmacéuticos más precisos. “El Prozac se difunde por todos los circuitos cerebrales, no sólo entre los importantes. Por eso tiene tantos efectos secundarios”.
Deisseroth espera que su tecnología no sea solamente una herramienta de investigación, sino un tratamiento en sí mismo, que se use en conjunto con terapias que estimulen eléctricamente grandes áreas del cerebro para tratar la depresión o la enfermedad de Parkinson, por ejemplo. Al activar únicamente las neuronas específicas, el interruptor podría limitar los efectos colaterales indeseados.
4 - Nanocuración
Fibras diminutas que salvan vidas deteniendo el sangrado y ayudando a la recuperación de lesiones cerebrales.
Por Kevin Bullis
En la sala de descanso próxima a su laboratorio en el flamante nuevo edificio del MIT, el científico investigador Rutledge Ellis-Behnke ofrece una improvisada narración para un video en el que él mismo realiza una cirugía. En él, Ellis-Behnke practica un corte profundo en el hígado de una rata, rebanando intencionalmente la arteria principal. Con cada pulsación del hígado por la presión desde el corazón, la sangre sale a chorros de la herida. Entonces, el científico cubre la lesión con un líquido transparente y el sangrado se interrumpe casi instantáneamente. Sin tratamiento, la herida habría sido fatal, pero esta rata sobrevivió.
El líquido utilizado es un material novedoso, hecho de fragmentos proteicos o péptidos a nanoescala. Su capacidad de detener el sangrado podría llegar a ser invaluable en las cirugías, en el sitio de un accidente o en el campo de batalla. Bajo condiciones como las que imperan en el interior del cuerpo, los péptidos se autoensamblan, formando una malla fibrosa que, a simple vista, parece un gel transparente. Más notable todavía es que el material es capaz de crear un ambiente que acelera la curación de tejido cerebral y medular dañado.
En un principio, Ellis-Behnke quiso usar el material para sanar este tipo de lesiones. Fue en el curso de dichos experimentos que descubrió la capacidad del gel para interrumpir el sangrado. El material presenta varias ventajas, comparado con los métodos actuales. Su acción es más rápida que la cauterización y no daña el tejido. Podría proteger las heridas del aire y proporcionar aminoácidos, que son los ladrillos para la construcción de nuevas células, acelerando aún más la curación. Además, en pocas semanas, el cuerpo destruye los péptidos, de tal manera que no hay que retirarlos de la herida, a diferencia de otros agentes que detienen el sangrado. El material sintético también tiene una larga vida en almacenamiento, lo cual lo haría particularmente útil en los kits de primeros auxilios.
Las primeras aplicaciones del material serán, probablemente, en la sala de cirugías. Y puesto que es transparente, los cirujanos podrán aplicar una capa y operar a través de ella. Se espera así que las intervenciones quirúrgicas se agilicen, y se reduzcan las complicaciones. El material también posibilitaría la ejecución de más procedimientos en forma mínimamente invasiva, permitiendo al cirujano detener rápidamente el sangrado provocado por el avance de un endoscopio.
Aunque las investigaciones se hallan en etapa preliminar, Ellis-Behnke cree que, si todo sale bien, el material podría estar aprobado para su uso en humanos en un lapso de tres a cinco años. Él y sus colegas continúan explorando las capacidades regenerativas del material en las fibras nerviosas. Asimismo, buscan nuevas formas de incrementar la tasa de crecimiento neuronal, a fin de que los doctores puedan intervenir lesiones mayores, como las resultantes de una apoplejía. Pero para realizar un tratamiento de estas características en humanos, todavía tendrán que pasar entre cinco y diez años.
5 - Realidad aumentada
Markus Kähäri quiere superponer la información digital en el mundo real.
Por Erika Jonietz
Tratar de orientarse en una ciudad desconocida puede ser exasperante: hay que hacer malabares con mapas y guías turísticas, tratar de imaginar dónde estamos cuando no hay señales que nos instruyan, hablar con los lugareños que se esfuerzan porque entendamos sus referencias locales. Si usted está conduciendo, es posible que un auto con sistema GPS le facilite las cosas, pero en todo caso no le ayudará a decidir cuál restaurante se ajustaría más a su paladar y su presupuesto. Los ingenieros del Centro de Investigación Nokia, en Helsinki, Finlandia, aspiran a que su proyecto, bautizado “Aplicaciones de la realidad móvil aumentada”, nos ayude a llegar adonde queremos ir y saber qué hacer una vez lo consigamos.
