ENTREVISTA DE PORTADA
Última Actualización: Mayo 5th, 2008 - 15:11:12

El pilar de GuateMcla
Abril 3, 2007, 17:50


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“GuateMcla“ podría ser la denominación del país más al norte del istmo. ¿Exagerado? Tal vez, pero el hecho de que vayan a finalizar el año 2007 con 58 restaurantes también puede avalar este dicho. Sin embargo, no fue Guatemala ni mucho menos el primer país de la región con restaurantes de McDonald’s. Costa Rica abrió la veda; después fueron Panamá, Nicaragua, El Salvador, Honduras y, el último, Guatemala. Centroamérica fue la primera zona latinoamericana en la que se estableció la cadena de Ronald (sin tomar en cuenta Puerto Rico, que al fin y al cabo es prácticamente el 51 estado de la unión). En el país cuenta en la actualidad con más de 3.000 empleados, y en 2006 adquirió la franquicia para Honduras y Nicaragua, por encima de los 500 trabajadores.


Su presidenta, Yolanda Fernández de Cofiño, (conocida en Guatemala cariñosamente como “Yoli” de Cofiño) lleva, a sus 72 años, las riendas del operador más grande del mundo McDonald’s fuera de Estados Unidos desde 1995, tras la muerte de su marido. Summa conversó extensamente con esta mujer, una de las emprendedoras más reconocidas de nuestro entorno, que aparece en su oficina con sus dos perros (Gigi e Ives Saint Laurent) como todas las mañanas desde hace años. El trabajo no ha sido obstáculo para dedicarle tiempo a una familia numerosa, con cinco hijos (uno falleció hace dos años en accidente de tráfico), doce nietos y un bisnieto.

¿Cómo nació la idea de entrar a trabajar con McDonald’s?
Mi marido conoció de McDonald’s a través de un estadounidense amigo de él, porque no lo conocíamos. Era 1973 y no había ni siquiera en la Florida. Nos contó sobre las hamburguesas y se asoció con otra persona.


¿Y usted cómo empezó?
Él adquirió la franquicia en el año 73, y en 1974 (19 de junio) se abrió el primer restaurante en el centro, en la 10ª calle de la zona 1, fue el primer fast food que hubo en Guatemala. Su socio no lo llevó bien y se encontró con un negocio que él no podía manejar, porque tenía otras cosas y nadie lo quería comprar. Teníamos una pérdida de US$7.000 mensuales. Así fue como entré, según yo, a ayudarlo en esta aventura, a sacar el negocio afuera, interviniendo como un ama de casa. Yo creí que era algo muy sencillo. Comencé haciendo de todo, limpiando, viendo que la lechuga estuviera bien, ordenando… Vamos, un ama de casa, lo que uno haría en su propia casa.

Así contado parece muy sencillo…
La corporación lo había vendido a Puerto Rico Franchising, de otro estadounidenseame, que abrió el primer McDonald’s en Puerto Rico y no pudo continuar por las cosas de sindicatos. Se fue a Panamá y fue abriendo en toda Centroamérica. En Guatemala no había puesto, porque él tenía la idea de quedarse a vivir aquí y que el McDonald’s fuera suyo, pero vivían en Panamá y la señora decidió que ya no quería estar en Centroamérica y se fueron a Chicago, y así fue como entró mi marido. Pero el equipo de este señor no daba el servicio ni la atención que debían dar por las regalías que se estaban pagando. Entonces mi marido fue a Estados Unidos y les dijo que no pagaba ni un centavo más de regalía si no le daban la asesoría. Después, la gente de la corporación McDonald’s vino y vio que ningún McDonald’s de Centroamérica era McDonald’s; entonces recompraron a este señor la franquicia y se hicieron cargo del negocio, y ya nos dieron la asesoría, el entrenamiento, el know-how, lo que realmente deberían haber hecho desde el principio.

¿Y con ellos aprendió?
En ese equipo de gente que venía constantemente vino un mercadólogo muy bueno, Willie Ranney, el mejor que han tenido en McDonald’s. Hicimos muy buena amistad, él estaba casado con una guatemalteca y hablaba muy bien español… Me enseñó muchísimo, nos enseñó a enfocar mejor el mercadeo. Es el mejor maestro de mercadeo que podría haber tenido. Luego fui al curso de la Universidad de la Hamburguesa de Mac, con un sistema de cómo condensar las cosas y poderlas enseñar en poco tiempo. Ese sistema lo adoptó Harvard, y por años he ido a todas las convenciones, cursos, seminarios…

Llegó a la presidencia tras la muerte de su marido. ¿Cómo fue ese cambio? ¿Fue natural o hubo algún tipo de resistencia?
No hubo resistencia, porque nosotros somos una empresa muy familiar y siempre lo fuimos. Mis hijos comenzaron a trabajar con nosotros desde que eran muy jovencitos, desde que eran niños prácticamente, en vacaciones… Y luego comenzaron a trabajar formalmente desde muy jóvenes. Nos repartíamos muy bien el “pastel”: mi hija, recursos humanos, que se ha especializado en eso, ha hecho la carrera y entrenamiento; mi hijo en operaciones, restaurantes y construcciones, que las cosas se hagan bien, con calidad; mi marido era más la parte financiera y yo mercadeo. Entonces cuando él murió no fue una transición espectacular, aunque sí fue un momento muy duro en mi vida, porque cambió totalmente, de la noche a la mañana. Seguimos con las mismas personas que teníamos, pero ya fuimos más allá, porque ninguno de mis hijos ni yo estábamos involucrados en la parte de finanzas o seguros. Fue una transición tranquila… Esto fue en 1995.

