GERENCIA
Última Actualización: Abril 1st, 2008 - 15:07:33

El jefe como Árbitro
Octubre 5, 2007, 09:48


Enviar artículo por e-mail

Enrique Ogliastri

Los conflictos son normales en todas las  organizaciones de trabajo. Los intereses de una división no necesariamente  coinciden con los de otra, y se puede llegar al extremo de que las necesidades  de una parte se satisfagan a costa de la otra. Ante esta colisión de intereses,  algunos jefes incluyen entre sus responsabilidades resolver los conflictos de  sus colaboradores. Mediar entre los conflictos de sus colaboradores, para  ayudarles a que concilien y negocien sus diferencias, suele ser positivo. Pero  no es aconsejable que tomen la decisión final en lugar de dejarlos a ellos  mismos ponerse de acuerdo. ¿Cuáles son los problemas a los cuales se expone el  jefe que actúa como árbitro y juez de sus colaboradores?

  Un problema es que actuando de esta  manera el jefe les hace su trabajo. Probablemente en ese conflicto esté el  meollo de la trama del trabajo de los dos colaboradores, aquello que implica un  esfuerzo de la organización y que proporciona un valor importante para quienes  prestan un servicio (o producto). Se ha llamado “efecto menos uno” (-1) a este  fenómeno mediante el cual en algunas organizaciones el trabajo desciende un  nivel y todos están haciendo el trabajo del nivel inferior.

  Otro problema es que en el fondo esto es  una “delegación hacia arriba”. Todos conocemos la tradicional delegación o el  “empoderamiento” que permite a los subalternos asumir mayor responsabilidad y  crecer en el desempeño de su trabajo. Cuando el jefe les resuelve sus  conflictos pasa lo contrario, con una secuela adicional: la responsabilidad por  el resultado no es de ellos, sino del jefe (“usted ordenó que hiciéramos eso y  no funcionó, jefe”).

  Cuando el jefe decide y resuelve los  conflictos de sus colaboradores se convierte en un juez, y así la función de  ellos es exponer persuasivamente sus preferencias, sus puntos de vista, sus  intereses. No se genera una actitud de resolver el problema en conjunto sino de  ganar, de convencer. Si el conflicto ha llegado a ser muy fuerte, las dos  partes no ven la necesidad de negociar entre ellos, de hacer las paces, de  trabajar juntos y de continuar una sana relación de trabajo. Cuando el jefe  decide sobre el problema ellos se alejan sin haber conciliado entre sí y alguno  de los dos se queda rumiando su frustración. El conflicto continúa entre ellos  y ya vendrá otro evento para debatir en la presencia del juez-jefe.

  Todo esto incide en la calidad de la  decisión. Si los colaboradores se habitúan a que el jefe resuelva sus  diferencias como un juez, se cuidarán de presentar solamente la información que  les conviene, de exagerar su alegato. Las decisiones que tome el jefe serán  probablemente sesgadas o basadas en información incompleta.
    Naturalmente que un jefe está en ese  lugar jerárquico y de responsabilidad para tomar algunas decisiones, pero no  para hacer el trabajo de sus colaboradores, y mientras más les permita ejercer  el juicio, negociar sus diferencias y establecer parámetros para situaciones  futuras semejantes, mayor será el desarrollo de su gente y él (o ella) tendrá  que hacer menos trabajo de detalle. Muchos caen en la tentación de actuar como  jueces ante sus colaboradores, con una idea equivocada de la jerarquía, porque  este ejercicio del poder los hace sentir importantes y necesarios.

  Las culturas autoritarias producen una  actitud de sumisión y dependencia en la gente, y llevan a que se vuelva una  expectativa normal que el jefe decida los conflictos de sus subalternos. El  principio básico de gestión que puede contraponer esa tendencia es que los  conflictos deban resolverse en el mismo nivel en que se originen. Un buen jefe  intermedia los conflictos, pero induce a sus colaboradores a crecer y  resolverlos por sí mismos. De esta cultura organizacional de negociación  depende en gran medida la efectividad de las empresas y el éxito de sus  gerentes.

