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El caso del ejecutivo descarrilado
Abril 3, 2007, 05:04


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¿Conoce usted a algún colega muy brillante, quizá técnicamente el mejor de todos, cuya carrera quedó estancada o lo despidieron? Este podría ser otro caso del ejecutivo descarrilado, un síndrome en la carrera de las personas que ya ha sido investigado con precisión en diversos países. Cinco razones parecen causar este desastre personal: malas relaciones interpersonales, falta de resultados y desempeño, incapacidad para conformar y dirigir a un equipo, inflexibilidad en una crisis y orientación técnica demasiado especializada.


La incapacidad para establecer buenas relaciones con la gente en el trabajo es el primer síntoma, pues algunos ejecutivos descarrilados son rápidamente percibidos como manipuladores, autoritarios, individualistas, egoístas y ambiciosos sin escrúpulos. La gente alrededor suyo en el trabajo empieza por tomarles distancia, poco a poco son objeto de comentarios y se forma un bloque que habla mal de ellos; les hacen burlas a sus espaldas, justifican pequeñas agresiones y sarcasmos, sus subordinados les hacen resistencia pasiva y, cuando piden el apoyo que creen merecer, éste se desvanece en el aire de la indiferencia. Todo esto les genera a la vez indignación y arrogancia, pero el deterioro de sus relaciones personales en el trabajo les lleva a encerrase más, a no confiar en nadie, a dar todas las batallas solos contra el mundo y a sentirse traicionados por la falta de colaboración que ellos mismos se crearon.


Por otra parte, muchos ejecutivos descarrilados fueron excesivamente ambiciosos y prometieron resultados que nunca llegaron: les faltó trabajar más duro, o no tuvieron apoyo de sus colegas, ni les dieron seguimiento a los programas y proyectos y, al final, contra todas sus expectativas, el desempeño fue mediocre. A veces porque aceptan trabajos que no les gustan o en los que no creen, a veces porque calculan que todos van a tener los mismos resultados que sólo ellos individualmente obtienen.


La falla en crear y consolidar a un equipo tiene varias dimensiones. Una es la incapacidad de nombrar a alguien demasiado competente; temen que alguien los suplante y se rodean de mediocres que les son incondicionalmente fieles. Otra es que aunque hacen muy bien su trabajo, no pueden guiar a otros para que hagan lo mismo, no son gregarios ni les importa el desempeño de los demás, carecen de carisma y liderazgo. A veces tienen problemas en manejar subordinados, bien porque le tienen temor a ejercer el poder o porque lo ejercen con arrogancia y mano dura. Dirigen a las personas uno por uno, temen crear un grupo autónomo. Frecuentemente se equivocan en los nombramientos, son malos jueces del potencial de las personas o los nombran por su amistad (lealtad) o por razones que no tienen que ver con el desempeño de su función.


La incapacidad para adaptarse con flexibilidad durante una crisis es otra razón del descarrilamiento. Algunas personas tienen grandes dificultades para relacionarse con sus jefes y en especial cuando la situación o el jefe cambian drásticamente. Otros pasan demasiado tiempo en darse cuenta que las cosas tienen que cambiar; que es urgente un cambio, pues lo que antes funcionaba ya no sirve. En otros casos las grandes diferencias sobre la manera de salir de la crisis dejan a una persona por fuera de la solución.


Finalmente, los ejecutivos se descarrilan cuando insisten en una carrera especializada, técnica; aborrecen “administrar” y resisten cambiar su orientación y su responsabilidad hacia un trabajo más global. Han superado la fase “técnica” inicial de la carrera, cuando se espera de la gente desempeño en la especialidad que estudiaron (como ingeniería), pero no logran pasar a posiciones más gerenciales, que implican habilidades administrativas y una perspectiva más integral sobre la organización.


La ayuda de un “entrenador de carrera” (coach) puede ser muy útil. Ellos están descarrilados pero no son descarriados. Al contrario, suelen tener mucho interés por el trabajo. Todo el mundo tiene algún tropiezo en la vida: un trabajo que no funcionó, una mala relación y reacción…
Quienes lo superan y funcionan bien en su siguiente trabajo poseen una capacidad esencial en la vida: aprender de sus errores y tropiezos.´


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