McDonald’s fue la primera empresa que introdujo el concepto de autoservicio en Guatemala…
Sí, en 1979, y de toda América Latina. Es una idea que introdujimos aquí pero que ya estaba dentro del sistema McDonald’s en Estados Unidos y en otras partes del mundo.

Y siempre a la cabeza
En Guatemala fuimos la primera empresa en introducir el autoservicio como fast food, también de los primeros en introducir el desayuno en comida rápida, los primeros en introducir cumpleaños en los restaurantes fast food.


Hemos sido pioneros en muchas cosas aquí en Guatemala, y luego la competencia ha ido también creciendo en la misma forma. En un principio cuando comenzamos y nuestra gente comentaba “mira, que nos han copiado las ideas”, yo les comentaba, “mientras nos copien, vamos bien. El día que no nos copien, ahí nos vamos a preocupar. ¿Que nos copian? Ahora ustedes se tienen que preocupar en hacer mejor las cosas para que la gente regrese con nosotros”.

¿Y el concepto del McCafé?
La idea nació en Australia. Creí que era de Argentina, porque en Buenos Aires en cada cuadra hay dos o tres cafés, y cuando me dijeron que era Australia… McDonald’s adaptó la idea a todo el mundo. Ahora, Guatemala también ha sido el primero en el mundo en tener el autoservicio en McCafé, Auto McCafé. Pasas en el carro, pides tu capuchino y sigues adelante. Hace poco estuvo el presidente de McDonald’s aquí, y quedó muy impresionado con esto. Ya ha venido gente de los Estados Unidos y de otros lugares para ver cómo tenemos aquí el asunto del Auto McCafé para implantarlo en otras partes, porque la verdad es que es un buen negocio.

Con producto ciento por ciento guatemalteco, ¿no?
Sí. El 86% de los productos que utilizamos en McDonald’s es guatemalteco, y en McCafé el 100%. En los vasos hemos incluido el sello de Anacafé, la Asociación Nacional del Café de Guatemala. Nosotros lo pusimos por apoyarlos, porque antes se vendía mucho café extranjero, siendo el de aquí es muy buen café. Ahora es 100% café guatemalteco, apoyamos a Anacafé y ellos a nosotros. Desde entonces han subido las ventas. Nuestro café es el mejor de Guatemala.

Respecto al concepto de McDonald’s, ¿aún tiene capacidad de crecimiento en Guatemala?
Por supuesto, muchísimo. Incluso en el interior para el año entrante tenemos planes. Ya estamos de hecho en el interior. Ir allí no es fácil, por el tema de la logística: es complicado el envío de productos, los proveedores… No es decir: “Ahora voy a abrir un restaurante en tal parte”, no; debido a las cantidades tan grandes que nosotros consumimos. Entonces hay que hacer plan logístico muy ordenado.

¿Qué número de restaurantes tienen en Guatemala?
Oficialmente el restaurante número 50 está abierto, pero ya se está trabajando en otros tres, a finales de 2007 tendremos operativos un total de 58 restaurantes en Guatemala.
¿Cuál es el restaurante que más vende en Guatemala?
Utatlán, en la calzada Roosevelt. Todas nuestras tiendas venden bien y tenemos las ventas y transacciones más altas de Latinoamérica, y en el mundo estamos en tercer lugar; porque lógicamente en Europa, en Francia, con euros, olvídate… Allí una BigMac te cuesta el doble. Venden el mismo producto mucho más caro; pero claro, el poder adquisitivo es diferente, y sus gastos fijos, claro.

Y recientemente han adquirido los restaurantes de McDonald’s en Honduras y Nicaragua.
Hoy tenemos seis restaurantes en Honduras (dos en San Pedro Sula y cuatro en Tegucigalpa) y cuatro en Nicaragua (los cuatro en Managua). Este año esperamos abrir más en Tegucigalpa y Managua.