La  nueva ciencia de la productividad de la fuerza de ventas 

La  información, herramientas y análisis que las empresas utilizan cada vez más  para mejorar sus fuerzas de ventas no sólo contribuyen al brillo de los mejores  vendedores, sino que también ayudarán a los rezagados a alcanzar la mitad de la  curva.

Dianne Ledingham, Mark Kovac y Heidi  Locke Simon • Ilustraciones: Henry González
  Bob Brody se reclinó en su silla,                  refunfuñando. El consejo quería  otro 8% de crecimiento de las ventas de su división este año, y adivinen sobre  quién recaería este objetivo. Ah, los buenos viejos tiempos, cuando podía  sencillamente anunciar un objetivo de 10%, expandirlo como mantequilla de maní  por todos sus territorios y confiar entonces en que los vendedores de cada  región o línea de producto cumplieran. Seguro, algunos se quedarían cortos,  pero los verdaderos magos de la venta harían la diferencia. Hoy en día, los  departamentos de compras de los clientes de Bob utilizan algoritmos al elegir  proveedores para adquisiciones rutinarias; el cálculo económico puro a menudo  supera las relaciones personales. Para las ventas más complejas, la gente de  compras quiere soluciones personalizadas. No hay forma de que una persona pueda  cerrar esos negocios, sin importar cuánto golf juegue él o ella. La mayoría de  las veces se necesitará un equipo de expertos en productos y en la industria,  para no mencionar fuertes incentivos y mucho apoyo administrativo.
  El hecho era —sabía que debía enfrentarlo  tarde o temprano— que Bob estaba sobrepasado. Nada del proceso de ventas era  tan sencillo o predecible como solía ser. ¿Ocho por ciento de crecimiento? Ni  siquiera estaba seguro por dónde empezar.

  Si esta pequeña fábula suena familiar, es  porque los ejecutivos de hoy se ven enfrentados a menudo a un problema similar.  En los últimos años hemos pasado por este tipo de desafíos con decenas de altos  ejecutivos en el cargo de Brody. Aunque el mundo estaba cambiando a su  alrededor, ellos seguían comunicando hacia abajo los objetivos de la alta  dirección, destinando religiosamente más gente a la calle y esperando una vez  más que alguno de aquellos nuevos vendedores salvara el día. Incluso los  árbitros de las mejores prácticas como General Electric se acuerdan del estilo  desesperado que, hasta hace poco, caracterizaba sus esfuerzos de ventas. La  empresa entregaba su credencial a cada individuo diciéndole: “Buena suerte,  anda y trae clientes”, observa Michael Pilot, de GE, quien comenzó su carrera hace  22 años como vendedor en la empresa y ahora es presidente de U.S. Equipment  Financing, unidad de GE Commercial Finance.
    Hoy en día, los líderes de ventas más  capaces están cambiando radicalmente la manera en que dirigen sus grupos. Están  reinventando sus enfoques de venta para responder a los nuevos entornos de  mercado. Están expandiendo sus listados de clientes objetivo más allá de lo que  nadie antes hubiera considerado. Están potenciando la productividad de sus  vendedores, pero no por la vía de contratar a los individuos más talentosos,  sino ayudando a sus actuales vendedores a vender más. El resultado es que sus  empresas están creciendo a tasas a veces sorprendentes. La división de Pilot  —un grupo grande en un mercado maduro— agregó US$300 millones en nuevos  negocios (10% de crecimiento orgánico) solamente en 2005; un avance que él  atribuye específicamente a una reinvención del proceso de ventas de la  operación. Del mismo modo, SAP Americas, bajo el presidente y CEO Bill  McDermott, más que duplicó su negocio de patentes de software en tres años,  aumentando su participación de mercado en 17 puntos.