En octubre del año pasado, el equipo dirigido por Markus Kähäri reveló un prototipo del sistema durante el Simposio sobre Realidades Aumentada y Mixta. El equipo le añadió un sensor GPS, brújula y acelerómetros a un teléfono inteligente Nokia. Con los datos obtenidos de estos sensores, el móvil puede calcular la localización de casi cualquier objeto al que esté dirigida su cámara. Cada vez que el teléfono cambia de ubicación, recupera de una base de datos externa los nombres y coordenadas geográficas de los hitos próximos. Luego, el usuario puede entonces descargar información adicional de internet: por ejemplo, nombres de los negocios del Edificio Empire State, costo de las visitas a sus observatorios, horarios y menús de sus cinco restaurantes.
El proyecto de Nokia está fundamentado en más de una década de investigación académica en torno a la realidad móvil aumentada. Steven Feiner, director del Laboratorio de Gráficas Computarizadas e Interfaz de Usuario de la Universidad de Columbia y uno de los investigadores pioneros en el campo, encuentra el proyecto de Nokia muy alentador. “El eslabón ausente cuando yo empecé era un computador pequeño. Los celulares de hoy son esos minicomputadores que faltaban”.
No obstante la disponibilidad y el relativo bajo costo de los sensores utilizados por el grupo investigador de Nokia, algunos ingenieros creen que el teléfono se volvería demasiado complejo para ser comercial. “En mi opinión, se trata de un equipo muy exótico”, comenta Valentín Lefevre, director de tecnología y cofundador de la compañía francesa de realidad aumentada Total Immersion. “Por eso creemos que la solución sería el análisis de imágenes”. Dependiendo únicamente del software, el sistema de Total Immersion comienza con una sola imagen estática de cualquier objeto al que se dirija la cámara, más un tosco modelo digital del mismo; luego, con algoritmos de reconocimiento de imágenes, se determina cuáles datos se deben superponer a la imagen. La compañía ya está comercializando una versión móvil de su sistema a operadores de celulares en Asia y Europa, y espera que las primeras aplicaciones se den en los campos de los juegos y la publicidad.
Los investigadores de Nokia también han iniciado labores alrededor de los algoritmos para el reconocimiento de imágenes en tiempo real, y esperan con esto eliminar la necesidad de sensores localizadores además de mejorar la precisión y confiabilidad de su sistema.
En lo que todas las partes concuerdan es en que la realidad aumentada está prácticamente lista para salir al mercado. “Para aplicaciones de telefonía móvil, la tecnología ya está aquí”, dice Feiner. Uno de los retos que habrá que enfrentar será convencer a los grandes carriers o portadores como Sprint o Verizon que los clientes pagarían gustosamente por estos servicios. El operador que primero se decida por esta tecnología ganará una gran ventaja sobre los demás.
6 - Revolución invisible
Las telecomunicaciones, el almacenamiento de datos y hasta la energía solar podrían transformarse gracias a los metamateriales artificialmente estructurados
Por Philip Ball
El anuncio hecho el pasado noviembre acerca de un “escudo de invisibilidad”, creado por David R. Smith, de la Universidad Duke, y sus colegas, recordó inevitablemente a los medios al hombre invisible de H. G. Wells y a los romulanos de “Viaje a las estrellas”. Utilizando anillos de tableros de circuitos impresos, los investigadores ingeniaron una forma de desviar microondas alrededor de una especie de “agujero en el espacio”; aún cuando se colocara un cilindro metálico en el centro, las microondas se comportaban como si no hubiera nada allí.
Esta ha sido la demostración más fehaciente de lo que se puede conseguir con los metamateriales, compuestos de patrones ordenados, cuyas propiedades difieren de las de sus constituyentes. Tales estructuras pueden manipular la radiación electromagnética, la luz inclusive, en formas no observadas fácilmente en la naturaleza. Por ejemplo, los cristales fotónicos, ordenados en patrones precisos de bloques microscópicos idénticos, separados por vacíos, pueden reflejar o hasta inhibir la propagación de determinadas ondas de luz; los montajes de pequeños circuitos alámbricos, como los utilizados por Smith en su escudo de invisibilidad, son capaces de doblar la luz de maneras extrañas.
Pero, ¿de verdad podríamos usar esos materiales para hacer que los objetos desaparecieran? Philip Ball conversó con Smith, quien explica por qué los metamateriales están cambiando literalmente nuestra visión del mundo.