UNA CAJITA PARA NIÑOS

Estará hartísima de esta pregunta, pero es obligatoria. ¿Cómo se le ocurrió la idea de la cajita feliz?
Surge como todas las ideas, de casualidad. Cuando yo comencé manejaba todo como ama de casa. Teníamos las oficinas detrás del restaurante, en la zona 1. Incluso atendía clientes en la caja, en la barra, salía a platicar con la gente… Me empecé a dar cuenta que las mamás llegaban con tres y cuatro niños, y a mí me daba “no sé qué” que esta gente gastara tanto. Uno decía que quería una BigMac, otro un sundae de fresa, el tercero otra cosa… Y a final de cuentas todos los niños son iguales: no se lo comen. Le dan una mordida y ahí se queda. Entonces se me ocurrió hacer un menú para niños con cosas más chiquitas. Hamburguesa y papitas chicas, una soda más chiquita, un heladito… Para hacerlo más directo para los niños, un juguetito y un dulce (mandamos hacer las paletas con la cara de Ronald en Salvavieja). Ahora en todas partes hay menú para niños, pero en ese tiempo no. Estoy hablando de hace casi 30 años. Yo al menos no conocía ningún lugar en Guatemala que lo tuviera. Empezó llamándose “el menú de Ronald” (1978), pero no lo dábamos en una cajita. La gente, creo, se iba más complacida. La mamá que iba con tres niños, pedía un “menú de Ronald” para cada niño y el niño se lo comía todo.

¿Cómo se dio cuenta de eso?
Yo soy mamá de cinco niños: pedían todos y al final no se lo comían; siente uno que está tirando el dinero. Continuamos con la historia del “menú de Ronald” y yo siempre andaba mirando la posibilidad de comprar en Estados Unidos juguetes chiquitos atractivos. Había compañías que le trabajan a McDonald’s, y que los hacían, pero como para regalar en los restaurantes (todavía no existían las cajitas) a los niños que llegaban. Cuando vino la gente de McDonald’s a Guatemala, alguien se dio cuenta de esto, y me dijeron que lo presentara en la convención… A mí me parecía que no era para presentar en una convención. Tuve la suerte de estar en ese tipo de convenciones, donde iban los mejores mercadólogos del mundo. ¿Y cómo iba yo a ir con una cosa tan simple, cuando llevaban aquellas maravillas de presentaciones? Al principio no quería, pero me insistieron. Al final, lo presenté; era 1986 y les pareció una excelente idea, y comenzaron a sofisticarlo.


Entonces sacaron primero, sólo para Centroamérica, unos barquitos de plástico muy baratos. Claro, nos pusieron como “conejillos de indias” —siempre lo hemos sido—, y eso se desbarataba… Y de repente salieron con la cajita, meterlo todo dentro, hablamos de 1989. Antes, con todo el mundo con quien hablaba en las convenciones les preguntaba que por qué no hacían un menú para niños.

¿Y por qué no se hacía?
El problema del menú para niños era el juguetito. Nosotros teníamos dos restaurantes en el año 80. Entonces imagínate, mandar hacer 100 perritos ¿Cuánto me costaba? No podía.
Luego cambió el concepto: no pusieron que fuera para niños, pero se sobreentiende. Ahora, nosotros tuvimos un problema aquí en Latinoamérica. En inglés es “Happy Meal”, la comida feliz; aquí se tradujo como “Cajita Feliz”. Me pareció muy bien cuando nos preguntaron por la traducción. Entonces, nosotros vendíamos los muñequitos sin cajita, con el menú de Ronald y el muñeco al lado, pero desde la corporación insistieron con la cajita. Comenzamos con la cajita y no se vendía mucho, costaba.


Incluso en Estados Unidos ellos daban un modelo por semana, y yo les dije que aquí no, que vendería todos los modelos juntos, porque las culturas son diferentes. En Estados Unidos la familia tiene un niño, lo lleva cada semana y le dan un modelo diferente. Pero aquí llevan tres niños, ¿y a los tres les vas a dar el mismo muñeco? Me parece como estafar a la gente.
Después, decía ¿por qué la gente no compra las cajitas? Veía que entraban mujeres analfabetas y teníamos allí el letrero. Se les ofrecía y no querían.

¿Qué ocurría?
De lo que me di cuenta es que esta gente pensaba que la Cajita Feliz era una caja con un muñeco, y no había comida dentro. Estuve observando porque pensaba que tenía que haber algún motivo. Llegó una indita y pidió las hamburguesas y las cajitas. Hasta le tuvieron que ayudar a llevar la comida a la mesa. Me acerqué y le dije: “Hija mía, pero tú compraste mucho”, le dije que dentro de la caja venía hamburguesa y todo, y ella no lo sabía. Entonces le dije: “Mira, te voy a devolver lo que has comprado porque no lo sabías”. Me dijo que no, que se lo llevaba. Yo me di cuenta que la gente, en general, pensaba que la caja era una caja con un muñeco dentro. Es que si a ti te dicen “cajita feliz” no entiendes de qué se trata. Entonces pensé que había que decirle a la gente que había comida dentro. ¿Cómo hice? Puse los letreros que decían: “La mejor comida” y abajo “Cajita Feliz” y no te puedes imaginar cómo nos subió la venta.


Observé que no era sólo la indita analfabeta; en general, mucha gente no se daba cuenta que dentro había comida. En aquel tiempo tuvimos una convención sobre el tema, sólo de Latinoamérica. Todos estaban con la historia de las cajitas, que no se vendía bien, y que Guatemala vende tantas cajitas. Yo les dije: “Mire, esto y esto estamos haciendo nosotros, ¿Por qué no hacen lo mismo?”. En Uruguay lo hicieron y venden muy bien sus cajitas. Pero desgraciadamente en Latinoamérica, y específicamente Centroamérica, es la gente más nacionalista que puede haber. Si tú dices: “Esto es bueno”, ellos dicen: “Ah, no, lo que hacemos nosotros es mejor”. Nadie quiere copiar a nadie, y a mí hasta premios me han dado por copiar. Hasta que no empieza McDonald’s, la corporación, a decir “hagan esto”, no lo hicieron. Yo me aprovecho de copiar todo.