Lo que estos líderes tienen en común  podría ser denominado un enfoque científico sobre la eficacia de la fuerza de  ventas. Es un método que pone a los sistemas alrededor del arte de vender,  confiando no sólo en el instinto y el talento innato para vender —las  cualidades clásicas de un mago de las ventas—, sino también en la información,  el análisis, los procesos y herramientas para redibujar los limites de los  mercados y aumentar la productividad de una fuerza de ventas. Su objetivo no es  reemplazar al mago de las ventas, sino estrechar la brecha entre el 15% o 20%  más alto y el resto de la fuerza de ventas. Las empresas que utilizan bien esta  táctica han descubierto que mientras los mejores vendedores lo hacen incluso  mejor, aquellos en las posiciones inferiores muestran una mejora notable, con  saltos de productividad de 200%. Tales incrementos potencian el desempeño del  equipo de ventas como un todo y les permiten a las empresas disminuir los  gastos de contratar nuevos vendedores. Las empresas que implementan este  enfoque están viendo aumentos que llegan a 50% en las ventas promedio por  vendedor en dos o tres años, mientras la mayoría de las empresas muestra aumentos  en ventas que se concentran en 30%.

Arthur Miller probablemente no escribiría  una obra sobre los practicantes del nuevo método; el drama está en los  resultados, no en los detalles. Pero si “el futuro del negocio es hacer las  cosas según un diseño, no al azar”, como lo expresa un líder de ventas, esta  nueva disciplina puede ser lo que se necesita de los hombres y mujeres  encargados de traer ingresos a la empresa.

  Inyectar ciencia a las ventas

Pilot, de GE, entiende cuán amplia puede  ser una reinvención. A mediados de los años 90, la empresa todavía esperaba que  los equipos de ventas formaran y priorizaran sus propias bases de datos de  clientes potenciales para sus territorios. Los ejecutivos de ventas en terreno  de la empresa incluso clasificaban manualmente todos los nombres en la base de  datos de la división como “alta prioridad” y “baja prioridad”. Pilot lo  recuerda así: “Confiábamos en los directorios telefónicos”. Y también en “los  periódicos, en las señales de los camiones cuando iban por las rutas o en las  señales en los edificios”. Pilot dice que el año 2004, él reconoció que GE  Commercial Finance tenía que “poner algo de ciencia en esto”.

  El primer paso de Pilot fue revisar su  forma de segmentar a los clientes, utilizando información que incluía registros  de transacciones anteriores de la empresa. La nueva base de datos incluía  información del tipo de los códigos estándar de cuatro dígitos de clasificación  industrial, la clase de equipos entregados en alquiler, y así por el estilo.  Pilot pidió entonces a sus ejecutivos en terreno crear una lista de  características del cliente-prospecto, las que ellos pensaban estarían  correlacionadas con la probabilidad de un cliente de hacer negocios con GE.  Tomó las 14 características que ellos trajeron, procesó ecuaciones de regresión  contra la base de datos de transacciones e identificó seis criterios que tenían  una alta correlación. Si un cliente potencial se ajustaba bien a esos seis  criterios —como gastos predecibles de capital y número de registros de nuevas  transacciones—, la probabilidad de que hiciera negocios con GE era alta.

  Algo interesante surgió cuando la  división generó su lista de prospectos basada en los seis atributos.  “Descubrimos que el 30% más alto de los clientes potenciales tenía tres veces  más probabilidades de hacer negocios con nosotros que el 70% inferior”, dice  Pilot. En otras palabras, ese tercio superior se transformó en los nuevos  prospectos de alta prioridad, y sólo la mitad o algo así habían sido  clasificados anteriormente como de alta prioridad por los ejecutivos de ventas.  La empresa había identificado a 10.000 nuevos prospectos de alta prioridad que  de otro modo habrían sido pasados por alto.

  Pero no fue solamente el incremento en el  terreno de las ventas lo que hizo la diferencia; la nueva información permitió  también a Pilot rediseñar su fuerza de ventas. Por ejemplo, pudo abordar el  dificultoso trabajo de reestructurar territorios, garantizando que cada uno  estuviera repleto de oportunidades. Eso significó en algunos casos reducir  áreas asignadas sobre la base de la calidad de los contactos, reevaluar  territorios o crear otros completamente nuevos. “Cuando se mira el mercado con  este tipo de enfoque científico -dice Pilot- nunca tendrás a sabiendas  territorios que intrínsecamente puedan rendir menos de lo esperado”.

  En el frente de gestión del desempeño, la  información le permitió a Pilot avanzar más rápido con vendedores nuevos y  menos experimentados. “Mucho del proceso de potenciar a los vendedores es un  asunto de ubicarlos frente a los clientes objetivo correctos”, dice. “Si puedes  hacerlo, lograrás un gran aumento en las ventas”.

