América Central se vuelve más digital

4 julio, 2019
in Category: Finanzas
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América Central se vuelve más digital

América Central se vuelve más digital

En 2019, el volumen de facturas electrónicas podría alcanzar al menos 55.000 millones en todo el mundo, según la firma consultora global billentis, y la región no es ajena al movimiento.
POR Carolina Barrantes @Caro_Summa

Comprar la comida de la semana en un supermercado o pagar una cita médica y recibir a cambio las facturas en el correo electrónico en lugar de papeles físicos, como ha sido la tradición, se encamina a convertirse en la norma en América Central. Guatemala, Honduras y Costa Rica ya hicieron obligatoria su aplicación, mientras los demás avanzan, a paso sostenido, en esa dirección.

Los guatemaltecos fueron los primeros en hacer obligatorio el uso de las e-facturas en 2012, aunque su travesía en el campo inició desde 2007, cuando empezaron a implementar los primeros modelos. Actualmente, están migrando hacia el Régimen de Factura Electrónica en Línea, denominado FEL, que com- prende la emisión, transmisión, certificación y conservación de las facturas, notas de crédito y débito, recibos y otros documentos autorizados.

El sistema anterior, conocido como FACE, contaba hasta agosto pasado con unos 18.670 contribuyentes emisores, quienes pueden continuar en él hasta que la administración tributaria les solicite migrar al nuevo.

Costa Rica arrancó en 2018, con una obligatoriedad paulatina por sectores económicos. El Ministerio de Hacienda debe validar los comprobantes electrónicos uno a uno y ya tramita un promedio mensual de seis millones de facturas, según datos a agosto de 2018.

Esta nación se encuentra “entre los líderes” en el tema por el porcentaje de avance que ha logrado en cuanto a la adopción del modelo a nivel general. Esto es gracias a que la entidad tributaria toma muchas de las mejores prácticas vistas en los países más desarrollados, dicen Juan Miguel Tirado, CMO de Go- socket Corporation, y Sergio Chaverri, socio director de esa misma firma.

El Salvador y Panamá trabajan en planes pilotos. En agosto del año pasado, el Ministerio de Hacienda salvadoreño inició una prueba en la que participan más de 10 compañías y ya el gobierno anunció que está listo para implementar el sistema a nivel nacional, luego de que la Asamblea Legislativa aprobó un préstamo de US$30 millones otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para ese objetivo.

La nación canalera, por su parte, ejecuta un proyecto que cubre a 43 empresas, el cual se extenderá por seis meses; luego su adopción será masiva, aunque de for- ma voluntaria, según la Dirección General de Ingresos (DGI). Se espera que ese nuevo sistema genere un ahorro de hasta US$400 millones anuales al sector empresarial por concepto de la compra y mantenimiento de equipos, impresión y almacenamiento de facturas. El avance hecho es importante ya que está migrando de un modelo donde se utilizaban “impresoras fiscales” al de facturación totalmente electrónica. Honduras y Nicaragua son dos casos especiales. Ninguno emplea facturas electrónicas, sin embargo, los hondureños ya cuentan con una normativa para ejecutarla.

¿Qué es la factura eléctronica?

Es un documento que registra operaciones comerciales de una entidad en forma electrónica, cumpliendo con los principios de autenticidad, integridad y legibilidad en todas las situaciones que aplique y ante todos los actores del proceso, en los ámbitos comercial, civil, financiero, logístico y tributario.

En el mundo, su uso registra tasas de crecimiento anual de entre 10% y 20%.

Mitos y realidades

  • Los gobierno no la están promoviendo como medida ecológica, la misma ayuda, pero el principal beneficio es mejorar el cobro de impuestos.
  • Al brindarla, la persona o el comercio no facilita más información al ente tributario, es decir no lo van a controlar más. La medida permite tener información más realista del contribuyente.
  • No implica un costo extra, ya que en los países existen tanto plataformas gratuitas como pagas para emitir la factura.
  • No son un invento de los entes tributarios en la región, es una tendencia global. Demanda una curva de aprendizaje, por lo que los contribuyentes tienen tiempo para adaptarse a su aplicación.
  • No violentan los códigos legales de los países.

 

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