Hemos hablado de Cajita Feliz, McCafé… ¿Cuán importante es la innovación?
Es muy importante, porque vienen a ser nuevos segmentos del mismo negocio. Por ejemplo, el autoservicio; nosotros le decimos AutoMac. Lo que se deja de vender porque la gente no encuentra parqueo, que lleva prisa, la comodidad… El autoservicio para nosotros representa una parte importante del negocio. El desayuno, nosotros fuimos los primeros en sacarlo. Abría a las diez de la mañana y ahora a las seis o a las siete dependiendo del lugar donde se encuentre ubicado el restaurante. Son cuatro horas más que tenemos el negocio. En Nicaragua acabo de poner el desayuno, y ha subido la venta de una manera increíble, y eso que es sólo en un restaurante, porque en el otro dicen que en todo lo que hay alrededor nadie llega antes de las diez de la mañana. Les he dicho que lo pongan también allí, y ya verán cómo la gente va a llegar...
El McCafé también es una parte importante del negocio. El negocio es un pastel, pero tú le puedes ir agregando. El McCafé es un lugar para llegar y tomarte un café más especial, sentarte tranquilo...

También surgió en Estados Unidos el sistema de cumpleaños para niños, pero aquí se adaptó a la cultura latinoamericana…
También, porque allá los cumpleaños eran máximo diez niños por cumpleaños. Cuando lo vi ya comenté que eso en Guatemala no se podía hacer. Y ellos tienen razón, porque si tú vas a un restaurante a comerte una hamburguesa solo, no vas a querer que haya 20 niños alrededor gritando...


Aquí las familias son muy numerosas, yo misma tengo cinco hijos. No hay cumpleaños con menos de 30 niños.
Otra cosa es la piñata, sobre todo en Guatemala: si no hay, el niño dice que no hay cumpleaños. Hay que ir adaptándose a las culturas. Empecé a idear cómo hacerlo aquí. Lo que hicimos fue desocupar una bodega que teníamos en el restaurante de zona 1, se arregló e hicimos el lugar para que en los cumpleaños pudieran llegar 30 o 40 niños, y piñatas y de todo. Y el sistema de cómo hacerlo, porque luego todos los países lo empezaron a adoptar.


Sólo decirte que en Honduras estaban haciendo cumpleaños, y cada uno que hacían perdían plata. Un tipo de cosas que según su criterio era para hacer más cumpleaños. Pero si estás perdiendo plata con tanto cumpleaños, te llevó el río. Ahora ya están cambiando el sistema. Mandé gente de aquí, auditor, de contabilidad, que les fuera a decir cómo se tenía que hacer. No es tan complicado, pero tiene que haber un sistema.

Antes comentaba que el 86% de los productos es guatemalteco.
Sí, básicamente todos los proveedores. Guatemalteco y centroamericano tenemos también. Cajitas de Costa Rica, pollo de Panamá, vasos que llegan de Honduras. Dentro del territorio centroamericano tenemos por lo menos el 90% del producto. Es muy poco lo que importamos, sólo lo que no hay en Centroamérica, fábricas que puedan abastecer los volúmenes que nosotros necesitamos; entonces tenemos que pedirlo a los Estados Unidos. Ese tipo de industria son millones de millones lo que tienen que invertir para poder darnos el precio de volumen, y no tienen ellos ese volumen: papeles; la papa frita, que es americana o canadiense, el queso es neozelandés. Puede ser porque aquí en Centroamérica no se pueden hacer esos volúmenes. La idea de McDonald’s es tratar de contribuir al progreso del país.

¿Cuánta gente trabaja hoy en McDonald’s Guatemala?
Sólo en Guatemala ya tenemos más de 3.000 personas trabajando para nosotros, también hay que contar a la gente de la agencia de publicidad, la planta de carne es nuestra… Cuando el presidente de McDonald’s vino aquí dijo que era la mejor carne del mundo que él había probado en McDonald’s, y que quería que esa mezcla se hiciera en Europa y todos lados porque él consideraba que era la mejor. Y esto me da mucho orgullo porque lo lleva mi hijo. Luego, en Honduras hay 300 o 400 personas y en Nicaragua otros 200 empleados.

Los últimos restaurantes que han abierto en Guatemala tienen arquitecturas muy llamativas, ¿no?
Son diferentes. Los nuevos restaurantes que hemos abierto tienen una arquitectura que sacaron ellos nueva para McDonald’s, y el primer país de Latinoamérica que lo hace es Guatemala. De hecho, en Honduras la remodelación de uno de ellos se cambió y se hizo acorde a este nuevo diseño. Esto se ha hecho sólo en Estados Unidos, unos pocos; fuera de ahí, hemos sido los primeros en hacerlo.