  Pilot también utilizó la información para  apoyar a su fuerza de ventas con nuevas herramientas y procesos para terreno,  como campañas de marketing dirigidas que apuntaban a segmentos de alto  potencial. No todos los contactos y negocios generados quedan asimilados a una  campaña en particular. “Te ayuda a pensar sobre lo que funcionó o no, y dónde  reforzar y gastar dólares para un mayor retorno del lado del marketing”, dice  Pilot.

  Los US$300 millones en nuevos negocios en  2005 reflejan tanto un incremento en los prospectos de venta como un 19% de  mayor tasa de conversión, o cierres de negocios, en un mercado que la empresa  alguna vez creyó que estaba madurando. Ese ingreso, advierte Pilot, “proviene  de clientes que sabemos que no habríamos contactado sin el nuevo enfoque. Al  final del día, se trata de construir nuestros negocios alrededor de nuestros  clientes y descubrir formas de ayudarlos a crecer”.

Definir objetivos
  Definir objetivos de venta anuales es el  primer paso en cualquier empresa para crear un plan de ventas. Como nuestro Bob  Brody de ficción, los líderes de ventas tradicionalmente han definido las metas  sobre la base de las aspiraciones de los altos ejecutivos para la empresa.  Tales aspiraciones normalmente reflejan las expectativas de los accionistas,  por lo que no pueden ser ignoradas. Pero los líderes de ventas muy a menudo  aplican los objetivos a través de todos los segmentos y regiones, sin reunir la  información competitiva y de mercado que harían más realistas sus metas. Es  probable que existan variaciones por región y segmento, y por ello los  vendedores a menudo llegan a cuotas que son irrealmente altas o bajas, pudiendo  en ambos casos desmoralizar y desmotivar a una fuerza de ventas.

  Para ver cómo funciona la nueva ciencia  de definir objetivos, considere la forma en que Cisco Systems utiliza la  tecnología para pronosticar ventas. La empresa creó un sitio al cual los  ejecutivos pueden conectarse y seguir al minuto el desempeño de las ventas  —clasificadas por región, por línea de productos, y así por el estilo— hasta el  nivel de ejecutivos de cuenta. El sitio también contiene información sobre los  prospectos de los vendedores, incluyendo el volumen de cada oportunidad de  venta, el tipo de tecnología que requiere el cliente y quiénes son los  competidores. Los ejecutivos mantienen llamadas regulares a sus prospectos y  cada semana generan nuevos pronósticos derivados de la información. Convierten  entonces los números en pronósticos semanales, mensuales y trimestrales. “La  precisión del pronóstico para las cifras trimestrales tiende a ubicarse en el  rango de -2% y 2%” dice Inder Sidhu, vicepresidente de estrategia y  planificación de ventas mundiales de Cisco.

Al igual que otras empresas con mejores  prácticas, Cisco no se detiene. El año pasado proveyó a sus vendedores con PDA  de última generación y está generando aplicaciones específicas para las  herramientas diseñadas para potenciar la productividad. Uno de esos programas  agiliza el ingreso de información; otro permite a los vendedores chequear las  acciones recientes de sus clientes (si han solicitado componentes o remitido  una factura, por ejemplo). Cisco también ha elevado la motivación de sus  vendedores, al desarrollar una calculadora personal online para conocer la  compensación. “La gente puede entrar y decir: ‘Muy bien, aquí es donde estoy  este trimestre’ ”, dice Sidhu. “Les dice exactamente qué les significará  financieramente a ellos el negocio que están haciendo”.

Dos años atrás, Aggreko North America,  una división de la empresa de alquiler de equipos con sede en el Reino Unido,  adoptó un enfoque científico para definir objetivos, con resultados  espectaculares. Las ventas crecieron 29% en 2005 y la productividad de la  fuerza de ventas aumentó 90%. El presidente de la empresa, George Walker, dice  que el proceso comienza desde la jefatura hacia abajo. Los ejecutivos reúnen  información regional sobre los impulsores clave al nivel de industria en cada  uno de los mercados verticales de la empresa —barriles de crudo refinado, casas  construidas y así por el estilo— y calculan entonces la participación de la  empresa en cada mercado para definir los objetivos de crecimiento. Después viene  el trabajo desde abajo: provistos con la información, los ejecutivos de áreas  de venta desarrollan una visión de los territorios, cuentas y cuotas por  vendedor individual multiplicando el tamaño del mercado potencial por los  objetivos de participación para cada mercado. Un proceso iterativo entre los  vendedores locales y los ejecutivos sénior asegura que las expectativas de los  vendedores estén en línea con los objetivos corporativos globales.
   