A la pregunta de por qué los metamateriales pueden volver las cosas invisibles, el investigador respondió: “El proceso es algo complicado pero fácil de visualizar. Imagínese una tela formada de hilos entretejidos, en la que la luz es obligada a viajar a lo largo de los hilos. Si usted toma un alfiler y lo introduce a través de la tela, los hilos se distorsionan, haciendo un agujero en la tela. La luz, forzada a seguir a los hilos, se va alrededor del hoyo. John Pendry, del Colegio Imperial de Londres, calculó lo que se requeriría de un metamaterial para que lograra exactamente esto. Las ondas se transmiten alrededor del agujero y se combinan al otro lado. Así, uno puede colocar un objeto dentro del orificio y las ondas no lo “verán”; es como si atravesaran una región de espacio vacío”.
En realidad, se trata de un enfoque completamente nuevo de la óptica. Hay una gran libertad para el diseño y, como suele ocurrir con cualquier tecnología nueva, tal vez aún no se han pensado sus mejores usos.
7 - Imágenes digitales reimaginadas
Richard Baraniuk y Kevin Kelly creen que la compresión de datos servirá para que dispositivos como las cámaras y los escáneres médicos capturen imágenes con mayor eficiencia.
Por Kate Greene
Richard Baraniuk y Kevin Kelly comparten una nueva visión de la imaginería digital: ambos creen que mediante la renovación de hardware y software sería posible hacer cámaras más pequeñas y rápidas, capaces de tomar fotografías con una increíble alta resolución.
Las cámaras digitales actuales imitan a las de película, lo que las hace muy ineficientes. Cuando una cámara de cuatro megapíxeles toma una foto, cada uno de sus cuatro millones de sensores caracteriza la luz golpeándola con un solo número; en conjunto, los números describen una imagen. Luego, el computador incorporado la comprime, arrojando fuera la mayoría de esos números. En el proceso, la batería del artefacto se agota innecesariamente.
Baraniuk y Kelly, ambos profesores de ingeniería informática y eléctrica, desarrollaron una cámara que no necesita comprimir las imágenes sino que, en cambio, usa un solo sensor que recoge apenas la información justa y permite que un novedoso algoritmo reconstruya una imagen de alta resolución.
Esta cámara se basa en una nueva técnica llamada compressive sensing o de compresión de datos. Sólo requiere un pequeño porcentaje de los datos que las cámaras actuales deben recoger para construir una imagen similar. El algoritmo de Baraniuk y Kelly convierte la información visual en un puñado de números que luego inserta al azar en una parrilla gigante. Los números son los justos para permitir que el algoritmo llene los espacios en blanco, tal como lo hacemos cuando resolvemos un rompecabezas sudoku. Cuando el computador lo resuelve, ha recreado ya la imagen completa a partir de información incompleta.
Kelly sospecha que las primeras aplicaciones prácticas se verán en un par de años, en sistemas de resonancia magnética que capturarán las imágenes diez veces más rápido que los escáneres actuales. En cinco a diez años, la tecnología podría avanzar hasta los productos de consumo, permitiendo que minúsculas cámaras incorporadas en los teléfonos móviles produzcan imágenes de alta calidad, tamaño afiche. A medida que nuestro mundo se digitaliza cada día más, la compresión de datos mejorará casi cualquier sistema, proveyendo una forma elegante y eficiente de conseguir imágenes.8 - Monitores médicos personalizados
John Guttag dice que el uso de computadores para automatizar algunos diagnósticos personalizaría más la medicina.
Por Jennifer Chu
Para John Guttag, quien en el año 2000 era director del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Ciencia Informática del MIT, “el área de la salud parecía tener una tremenda necesidad de nuestra experticia”.
El desafío más próximo consiste, según Guttag, en analizar las enormes cantidades de datos generados por los exámenes clínicos. Los médicos de hoy son bombardeados constantemente con información fisiológica, como las lecturas de temperatura y presión sanguínea, escáneres de resonancia magnética, electrocardiogramas y Rayos X, por ejemplo. El software percibiría rápidamente patrones que de otro modo permanecerían ocultos, ayudando a hacer de la medicina una práctica más precisa y personalizada.
En el Hospital Infantil de Boston, Guttag y el estudiante de posgrado Ali Shoeb diseñaron unos detectores personalizados de ataques epilépticos. En 2004, el equipo examinó los registros de ondas cerebrales de más de 30 niños pacientes del mal, antes, durante y después de los ataques, y utilizó los datos para entrenar un “algoritmo de clasificación” para distinguir entre formas de onda de ataque y no ataque. Con la ayuda del algoritmo, los investigadores identificaron patrones específicos para cada paciente.