¿Se pueden hacer cambios o hay que atenerse estrictamente a lo que dice la corporación?
Nosotros podemos hacer cambios, a veces, adecuándolos al terreno. De hecho, los planos son todos de aquí. Nos los mandan pero nosotros los adecuamos; tenemos un equipo de gente de construcción, de arquitectura, de desarrollo. En ese sentido somos distintos a todos los demás McDonald’s, somos lo que ellos llaman “desarrollados”. Por ejemplo, para construir un restaurante tienen que venir de la corporación, dar el visto bueno al terreno, te mandan el plano, ellos tienen sus constructores, contratan gente en el país… Y todo se hace de acuerdo con ese tipo de reglamento, con excepción de Guatemala y Paraguay.


Ocurre que es una burocracia que se tarda bastante, y nosotros perdimos muy buenos terrenos porque pasaban tres meses hasta que daban la contestación.


Entonces, hace como cuatro o cinco años, hablando con ellos, vieron que trabajábamos bien y nos autorizaron y ahora lo hacemos todo nosotros. Y así es mucho más rápido; por eso hemos podido crecer como lo hemos hecho tan rápidamente en los últimos años… De hecho, la época de mayor expansión es la actual, desde el año pasado, por esta independencia.

Muchas hamburguesas

Una curiosidad. ¿En algún momento de apuro ha comido en Burguer King?
(Rotundamente). No.
¿Cuántas veces por semana come o ha comido en McDonalds?
Antes lo hacía todo el tiempo. Ahora trato de medirme, pero procuro no hacerlo, porque si entro en un McDonalds lo primero es un McFlurry, matador, son grasas, luego el BigMac, y las papas…
¿Cuántas hamburguesas ha podido comer a lo largo de su vida?
No tengo ni idea, han sido tantas. Tengo que confesar una cosa, a mí no me gustaban las hamburguesas, a mí me gustaban los hot dogs, y cuando salimos con McDonald’s, estaba cerca Pizza Vesubio, que es una delicia; pero ellos no crecieron, se quedaron ahí. Estaba cerca de McDonald’s y yo me iba a comprar mi pizza… Estaba este gringo, Willie, y me decía: “Tú no puedes comer esto, es de la competencia, aquí en medio de toda la gente”. Y yo respondía que a mí no me gustan las hamburguesas.

¿Y cuándo comenzó a aficionarse?
En un curso que fui a Canadá, el almuerzo del día era llevarte a un McDonald’s, ahí ya no te quedaba de otra. Me acuerdo que hacía un frío espantoso, y sabía que no tenía otro remedio que comer hamburguesa. Entonces pedí una BigMac y me encantó. Y ahí empecé a comer hamburguesas, pero sí que fue un poco forzado; yo por mi cuenta nunca lo hubiera comido.
Los hot dogs me gustan pero hechos en mi casa, no los de la calle, que es una salchicha con mostaza y ketchup, eso a mí no me gusta. Pero en la casa sí que me gusta al estilo latino, con aguacate y todo eso…

¿Dónde prefiere comer, en su casa, en restaurante gourmet o comida rápida?
Comida rápida sólo en McDonald’s (ríe). Realmente prefiero en mi casa o en un restaurante gourmet. A mí me gusta comer. En la casa puedo controlarme.

Me gustaría hablar de críticas que suele haber en el mundo en torno a McDonald’s. Hace unos dos años se estrenó “SuperSize Me” [una crítica a las fast food, y a McDonald’s en particular. Durante 30 días consecutivos, Spurlock, el productor y protagonista se alimentó a base de Cheeseburgers, Bic Macs y McNuggets, subsistiendo exclusivamente con productos del menú McDonald‘s]
¿Cómo se vio desde McDonald’s y desde su perspectiva personal?
De McDonald’s estaban muy asustados en Estados Unidos. Mi opinión personal es muy personal, ya me han dicho alguna vez que no la diga; pero es mi opinión. Lo ha hecho todo para hacer plata y lo hace todo sin suficientes pruebas.


Lo que dije una vez: sólo una persona que está mal de la cabeza puede comer un mes entero sólo BigMac… ¿Para qué lo estás haciendo? ¿Para demostrar que te vas a engordar? Es lógico, y él creyó que iba a hacer mucho más dinero con su película que lo que recaudó. Al principio fue un escándalo, pero después la gente se dio cuenta que no tiene una documentación precisa. ¿Que él le quiso hacer daño a McDonald’s? Claro que le quiso hacer daño. Estas cosas demuestran que somos líderes, pero a mí me pareció siempre desde el principio de lo más tonto. Aquí en Guatemala creo que dieron la película, pero no fue ningún “boom”. En Guatemala no le interesa a la gente mucho lo de la nutrición, y en Estados Unidos de repente dicen: “No coman carne asada porque da cáncer”. Alborotan todo y después pasa, se dan cuenta que son tonteras…