  Elevar la productividad

Los ejecutivos de venta tradicionalmente  asumen que si usted quiere ver un crecimiento significativo, tiene que observar  el desempeño del año anterior y de ahí tratar de calcular cuántos vendedores  nuevos podría agregar, dados el mercado potencial y el tiempo que requeriría  cada nuevo vendedor antes de generar ingresos.

  Las empresas que siguen un enfoque  científico toman una ruta muy diferente. Se concentran sobre todo en aumentar  la productividad del vendedor individual. Lo pueden hacer así porque la  pregunta de cómo incrementar la productividad ya no es un misterio para ellas.  Por el contrario, han aprendido a usar cuatro palancas que convierten los  incrementos de productividad en algo predecible y gestionable.

Productos dirigidos

La mayoría de las organizaciones ya saben  cómo reunir la información que les permite segmentar su base de clientes. Pero  las empresas que siguen un enfoque científico incrementan la productividad  llevando la segmentación un paso más adelante. Dividen sistemáticamente a sus  clientes de acuerdo con factores como valor potencial de la cuenta,  participación en el gasto, mercado vertical, tipo de producto y tipo de escala.  Definen roles y armonizan incentivos para mejorar la posición de los vendedores  y venden los productos que resultan más apropiados a cada segmento de clientes.  Los vendedores de estas empresas deben poseer una profunda comprensión de los  segmentos que atienden. Ningún paquete de productos y servicios sirve para  todo. Y debido a que hoy en día muchas ventas no pueden ser cerradas por un  individuo solamente, estas empresas saben cómo respaldar un enfoque de equipo  con un diseño cuidadoso y una gestión inteligente.

Productos diferenciados dirigidos a  individuos con un patrimonio neto personal de más de US$25 millones han hecho  una gran diferencia en la operación de banca privada de Citigroup. Ese grupo  atiende a dueños de negocios, corredores de bienes raíces, abogados, atletas  profesionales y otros segmentos especializados, cada uno con necesidades y  desafíos específicos. “El sector ha cambiado mucho en 15 años”, dice Todd  Thomson, CEO de la división de Global Wealth Management de Citigroup. “Antes se  trataba de vender acciones y bonos, y de ahí fondos mutuos y otras cosas. Era  mayormente un asunto de transacción”. Hoy, Citigroup se enfoca menos en vender productos  de inversión —commodities que pueden comprarse y venderse en cualquier parte—,  y en lugar de eso ofrece servicios de gestión de patrimonio y asesoría sobre  objetivos de corto, mediano y largo plazo. Los productos, aunque todavía  importantes, son secundarios.

Para hacer la transición, Citigroup se  mantiene enfocado en dos cosas. Primero, en lugar de simplemente hacer crecer  su base de asesores y banqueros, realizó inversiones en el desarrollo  profesional de su gente y de sus plataformas, tales como entregar a su gente de  banca privada formación financiera y de negocios, entregada por profesores de  renombradas escuelas de negocios. Segundo, la empresa segmentó a sus clientes  por categoría y creó equipos dedicados, enfocados en apoyar las necesidades de  cada grupo de clientes. “Tenemos un conjunto de productos, incluyendo  herramientas de gestión de riesgo, que han sido elaboradas y dirigidas hacia  agentes inmobiliarios”, dice Thomson. “Cuando nuestros ejecutivos de banca  privada y sus equipos se asoman a hablar con un agente inmobiliario, son más  hábiles que la competencia sobre lo que ellos necesitan y cómo entregárselos”.  La gente de la banca privada —los coordinadores de equipo— son incentivados a  aumentar el ámbito de experticia en gestión de Citigroup, lo que incluye operar  con capitales, renta fija, gestión fiduciaria e incluso gestión de caja en  negocios nuevos. “Durante el año pasado, hemos estimulado a nuestra gente a  pensar en cómo solucionar problemas de los clientes, y hemos visto un gran aumento  en activos de aquellos clientes”, dice Thomson. Resultado: la banca privada de  Citigroup en Estados Unidos generó un promedio de US$5,5 millones en ingresos  por vendedor, comparado con el promedio de unos US$4 millones en el resto del  sector.