Actualmente, el equipo está en busca de una manera de hacer que dicha información sea útil para los mismos epilépticos. Hoy, muchos pacientes controlan sus accesos con un implante que estimula el nervio vago. Guttag se encuentra diseñando un sensor no invasivo manejado por software, programado para medir las ondas cerebrales del usuario y determinar cuáles son los patrones individuales específicos que se presentan al comenzar un episodio. Una vez detectados los patrones, un dispositivo puede activar automáticamente un implante, interrumpiendo así el ataque desde su inicio.
Guttag está probando su sensor, que básicamente consiste en un gorro de baño con electrodos, en un puñado de pacientes del Centro Médico Beth Israel Deaconess. Este sensor también podría ser útil para personas sin implantes, pues les podría advertir que deben sentarse, parquear el automóvil o buscar un lugar seguro antes del comienzo de un ataque. “Una advertencia a tiempo es capaz de cambiar la vida. A lo que más le teme la gente es a los efectos colaterales”.
Ahora, Guttag concentra su atención en los patrones cardíacos. Al igual que la del cerebro, la actividad del corazón está gobernada por señales eléctricas, por lo que la transición a la cardiología es algo natural.
Guttag se siente bien encaminado hacia la integración de la informática y los diagnósticos médicos. “Aunque la gente reacciona en formas diversas cuando se le dice que los computadores tomarán las decisiones, estamos en un punto de la historia en que estos aparatos conducen nuestros aviones. Entonces, debemos ser optimistas”.
9 - Un nuevo enfoque de la luz
Kenneth Crozier y Federico Capasso crearon antenas ópticas que enfocan la luz, invento que podría dar lugar a DVD capaces de almacenar cientos de películas.
Por Katherine Bourzac
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Los investigadores que se esfuerzan por hacer DVD de mayor capacidad, chips de computador más potentes y microscopios ópticos de más alta resolución, se han enfrentado durante años al obstáculo del “límite de difracción”. Las leyes de la física dictan que las lentes usadas para dirigir los rayos de luz no los pueden enfocar en un punto cuyo diámetro sea menor que la mitad de la longitud de onda de la luz. Los físicos han conseguido obviar el límite de difracción en el laboratorio, pero los sistemas diseñados han sido demasiado frágiles y complicados. Ahora, un grupo de ingenieros eléctricos de la Universidad de Harvard, con Kenneth Crozier y Federico Capasso a la cabeza, han descubierto un proceso sencillo que podría ofrecer los beneficios de los rayos de luz estrechamente enfocados a aplicaciones comerciales. Al añadir “nanoantenas ópticas” a un láser comercialmente disponible, Crozier y Capasso lograron enfocar luz infrarroja en un punto de apenas 40 nanómetros de ancho, es decir, un veinteavo de la longitud de onda de la luz. Estas nanoantenas permitirán en el futuro la producción de discos similares a los DVD, con capacidad de almacenar 3,6 terabytes de datos (el equivalente a más de 750 DVD de hoy, que almacenan 4,7 gigabytes cada uno). Crozier y Capasso construyen su dispositivo depositando primero una capa aislante en el extremo emisor de luz del láser. Luego, agregan una capa de oro, la que esculpen y retiran en su mayoría, dejando apenas un par de rectángulos de 130 por 50 nanómetros, con un espacio de 30 nanómetros entre los dos.
Los rectángulos forman una antena. Cuando la luz del láser los golpea, la antena experimenta lo que Capasso denomina un “efecto de pararrayos”: en el espacio vacío se genera un intenso campo eléctrico, que concentra la luz del láser en un punto del mismo ancho del vacío.
“La antena no impone restricciones de diseño al láser”, expresa Capasso, pues puede ser accesoria a láseres semiconductores comunes, de los que se utilizan comúnmente en lectores de CD. El equipo ha demostrado la viabilidad de las antenas con diversos tipos de láser, donde cada uno produce una longitud de onda diferente. Los investigadores han discutido la tecnología con compañías fabricantes de dispositivos almacenadores, como Seagate y Hitachi Global Storage Technologies.