Son cosas que ellos hacen, creo, que como mercadeo, y en Estados Unidos sí que pareciera que la gente está mucho más consciente de la nutrición, la comida sana, etcétera, pero es donde más obesos hay, y eso no es la comida rápida, sino el sistema de comida que ellos tienen. Fíjate que no desayunan, un americano normal se toma una taza de café y se va al trabajo. ¿Cómo almuerzan? Parados se tragan la hamburguesa, o el hot dog o lo que vayan a comer, se toman dos litros de Coca Cola y se van al trabajo. En la noche sí comen mejor, esa no es manera de comer, es lógico que sean obesos.
Tú vas a Europa, y si te fijas apenas hay obesos; no ves gente con obesidad mórbida. Y si ves lo que come un español y lo que come un gringo, tú dirías: “El español debería ser una bola”, y no lo es. ¿Por qué? Porque desayunan tranquilamente, almuerzan un montón tranquilamente, duermen siesta, no están estresados pues, y cenan en la noche lo que tienen que cenar, y toman vino, chorizo, aceite de oliva… Todo lo que engorda… Estoy convencida que es el sistema de comida.

El esfuerzo de la cadena hacia menús más “light” en los últimos años, ¿viene provocado por tantas críticas hacia las “fast food”?
No sé si es por las críticas a las “fast food” o porque McDonald’s siempre se ha preocupado por la nutrición. El aceite que se utiliza para freír las papas es aceite vegetal, después lo cambiaron por uno animal porque era más sano, luego lo cambiaron al otro… Viven haciendo cambios en sus laboratorios siempre buscando lo más nutritivo y saludable para el cliente. Lógicamente te vas a engordar, ¿cómo no vas a engordar comiendo papas fritas? Por más que estén hechas con aceite vegetal, te vas a engordar lo mismo que si están hechas con el otro… Pero siempre se han preocupado mucho por la nutrición, de que sea comida sana y claro, eso forma parte de la calidad, que es muy importante.
En nuestro caso, por ejemplo, la carne de hamburguesa viene congelada, se mete al congelador y de ahí se pone en la plancha; no está en ningún momento al ambiente, que es donde se contaminan las cosas. Ellos siempre han estado preocupados por la salud de la gente.

McDonald’s está constantemente en el punto de mira de los movimientos antiglobalización. ¿Por qué cree que hay este concepto de McDonald’s como el objetivo?
Porque es el líder. Usted no va a ir a quemar la tía Pepita, que no la conoce nadie. Irá a quemar McDonald’s, que la conoce todo el mundo, además que es americano, y están contra los Estados Unidos. McDonald’s representa un objetivo muy sensible para este tipo de movimientos. Yo, por supuesto, con la edad que tengo estoy en contra de estos movimientos. Cada quien hace lo que quiere. Esta gente en vez de andar quemando McDonald’s o quemando lo que sea, ¿por qué no trabaja? Sería mucho más útil para la humanidad, para sus familias, para ellos mismos, para la comunidad donde ellos viven, que hicieran algo útil trabajando y ganándose la vida en lugar de andar perdiendo el tiempo quemando lugares.
En lo que sí estoy de acuerdo, y he visto manifestaciones sobre ello, es que no se permita el trabajo de los niños. Eso sí debe ser regularizado y prohibido.
Yo he visto manifestaciones, no en Guatemala, pero sí en otras partes, donde están en contra del trabajo de los niños.
Lo de McDonald’s, dentro de su Responsabilidad Social, no es hacer beneficencia, sino cómo te comportas tú hacia la sociedad. McDonald’s tiene los proveedores, los auditan cada año, incluso aquí en Guatemala, donde no puede trabajar ningún niño. Ninguna manufactura puede tener niños trabajando, incluso en la China que hacen tantos juguetes, no pueden tener niños trabajando si le van a hacer algo a McDonald’s. Y yo en eso estoy perfectamente de acuerdo.
Hablamos pues de responsabilidad social: ¿desde cuándo existe el McDía Feliz en Guatemala?
El primer McDía Feliz que tuvimos en Guatemala fue en el año 99. La idea surgió en Canadá hace muchos años. La idea me encantó, pero por aquel entonces sólo teníamos un restaurante y con uno sólo no se podía realizar. Un poquito diferente pero era más o menos lo mismo: llegaba el alcalde, los de la caballería montada del Canadá… En el año 99 ya teníamos más restaurantes y lo empezamos a hacer, con mucho éxito hasta hoy gracias a Dios.

¿Cómo salió en Guatemala?
Ese año cumplimos 25 años de estar en Guatemala, y le hicimos una donación a la Fundación Aldo Castañeda por los 25 años que cumplíamos, US$25.000, para la obra que estaba haciendo aquí. Y le dimos el cheque, pero yo después pensando, le dije: “En realidad es muy fácil hacerte un cheque, pero a mí me gustaría que la gente participara en esto y se diera cuenta de la labor que estás haciendo”, es un cirujano de corazón para niños de talla mundial, se retiró y vino a Guatemala. Se fue a meter aquí a la unidad de Unicar y no había lugar para niños, entonces él empezó y hoy hay un magnífico equipo e instalaciones. Han venido hasta niños del Ecuador a operarse aquí y nosotros los hemos tenido en la Casa de Ronald.
Le dije que me gustaría que los guatemaltecos supieran lo que estaba haciendo, porque aquí todo son siempre malas noticias, y que la gente sienta que está participando de alguna forma. No hacer simplemente un cheque, que es muy fácil. Le dije la idea y se le daba la donación. Llegamos al millón de dólares en tres o cuatro años…