Automatización, herramientas y  procedimientos optimizados

  “Automatización de la fuerza de ventas”  se ha convertido en un término repetido en los años recientes, y muchas  empresas están poniendo a trabajar herramientas de TI para mejorar la  productividad de la fuerza de ventas. Aggreko North America utiliza software de  gestión de relación con clientes con un “predictor de rentabilidad” que les  permite a sus vendedores ajustar una oferta si los márgenes no están donde  deberían. GE Commercial Finance tiene reuniones de ventas, los lunes en la  mañana, facilitadas por una “cabina digital” que les permite a los ejecutivos  observar en detalle los prospectos de los vendedores. Cisco, famosa por sus  herramientas de ventas en la Web, sabe que la tecnología es eficaz solamente si  ellas suplementan y complementan procesos disciplinados de gestión de ventas,  como las rutinas, discusiones detalladas sobre los prospectos sobre la base de  una caracterización bien comprendida de las diversas etapas de los prospectos y  una canalización sistemática de los datos a los vendedores.

  Una espectacular transformación en SAP  Americas, en particular, muestra cuán importantes pueden ser los procesos  sistemáticos. Cuando McDermott tomó su control en 2002, una de sus primeras  acciones fue establecer estándares a los vendedores en forma individual que  reflejaran el potencial de mercado: US$500.000 para el primer trimestre del  próximo año, US$750.000 para el segundo trimestre, y así sucesivamente. Por sí  solos, los objetivos trimestrales modificaron la forma de pensar de mucha  gente; tradicionalmente, los vendedores de SAP habían contado con un gran  cuarto trimestre que los empujaba para el año. En lugar de permitirles a los  vendedores desordenar todo para lograr sus metas anuales al final de cada año,  McDermott definió un estándar de prospectos. Los vendedores debían tener en sus  prospectos, sobre una base rotativa, tres veces sus cuotas de ventas anuales,  trimestre por trimestre. Para asegurar que los asociados de negocios (como IBM  Global Services y Accenture, que implementan los sistemas que SAP vende) fueran  incluidos en el esfuerzo de venta, McDermott decidió que al menos la mitad de  cada volumen individual de prospectos debía ser asignado a un asociado de  negocios que formaría equipo con SAP para cerrar el negocio.

  Sin embargo, con sólo definir tales metas  no es suficiente. Apoyarlas con procesos de gestión, materiales de venta y  herramientas automatizadas para medir indicadores clave y resultados, es lo que  hace más predecible los resultados. Por ejemplo, los vendedores están  informados regularmente sobre las tendencias clave de la industria y sobre  cuáles de los productos del portafolio amplio de SAP serán más relevantes y  valiosos para un segmento objetivo. Cuando los vendedores identifican a  clientes que pueden hacer un mejor uso de productos claves de SAP para  enfrentar una tendencia de la industria “toda la potencia de marketing y de  prospectos están realmente enfocados en hacerles saber a aquellos clientes que  están dejando cientos de millones de dólares de valor sobre la mesa”, dice  McDermott.

Gestión del desempeño
  La mayoría de las organizaciones tiene un  nivel esperado de reducción de ventas basado en si los vendedores cumplen sus  cuotas a lo largo del tiempo. Pero algunas han agregado niveles más profundos  de análisis del desempeño que hacen más predecible, y así más gestionable, la  productividad de ventas. Por ejemplo, para cada segmento de clientes (tales  como cuentas globales, cuentas de grandes empresas, y así por el estilo), SAP  ha analizado cuánto tiempo les toma a los nuevos vendedores ser productivos y  cuánto aumenta la productividad a partir de ahí. También pueden saber la tasa  de productividad promedio de los vendedores experimentados. Esto ayuda a los  ejecutivos a diseñar más eficazmente su plan de segmentación por territorios y  detectar más rápido cuándo una nueva contratación no está cumpliendo los  estándares. “La gente normalmente llega a su nivel estable de productividad a  los 12 meses”, explica McDermott. “Si no están ahí, no van a llegar. Y eso  sucede más o menos con el 10% de nuestras nuevas contrataciones”.