Otra aplicación sería en el campo de la fotolitografía, de acuerdo con Gordon Kino, profesor emérito de ingeniería eléctrica en la Universidad de Stanford. Este es el método típico para hacer los chips de silicio, pero los láseres que esculpen rasgos cada vez más pequeños en el silicio también sufren la restricción del límite de difracción. La litografía de haz electrónico requiere una máquina grande que cuesta millones de dólares y es demasiado lenta para la producción en masa. “En cambio, esto es mucho más sencillo”, afirma Kino, refiriéndose a la técnica de Crozier y Capasso, que, se basa en un láser que cuesta sólo unos US$50.
Las antenas ópticas de Capasso y Crozier podrían llegar a tener un gran alcance e implicaciones impredecibles, desde el almacenamiento óptico superdenso hasta microscopios ópticos de altísima resolución. Si los ingenieros logran superar el límite de difracción de una manera sencilla y barata, las aplicaciones que dependen de la luz serán mucho más brillantes.
10 - Análisis de células individuales
Norman Dovichi cree que la detección de diferencias minúsculas entre células mejoraría las pruebas y tratamientos médicos.
Por Jon Cohen
Todos sabemos que concentrarnos en las características de un grupo puede ocultar las diferencias entre sus integrantes. Pero cuando se trata de células biológicas, por lo general, los científicos extraen información sobre su conducta, estado y salud de la actividad colectiva de miles o millones de ellas. El entendimiento más preciso de las diferencias entre células individuales podría conducir a mejores tratamientos para el cáncer y la diabetes, por citar un par de ejemplos.
Las décadas anteriores han atestiguado la llegada de métodos que permiten vistas asombrosamente detalladas de células separadas, cada una de las cuales es capaz de producir miles de proteínas, lípidos, hormonas y metabolitos. Pero la mayoría de estos métodos se topan con un fuerte obstáculo: su dependencia en los “reactivos de afinidad”, tales como los anticuerpos que se adhieren a proteínas específicas. En consecuencia, los investigadores sólo pueden usarlos para estudiar lo que se sabe que existe. “Lo inesperado es invisible” comenta Norman Dovichi, químico analítico de la Universidad de Washington, Seattle, y la mayoría de las células están rellenas de componentes misteriosos. Por tal razón, Dovichi ha sido pionero en el desarrollo de técnicas ultrasensibles para aislar células y revelar moléculas en su interior que nadie sabía que estuvieran ahí.
El laboratorio de Dovichi (uno entre un creciente número de grupos que se enfocan en las células individuales) ha tenido un notable éxito identificando diferencias en las cantidades de docenas de proteínas distintas, producidas por células cancerosas individuales. “Diez años atrás, habría creído imposible hacer esto”, sostiene Robert Kennedy, químico analítico de la Universidad de Michigan, Ann Arbor, que analiza la secreción de insulina de células individuales para descubrir las causas del tipo más común de diabetes.
Y Dovichi expone una hipótesis provocadora: según él, a medida que el cáncer progresa, células del mismo tipo se van distanciando cada vez más en su contenido proteico. Si esto llegara a confirmarse, entonces, las diferencias grandes entre células indicarían la presencia de una enfermedad con mayores probabilidades de extenderse. Actualmente, con base en esta idea, Dovichi trabaja con clínicos en el desarrollo de un mejor pronóstico para los cánceres esofágico y de mama. En última instancia, dichas pruebas podrían ayudar a los médicos a decidir rápidamente el tratamiento más apropiado, fundamental a la hora de derrotar muchos cánceres.
Dovichi contribuyó al desarrollo de los secuenciadores de ADN basados en láser, que se convirtieron en el fundamento del Proyecto Genoma Humano, y sus nuevos analizadores se apoyan en la misma tecnología para examinar células individuales en busca de componentes mucho más difíciles de detectar que el ADN: proteínas, lípidos y carbohidratos.
En el caso de las proteínas, las máquinas combinan los reactivos con una célula única en el interior de un tubo capilar ultrafino.
Una reacción química hace que la lisina, aminoácido que aparece con frecuencia en las proteínas, se vuelva fluorescente. Las proteínas, aguijoneadas por una carga eléctrica, migran fuera del tubo a velocidades diferentes, dependiendo de su tamaño. Por último, un detector láser registra la intensidad de la fluorescencia, lo que conduce a una gráfica que muestra las diversas cantidades de las proteínas de diferentes tamaños que se encuentran en el interior de la célula.
El químico se muestra entusiasmado con las posibilidades de la biología unicelular, pero no desconoce las limitaciones. En este momento, los análisis exigen mucho tiempo y esfuerzo. “Aún estamos en las etapas iniciales, pero esperamos que en unos 10, 20 o 30 años la gente mire atrás y entienda la importancia de estos pasos preliminares”.