Poco después la Casa de Ronald
Luego hicimos la Fundación Infantil Ronald McDonald aquí en Guatemala, con la idea de hacer la Casa de Ronald McDonald: un sueño que había tenido desde hace muchos años. Entonces ya no le podía dar todo porque la Casa de Ronald y todo ha salido de estos McDías felices… Se molestó, pero al mismo tiempo hemos ayudado a otras instituciones. Hace dos años que estamos ayudando a que les pongan los aparatos a niños sordos. También ayudamos a Help, una ONG estadounidense que trabaja en las tierras altas de Guatemala. Entre los programas que tienen hay unas jornadas médicas para niños; vienen a operar toda clase de cosas para gente de muy escasos recursos. Nosotros patrocinamos esa parte.

¿Y qué se hace desde la Casa de Ronald McDonald?
La nuestra es como la 260 en el mundo. Es un programa que da albergue a las familias de los niños que padecen especialmente cáncer u operaciones del corazón. Aquí también hemos llevado niños quemados. Niños que necesitan tratamiento y que no tienen dónde quedarse, entonces el hospital nos manda a los niños que vienen del interior. Hemos tenido niños de Honduras, Ecuador… Se abrió en julio de 2005.
Ya estamos trabajando en la segunda casa, ya tenemos el terreno, mi hija se está encargando de eso.

¿Piensan hacer esta misma labor social en Honduras y Nicaragua ahora que están también allí?
No por el momento, porque para poder mantener una Casa de Ronald se necesita mínimo tener 20 restaurantes. Ahora nosotros hemos hecho esto del McDía Feliz y la verdad es que de ahí sale todo.
Somos los únicos dueños operadores en Guatemala, de hecho somos los dueños operadores más grandes fuera de Estados Unidos, por ejemplo allí está el capítulo de California, entonces todos los dueños operadores de allí, los que sean, colaboran con una cantidad de sus ventas… Se necesita mucho dinero.

Acaba de recibir el XXII premio anual de la excelencia de McDonald’s precisamente por su trabajo a favor de la infancia. ¿Qué significa esto para usted?
Es una gran satisfacción. Y una sorpresa, porque yo nunca me imaginé que por hacer labor social le dieran a uno un premio. Yo lo hacía porque así lo sentía, no por un premio. Esto lo están haciendo desde el año 86, y yo ni siquiera sabía que existía, hasta este año que me llamaron porque me daban a mí el premio.
Soy la primera persona fuera de los Estados Unidos que lo recibe, el primer operador de McDonald’s de fuera que lo recibe. Estos son tres premios que ellos dan, siempre trabajando para niños: uno a una persona fuera del ámbito de McDonald’s, otro a un médico que haya hecho algo importante a favor de los niños y por último a alguien de McDonald’s. Entre las personas de fuera de McDonald’s se lo han dado a Nancy Reagan, a Bárbara Bush, a la reina Noor de Jordania… A Paul Newman el año pasado, que me lo podrían haber dado a mí el año pasado para coincidir (se ríe).
El premio son US$50.000, yo escogí para la donación a la Fundación Margarita Tejada, para niños con síndrome de Down.
¿Cómo ve a Guatemala en este momento?
Mire, es que la labor que ha hecho el Gobierno se ve muy poco. En mi opinión, muy personal, han hecho una gran labor en lo que son carreteras, caminos… Han cambiado muchas cosas que se necesitaban. Lógicamente en tres años no pueden hacerlo todo. Yo creo que han hecho una muy buena labor, pero no lo ve todo el mundo. Lo ve el indio que vive en la montaña y ahora le hicieron un camino para bajar.
El problema serio que tiene Guatemala es la gran violencia en que vivimos. Es una inestabilidad muy fuerte. Dicen que es a nivel mundial, pero como yo lo veo aquí pues lo digo de aquí. Y eso se debe a un descontrol de esta violencia. Este Gobierno ha logrado también que descienda y la gente tampoco lo toma mucho en cuenta.

Ha recibido muchos premios, parece una persona bastante querida en este país. ¿Alguna vez se le ha pasado por la cabeza saltar al ruedo de la política?
No, nunca en mi vida. No me gusta para nada la política. Me gusta enterarme, estoy enterada, leer y de todo, pero más no…

¿Alguna vez se le ha hecho difícil, por el simple hecho de ser mujer, trabajar en una cúpula empresarial que suele ser bastante machista en las altas esferas?
¡Ah, McDonald’s es machista total! No, pero me parece que ha sido al contrario, me ha facilitado las cosas.

¿Cuál considera que es la clave del éxito de su trabajo?
De nuestro trabajo, diría yo, ser honestos.