  La clave de la retención es ubicar a la  gente para que tenga éxito. Eso no debería ser un asunto de buena suerte;  debería ser un resultado de planificar con información. Todas las empresas  exitosas que estudiamos miden los insumos —una lista de prospectos de un  vendedor, el tiempo consumido indagando o llamadas completadas sobre ventas  específicas—, así como los resultados, ayudando a los vendedores a estar encima  del proceso. “Si no estás mirando las medidas del desarrollo del proceso y  simplemente estás mirando los resultados”, dice McDermott, “estás dejando de  lado el elemento más importante: el futuro”.
    Las mejores empresas ofrecen  oportunidades de desarrollo a los vendedores exitosos. Así, Thomson, de  Citigroup, quien también supervisa el negocio de Smith Barney —una división de  la empresa—, advierte que los asesores financieros exitosos en su empresa no  solamente se quedan con un porcentaje más alto de los ingresos que generan,  sino también son premiados con desarrollo profesional que les permite ampliar y  profundizar sus prácticas de gestión de patrimonio.

  Las empresas impulsadas por la  información también alinean los incentivos con los comportamientos que son  cruciales para el éxito financiero de un vendedor. Puede conllevar el ajuste de  indicadores y comisiones, de modo que los vendedores antiguos no puedan  simplemente dormirse en las ventas pasadas. O puede significar diseñar sistemas  de compensación por tipo de venta. Por ejemplo, una de las líneas de negocios  de Aggreko North America, llamada Aggreko Process Services, provee servicios de  ingeniería para suplementar el equipo de control de temperatura que la empresa  alquila a refinerías de petróleo (entre otros clientes). Los representantes de  ventas que venden estos productos —que a menudo involucran un proceso de ventas  largo y complejo— no trabajan sobre comisiones directas. En su lugar, ganan un  salario relativamente alto más un bono basado en objetivos alcanzados. Mientras  tanto, los representantes que venden alquiler de equipos menos complejos, como  aquellos para empresas de construcción, obtienen una proporción más alta de su  compensación en comisiones.

Distribución de la fuerza de ventas

  La forma en que una empresa va al mercado  —cómo organiza y distribuye no solamente a sus vendedores, sino también sus  recursos de venta, soporte, marketing y entrega— es una parte crucial del  proceso de ventas. Toda empresa que ha visto migrar a sus vendedores basados en  territorios hacia la parte baja del mercado, buscando ventas fáciles en vez de  ventas rentables, está enfrentando un problema de distribución. Simplemente sus  recursos no están siendo puestos donde pueden generar el mayor retorno.

  Una manera simple de arreglar un problema  de distribución es crear un mapa de demanda del mercado utilizando información  de segmentación y compararlo con su mapa de distribución. El punto es  reemplazar el instinto por la información, para identificar dónde están los  mejores prospectos y sincronizar esa información con las empresas que los  vendedores realmente están llamando. Pero un enfoque analítico de la  distribución va mucho más allá de simplemente calzar vendedores con prospectos.  Las empresas con mejores prácticas típicamente se miden a sí mismas observando  también si sus enfoques de ventas van aparejados con el cliente apropiado.

La mayoría de las empresas, por ejemplo,  utiliza varios canales de venta: ventas a empresas u otras ventas directas,  internet, distribuidores o revendedores de valor agregado, y así por el estilo.  Tener acceso a información detallada sobre el comportamiento y la rentabilidad  de segmentos y microsegmentos de clientes les permite a los ejecutivos de venta  decidir cómo distribuir mejor estos distintos recursos. Por ejemplo, las  consultas sobre alquiler de commodities en Aggreko North America son dirigidas  a internet o cerradas por televentas; las consultas sobre grandes proyectos de  consultoría son enviadas a vendedores especializados. El vendedor perfecto para  los negocios de Aggreko relacionados con la construcción, dice el presidente  Walker, no es necesariamente un experto en construcción, sino un vendedor que  “sabe cómo hacer 50 llamadas de venta a la semana” y puede cerrar negocios  rápidamente. “El vendedor perfecto para el negocio de refinería de Aggreko”,  sigue Walker, “es alguien que se siente cómodo con ciclos de venta largos y con  soluciones complejas e intensivas en tecnología”.