¿Cómo ve el panorama de la mujer emprendedora en Centroamérica?
Está avanzando mucho. De hecho, creo que Guatemala es el país más atrasado en este sentido. Yo acabo de estar en el I Congreso de Mujeres Empresarias de Guatemala y, por ejemplo, estaba la señora que se encarga de estos aspectos en Nicaragua y comentaba que ya hace tiempo está trabajando en ello.
Han hecho una labor fantástica en todas partes, y aquí en Guatemala está recién comenzando; pero ojalá continúen, porque sí creo que es muy necesario que a la mujer se le dé su lugar en la sociedad como empresaria, como profesional. Que no la vean sólo en casa cuidando hijos, porque está bien, yo también me dediqué a mis hijos y todo, pero la mujer también puede estar dentro de la vida laboral.

Muy personal

Usted es chilena, ¿cómo llegó a Guatemala?
Nací en Santiago de Chile, y mi padre llegó de embajador de Chile a Guatemala, esa fue la razón por la que yo vine. Justo hace 50 años, en el año 56. Al año y pico de estar aquí conocí al que después fue mi marido, y esa es la razón por la que me quedé.

¿Fue el primer destino de su padre como embajador?
Él estuvo en Japón unos años antes, pero después ya no quiso seguir con la carrera diplomática, porque en aquellos tiempos irse a Japón era como un mes de barco, una cosa terrible… Mi padre era almirante de la armada chilena, le habían nombrado embajador en Londres justo antes de la segunda guerra mundial, pero no fue porque la guerra se echaba encima, y después de muchos años le habló el presidente otra vez para venir a Guatemala.

¿Su padre volvió a Chile?
Cuando terminó su periodo, el nuevo presidente de Chile en ese tiempo le dijo que se quedara, que su hija se había casado aquí y que él quería que continuara. Mi papá renunció pero el nuevo presidente no se la quiso aceptar, aunque finalmente se volvió para Chile. Iba y venía a pasar temporadas, pero ya tenía la libertad de ir y venir.

¿Qué significa Chile para usted y qué significa Guatemala?
Creo que uno no elige donde nacer, tú naces donde está tu madre, pero sí puedes elegir el lugar donde vivir y yo he elegido Guatemala. Ahora, mis raíces son chilenas, yo sigo siendo chilena, mi pasaporte es chileno, tengo amistades, familia y todo, pero voy de paseo y luego me regreso a mi hogar, y mi vida, que es en Guatemala.

¿Cómo es un día normal en su vida?
Me levanto muy temprano, tres veces por semana voy al gimnasio a hacer pilates, luego llego, desayuno, me vengo a la oficina y me estoy toda la mañana aquí. En la tarde voy a jugar al bridge una tarde, otras a las compras de la casa… Las tardes las dedico para mí. Hay veces que tengo que venir en la tarde, porque el trabajo me lo demanda, pero no es muy habitual.

¿Y un fin de semana?
Lo que me encanta es irme al Puerto, pasarme el fin de semana en el mar me encanta, cada vez que puedo, me voy. Tengo una casita cerca del mar, en El Puerto de San José.

Varios de sus hijos trabajan con usted. ¿Lo de la sucesión ya está hablado? ¿Durante cuántos años piensa seguir al frente de la organización?
No sé cuánto tiempo más, pero ellos no tienen ningún plan de retirarse de McDonald’s, al contrario, Álvaro cada vez se mete más.

¿Qué le gustaría hacer antes de retirarse?
Yo no me voy a retirar (ríe). Si viene una enfermedad y no me queda más remedio… Pero retirarme así porque sí, no pienso, y de renunciar, tampoco.

¿Viene todos los días con los dos perritos?
Sí, todos los días. Se portan muy bien.

¿Cómo ha llevado durante todos estos años lo de conciliar el trabajo con la familia?
Fíjese que esto nunca ha sido para mí un problema. Tal vez levantarme un poco antes, estar más ocupada en el día; pero nunca lo he visto yo como un problema, sino más bien como una oportunidad, de superarme, de trabajar para dejarles un trabajo a mis hijos algún día, que ellos sepan hacerlo, no dejarles sólo una herencia monetaria que igual les puede durar un año o un mes.

¿Todos sus hijos están trabajando dentro de McDonald’s?
No, sólo tres de ellos. Una de mis hijas trabajó un tiempo conmigo, pero ahora ya no.

¿Cuáles son sus principales aficiones?
Tengo pocas, pero algo que hago desde hace muchos años como un “hobby” es pintar sobre porcelana. Me gusta leer, me gusta mucho viajar, conocer otras culturas, otros países… Y en la lectura me gusta mucho la biografía, la historia… Juego bridge; en fin, no puedo estar sentada una hora frente a un televisor, sencillamente no hay nada que me capte.

Acaba de comentar que viajar es una de sus aficiones. ¿Cuáles son sus lugares favoritos?
Me encanta Europa. Últimamente he estado haciendo cruceros. Ya le di la vuelta al mundo y ahora se la voy a dar de nuevo.
Me encanta el mar, viajar en barco es muy cómodo porque no tienes que andar por los aeropuertos, maletas, y toda esa parte desagradable de los viajes. Me gusta mucho conocer. Como ciudad, me quedo con París.´


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