Otra pregunta que se hacen las  organizaciones líderes en ventas es: ¿los vendedores están utilizando en  terreno todo el tiempo posible en vender? Cuando medimos el tiempo que los  vendedores no están de cara al cliente, encontramos que a menudo representa más  de la mitad de sus horas totales. Si los ejecutivos de ventas descubren esa  clase de problema, tienen una variedad de herramientas a su disposición. Pueden  canalizar algunas de las funciones administrativas de los vendedores a apoyar  la oficina. Pueden reorganizar  territorios  para minimizar el tiempo gastado en traslado. También pueden simplificar los  sistemas con que los representantes deben tratar. Varios años atrás, los  ejecutivos de venta en Cisco definieron una meta de reducir el “tiempo de no  venta” en algunas horas a la semana, y le encargaron al departamento de TI que  lo hiciera posible. La mejora condujo a varios cientos de millones de dólares  en ingresos adicionales.

Las cuatro palancas ayudan a incrementar  la productividad de la fuerza de ventas. Lo que es más interesante; sin  embargo, es el hecho de que ellas parecen tener su mayor efecto sobre los  empleados de menor desempeño y así entonces reducen la brecha entre los de  mejor desempeño y todos los demás. Cuando estudiamos los resultados de un  programa de eficacia sistemática de la fuerza de ventas lanzado en varias  sucursales de un importante proveedor de servicios financieros coreano,  descubrimos que las sucursales registraron 44% de crecimiento en el volumen de  ventas semanales, comparado con un descenso de 6% en otras sucursales. El  primer cuartil de vendedores elevó sus ventas de productos en 6%, el segundo  cuartil en 59%, el tercer cuartil en 77% y el último cuartil en un asombroso  149%. Un estudio de un programa comparable en las oficinas en Corea de otra  firma de servicios financieros globales descubrió resultados similares, aunque  no idénticos. Los aumentos en activos gestionados fueron desde 2% en el cuartil  más alto, a 54% en el tercer cuartil, mientras el último cuartil registró un  aumento de 44%.

Más allá de las mejores prácticas

Encontrar, atraer y mantener a vendedores  sobresalientes es cada vez más difícil. Y las empresas no pueden seguir  confiando en ellos de la manera en que alguna vez lo hicieron. “Está siendo  increíblemente caro quitarles las estrellas a los competidores”, reconoce  Thomson, de Citigroup. Para una empresa, confiar en la capacidad persuasiva o  en el poder para construir relaciones de un pequeño grupo de individuos  talentosos es simplemente insuficiente para un crecimiento predecible y  sustentable.

Afortunadamente, los ejecutivos de venta  como Bob Brody en nuestra historia no necesitan depender exclusivamente de  magos de las ventas para alcanzar sus metas. Pueden obtener mucho más de su  fuerza de ventas completa utilizando un enfoque tenaz y científico hacia la  eficacia de la fuerza de ventas. Como cualquier ciencia, por cierto, está  evolucionando. Las herramientas y procesos que hemos descrito son la mejor  práctica de hoy, pero en pocos años serán casi con certeza el procedimiento  operativo estándar de cualquier empresa que espera competir eficazmente en el  mercado global.

Dianne Ledingham  (dianne.ledingham@bain.com) es socia de Bain & Company en Boston. Mark  Kovac (mark.kovac@bain.com) es socio en Dallas y Heidi Locke Simon  (heidi.lockesimon@bain.com) es socia en San Francisco. Los tres son líderes de  la práctica de Mejoramiento Global del Desempeño de Bain.


Inicio del artículo
Tel: (506) 2204-7444 / 2204-7596 :: Fax: (506) 2204-7606 :: San José Costa Rica, Calle 11 Avenida central y Segunda. :: © 2004 Revista Summa Derechos Reservados.